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CÉSAR MARI: SI SE LA VE DESDE EL ASISTENCIALISMO, "ESTAMOS MUERTOS"
El nudo de la granja es el agronegocio

POR RAÚL PONCE DE LEÓN | rponce@seragro.com.uy

La granja nacional estuvo en la consideración pública durante gran parte de 2007. Sus productos fueron señalados, muchas veces, por incidir negativamente en la evolución de los precios internos y de ser "los villanos" que forzaban la inflación a los dos dígitos.

No exento de ironía, un prestigioso economista se refería al "efecto morrón" como determinante coyuntural del aumento de los precios internos.

Lo cierto fue que un clima muy duro afectó los volúmenes de producción y, por lo tanto, llevó algunos precios de la canasta granjera a niveles pocas veces vistos.

Para profundizar el conocimiento de la situación del sector, El País Agropecuario dialogó con el Ing. Agr. César Mari, asesor privado en horticultura protegida y de campo, productor hortícola y ex presidente de la Junta Nacional de la Granja (JUNAGRA) en 2003 y 2004.

¿Cómo se vivió en el sector granjero el año que terminó?

–El 2007 fue un año muy, muy, muy particular, que estuvo signado por las variables climáticas que vivimos. Al comienzo del 2007 salimos de una seca bastante pronunciada y pasamos a un exceso de agua prácticamente de un momento para el otro.

Los primeros meses del año se caracterizaron por mucha lluvia y eso perjudicó enormemente a todo el sector granjero, tanto el del Norte como el del Sur.

Después nos encontramos con un invierno que fue el peor desde 1955, no sólo en la duración de las heladas sino en la intensidad y la cantidad de heladas –fueron registros realmente históricos–, y eso motivó una escasez de productos granjeros, no sólo en Uruguay sino también en la región.

Hay que recordar que también en Argentina los noticieros se hicieron cargo del tema –el tomate, el morrón– dejando incluso de lado otras informaciones, y eso nos da la pauta de que regionalmente la producción fue afectada.

Y bueno, Uruguay no escapó a eso. El Norte fue muy perjudicado por el frío y eso se vio reflejado en los niveles históricos de precios de esos productos –sobre todo tomate y morrón– durante agosto, setiembre y octubre. Después del 15 de noviembre los precios se empezaron a normalizar.

Quedan otros rubros cuyos precios permanecen aún muy altos, como el de la papa.

–Claro, porque la producción de papas también se vio afectada regionalmente. En la primera cosecha, por el exceso de agua, se echó a perder prácticamente la producción de lo que se llama cosecha de otoño, y luego también hubo un perjuicio en lo que es la cosecha de primavera, incluso hubo gente que quedó sin semillas. Evidentemente, el rubro hortícola y gran parte de los sectores citrícola y frutícola se vieron afectados.

En la citricultura, el clima afectó las exportaciones –cosa de la que no se habla mucho–, sobre todo de los citrus tardíos. En el caso de la naranja Valencia, los consumidores deben ver que no tiene buena calidad, que está seca antes de tiempo.

La cola de esto se va a ver reflejada en la próxima cosecha, en este 2008, porque la producción citrícola va a tener una caída muy importante. Va a haber muy poca oferta de citrus, incluso para el mercado interno.

¿Por caída del volumen o por calidad de la producción?

–Por volumen de producción. Hay mucha preocupación a nivel de los citricultores, porque los citrus que fueron seriamente afectados por las heladas del 2007 van a bajar seguramente 50, 60% su producción en este año.

¿Cómo se ubica la producción granjera en un sector agropecuario floreciente?

–Siempre he sostenido que la hortifruticultura, la granja nacional, es la hermana pobre de la agricultura. Para la granja nunca se han podido determinar políticas de Estado, salvo algunas medidas, como el Fondo de Reconversión y Fomento Granjero, abocado al abatimiento del endeudamiento del sector. No ha habido políticas para el desarrollo granjero de este país.

De la granja en su conjunto se acuerdan cuando hay escasez de productos y cuando esos productos afectan la canasta familiar.

Nadie se preocupa ahora de lo poco que recibe el productor por el precio del tomate que vende, que es menos de un peso por kilo.

