Entrevista de Pablo Jiménez y Nicolás Lussich | Texto de Nicolás Lussich
"En la orientación agrícola-ganadera, están contratando estudiantes que aún no terminaron los estudios y a los profesores les piden recomendaciones", enfatizó el decano. El fenómeno ilustra la nueva dinámica del agro, que requiere más profesionales para su crecimiento. En su visión, buena parte de la mayor demanda de profesionales proviene de firmas internacionales: "Son empresas con grandes niveles de inversión, cuyo negocio tiene que cumplir con normas que no se exigen aquí en Uruguay, sino que las exige el mercado internacional, requerimientos de las cadenas de certificación, que hay que cumplir para poder vender".
Aclaró que, "además de jóvenes egresados, también hay una demanda de alto nivel, de expertos". Aquí es donde la Facultad tiene problemas para integrar sus propios equipos. "La gente de buen nivel es muy buscada y no somos competitivos con la remuneración. Muchos buenos científicos y técnicos terminan en el sector privado, aunque algunos mantienen el vínculo, con algunas pocas horas docentes", agregó.
Desafío y oportunidad
El actual boom agropecuario implica "un enorme desafío y una oportunidad", dijo el Ing. García. Cree que no sirve más que la Universidad dé respuestas al desarrollo desde facultades aisladas: "Agronomía sola no alcanza, ni de lejos, para dar las respuestas que se necesitarán dentro de 5 y 10 años. Tampoco alcanza Agronomía más Veterinaria. Para mí, hay que alinear todo lo que es ciencia y tecnología en la Universidad, incluyendo Agronomía y Veterinaria, hacia un país pensado en cadenas y en productos".
Para el decano esto implica una revisión crítica de lo actuado por la propia Facultad:
"Históricamente, hemos tenido una formación muy centrada en ‘el plato de la casa’, esto es, aumentar la producción porteras adentro, hacerla eficiente y con alta relación beneficio/costo.
En la formación de los agrónomos hay un énfasis en la conservación de los recursos, pero siempre bajo un enfoque predial. Hoy la demanda es otra: se necesitan productos trazables, que demuestren que se cumplen determinados requisitos. ¿Cómo se fabricó? ¿Cuál es el balance de gases con efecto invernadero? ¿Cuál es el impacto de los agroquímicos que usa? Todo esto va a avanzar y puede operar como barrera no arancelaria.
El desafío es estar preparados. Mantener ‘el plato de la casa’ en el menú, como siempre, en cuanto a producción, productividad y eficiencia del sistema, pero también preocuparnos para que el sistema de producción sea sustentable ambiental y socialmente, porque es lo correcto y porque, de lo contrario, no colocamos el producto."
En consecuencia, García reafirmó la necesidad de un enfoque interdisciplinario: "La agronomía actual no alcanza. Los proyectos de investigación, que son muchos, son cada vez más interdisciplinarios, con gente de Química, Ingeniería, Ciencias y hasta Arquitectura. Estas facultades constituyen el área científica y tecnológica de la Universidad, junto con Agronomía y Veterinaria. Y tenemos que desarrollar coordinaciones, sin llegar a una independencia administrativa. No voy a hablar por las otras facultades, pero me parece que el área científico-tecnológica es el sustento del trabajo de la Universidad para ‘el País Productivo’. En esta área hay una lógica común, con alta dedicación de los docentes, con posgrados."
El Pedeagro
Durante muchos años, para los agrónomos hacer un posgrado implicaba estudiar en el exterior, pues la Facultad no los ofrecía. Ante esta importante carencia, la Facultad lanzó en 2004 su Programa de Posgrados, con una Maestría en Ciencias Agrarias, que tuvo en las últimas semanas su primer egresado.
Para el decano de Agronomía hablar de posgrados y de desarrollo de la investigación es la misma cosa y con ese enfoque se iniciaron contactos con el INIA para lograr su participación en los citados posgrados.
"Estábamos orejeando las cartas, cuando desde el Poder Ejecutivo ‘nos echaron la falta’: dentro de la Agencia Nacional para la Innovación, en los programas de desarrollo de Recursos Humanos la prioridad es lo agropecuario y agroindustrial. Entonces, convocaron al rector, a los decanos de Agronomía y Veterinaria, al INIA y al LATU, y nos dijeron que se debe ampliar a otras instituciones, porque las ciencias básicas tienen que participar", relató García.