No hay una política granjera, no hay una política agroindustrial vinculada al sector, no hay una política que fomente la exportación, no hay planificación, no hay un sistema de normas de calidad, tipificación de envases, articulación de centrales de servicios, como forma de apoyar al pequeño productor, que rápidamente está desapareciendo de nuestro sector granjero.

Se está generando una concentración de la producción en pocas empresas y eso es muy grave, porque se desconoce, o por lo menos no se le da la importancia que tiene desde el punto de vista socioeconómico, a la granja nacional.

¿Cómo reacciona la sociedad ante la oferta de frutas y verduras? ¿Hay un mejor perfil consumidor?

–Es otro tema muy importante a considerar.

Tengo la percepción de que hay una menor demanda de frutas y verduras desde el punto de vista del consumo en fresco.

Nuestra población, en general y sobre todo la de Montevideo, está cambiando o ha cambiado sus hábitos alimenticios.

Si uno analiza, generalmente los horarios de la gente que predominan en las grandes ciudades son de 9 a 15 horas. Esto provoca que nadie vaya a su casa a comer. Los supermercados han achicado el área de venta de frutas y verduras, y agrandado el área de rotisería. La gente consume comidas preparadas, va a restoranes, va a lugares de comidas rápidas. Este tipo de hábitos hacen que el consumo de hortalizas en fresco se vea disminuido.

Yo creo que el aumento de la demanda no pasa por la mejora en los ingresos de la población, sino por los hábitos de alimentación.

En definitiva, se genera un descenso en el consumo y estamos viendo con mucha preocupación, incluso para este año, que el área de invernaderos, de cultivos protegidos en general, va a crecer 20% en el Norte, lo que implica que en un año normal la oferta también se va a incrementar por lo menos en 20%.

¿Cómo se afectará la rentabilidad del sector si no se aumenta la demanda?

–Ya en 2006, que fue un año de cosecha normal, existieron problemas, porque tuvimos que vender por debajo de nuestros costos. Hemos tenido un incremento en los costos por la energía, el combustible, etc. Los fertilizantes, desde 2006 hasta la fecha, subieron 105% en dólares.

En promedio, creo que los costos están 45, 47% por encima de 2006. Y nuestros productos son oferta y demanda. Si tenemos una sobreoferta, evidentemente vamos a tener problemas graves de precios, porque no se ve un aumento significativo de la demanda.

¿Cómo ve el tema de la integración en el Mercosur? ¿Está funcionando la puerta vaivén en el tema granjero?

–El tema Mercosur, como tal, no existe. La región se comporta en forma muy similar. Cuando hay escasez de productos en Argentina y Brasil, como se dio en el 2007, también la hay en Uruguay.

Pero si acá hay un ligero desvío al alza de los precios, el gobierno –que apunta muy bien, porque es muy claro que son muchos menos los votantes de la granja que los votantes de las grandes ciudades- apuesta a que la canasta familiar se abarate para el ciudadano común. Entonces –ya pasó este año–, en la medida en que se pueda importar, se va a importar para bajar los precios al sector granjero.

¿Percibe hoy al productor con más aptitud para agremiarse, para asociarse y trabajar en conjunto, dejando de lado la individualidad tan característica del productor agropecuario?

–El productor se va a asociar, se va a agremiar, en tanto y en cuanto vea el negocio. El productor, cuando ve el negocio, no tiene problema en asociarse. El tema es poder mostrarle el negocio y ahí es cuando yo hablo de políticas de Estado, ahí tiene que generarse un esfuerzo conjunto entre el sector privado y el sector público.

El productor está muy acostumbrado al mercado interno y está preparado para competir en el mercado interno. No está preparado para planificar y exportar, es muy difícil cuando se piensa en exportar sólo la producción que nos sobra.

Tenemos que pensar en planificar para exportar, con cultivos específicos, de una variedad específica, para un mercado específico que se haya investigado de antemano. Eso es inteligencia de mercado.

Se están haciendo algunos intentos, pero para mí son insuficientes. Ahí es donde realmente se precisa la presencia estatal, para desarrollar una política exportadora para la granja.

¿Cómo analiza experiencias como la de la cebolla dulce, hace ya algunos años, un caso en que Uruguay intentó generar una corriente exportadora?

–Es un tema a retomar. Cuando pienso en internacionalizar la granja, en exportaciones –incluso al Hemisferio Norte–, estoy pensando, justamente, en cultivos hortícolas de bulbo seco, como la cebolla.

En la experiencia de la cebolla dulce hubo mucho de voluntad y muy poco de conocimiento. El voluntarismo perjudicó gravemente las buenas intenciones que había en la exportación de cebolla dulce. La idea era buena, no se procesó bien, se trabajó mal desde el principio, porque ni siquiera se puso a punto una variedad que tuviera buen comportamiento en Uruguay y que tuviera muy buena aceptación en los mercados internacionales.

Las cosas se hicieron con muy buena voluntad, pero muy mal desde los puntos de vista comercial y productivo. Eso llevó a un fracaso que quedó muy marcado en la retina y en los bolsillos de los productores.

Creo que es un tema a retomar porque sobre cebolla dulce ahora se sabe bastante más. Aparecieron variedades bastante interesantes para trabajar acá. Estamos en un proyecto, en el Norte del país, aún incipiente, sobre la proyección de cebolla dulce para el Hemisferio Norte. Puede ser un rubro donde la granja se empiece a internacionalizar -con este tipo de cultivos de campo, estacionales, con buena calidad- y logre la colocación en contraestación en el Hemisferio Norte.

¿Hay sustitución generacional en la granja?

–Se ven marcadas diferencias entre el Sur y el Norte. En el Sur hay, claramente, un envejecimiento paulatino pero sostenido de los granjeros, prácticamente no quedan jóvenes. El promedio de edad es de 55 años. Es un tema vinculado a la cercanía de las grandes ciudades, a otro tipo de ocupaciones y a la falta de expectativas dentro del sector. En el Norte sí se ve un cambio generacional. Hay terceras y cuartas generaciones que se están desarrollando y afincando. Esta tendencia va a depender del resultado de las expectativas que se generen. Si no se logra que esa granja sea sustentable, vamos a tener el mismo resultado del Sur.

Sería buena una repoblación de gente de sangre nueva, de gente joven, pero para eso tenemos que mostrarles el negocio. Aquí, como dicen en Brasil, el nudo de la cuestión es el agronegocio. Si desde el agronegocio planificamos, fantástico. Si, en cambio, vemos la granja desde el asistencialismo, estamos muertos.

¿Cómo ve al INIA en la generación de nuevas tecnologías para la granja?

–El INIA, en general, venía haciendo algunos progresos interesantes. Pero creo que el INIA va a sufrir un proceso de enlentecimiento en la investigación y de cambio de rumbo en la investigación de acuerdo a la nueva normativa, a las nuevas órdenes que han venido desde el gobierno, porque se está haciendo énfasis en la agricultura familiar.

Creo que una institución nacional de investigación, como es el INIA, se tiene que abocar a la investigación de punta y no hacia la agricultura de subsistencia. La agricultura de subsistencia tiene que tener sus nichos, tiene que tener sus instrumentos, pero no podemos volver a investigar para 10 hectáreas de caña de azúcar o para ver si criamos pollos de campo o si hacemos la granja con la parte de cerdos, etc. Eso se tiene que hacer con otro instrumento, desde otra rama, con otro impulso desde el gobierno, pero no desde el INIA, que tiene que marcar la punta en la investigación para la proyección agropecuaria de este país.

Además, hay que tener en cuenta la velocidad con que avanza el mundo a nivel de la investigación. En la citricultura, por ejemplo, hay 40 o 45 variedades que ya se están plantando comercialmente en Sudáfrica, que de pronto van a desplazar a algunas variedades citrícolas que tiene el país. Y eso que la citricultura del Uruguay va en punta.

Esta situación del INIA me preocupa realmente, porque me parece que se está frenando la investigación del país. Lo peor que le puede pasar a cualquier país, que además basa su economía en el sector primario, es abandonar o enlentecer la investigación de punta. Me parece sumamente peligroso.



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