Y continuó: "Entonces concluimos que hay que armar un Pedeciba agropecuario y agroindustrial. Usar ese modelo exitoso, que permitió dar un salto importante en ciencias básicas, adaptándolo para los posgrados agroindustriales". El nombre propuesto es Pedeagro (Programa de Desarrollo de las Ciencias Agropecuarias y Agroindustriales).
"Estamos pensando esto para estudiantes de cualquier perfil, no solo de Agronomía. Es la expresión de que Agronomía sola no alcanza. Podrían ser licenciados de la Facultad de Ciencias, por ejemplo, con formación básica en ciertas disciplinas que luego se aplican en proyectos de investigación tecnológica", ejemplificó. Para García, "en el futuro los posgrados de Facultad se van a integrar al Pedeagro".
–¿Cómo se financiará el Pedeagro?
–Se firmó un préstamo con el Banco Mundial (BM), para el desarrollo de la Agencia de la Innovación y debería financiarse por esa vía. Para formular el proyecto se hizo un llamado a consultoría y se presentaron tres grupos, todos formados por docentes de Facultad y otras instituciones. Es una consultoría de U$S 25.000 que formulará el proyecto para presentarlo al BM. La idea es que esté pronto este año, para que comience a funcionar en 2008.
–¿Cómo se vincularía el INIA al Pedeagro?
–Nuestro planteo inicial era que el INIA participara, porque tiene una fuerza de trabajo calificada y motivada. Y ellos van a empezar a exigir un mínimo de formación para trabajar allí. Por eso los posgrados.
–El INIA siempre promovió que sus investigadores hagan posgrados y, en su mayoría, han ido al exterior.
–Claro, pero esto puede llegar a mucha más gente y es mucho más barato, y puede generar investigación local. Porque cuando va gente a investigar en una universidad extranjera, obtiene una muy buena formación pero trabaja en problemas de otros. En cambio, si se trata de proyectos locales, son problemas prioritarios. Es mi caso: si nosotros hemos logrado hacer algún aporte en siembra directa, fue porque estudiamos el sistema de producción aquí, con la rotación cultivo-pastura y el sistema agrícola-ganadero, que no existe en otras partes del mundo. Y allí trabajaron la EEMAC, otras áreas de la Facultad, el INIA, etc.
Ampliar la base
El decano también impulsa una ampliación del acceso a la educación superior, con la mayor equidad geográfica. "Tenemos un acuerdo con la ex UTU (Consejo de Educación Técnico Profesional –CETP–). La utopía es que una persona que haga una tecnicatura en una escuela agraria en Artigas pueda llegar a un doctorado. Esto es: que los títulos que da la ex UTU no sean terminales", explicó.
Como muestra de esa voluntad de apertura, este mes comenzará a dictarse el bachillerato técnico agrario en el predio de la Facultad en Sayago. El cuerpo docente es del CETP, y las prácticas y pasantías tendrán la colaboración de la Facultad. "Hasta ahora no había bachillerato técnico agrario en la zona metropolitana", dijo García.
El decano se mostró crítico con la experiencia de la Regional Norte de la Universidad. "Lo que estamos haciendo en Salto es una vergüenza, ¡se repiten las mismas carreras!", expresó García, para quien la Universidad emite señales equívocas: "En el último año, 54% del ingreso a bachillerato es a humanístico, mientras a la informática le falta gente".
Es en Salto donde prevé más avances en el ciclo común CETP-Universidad. Allá las pasantías del bachillerato técnico agrario del CETP se realizan en la estación de San Antonio de la Facultad, ubicada a pocos quilómetros de la capital departamental.
Para el decano de Agronomía, los cambios previstos en posgrados y en la base de ingreso condicionan el propio plan de estudios de la Facultad: "Capaz que decidimos una licenciatura forestal de cuatro años y con eso alcanza, si luego tengo posgrados. Lo mismo puedo pensar para producción vegetal intensiva, en una opción que no incluiría las materias de producción animal".
Abrir el paquete
-¿Cómo enfoca la Facultad el tema de la biotecnología?
–Los investigadores tienen la libertad de trabajar en lo que quieran –respondió García–. Llegar a un transgénico comercial no está en las líneas de trabajo de la Facultad, pero sí hay trabajos en genética molecular para identificar genes, por ejemplo los que explican la resistencia genética de la cebada a una enfermedad. Así, se apoyan los programas de mejoramiento genético y mejora su eficiencia. También se trabaja en reproducción vegetativa, clonación, en estrecha colaboración con el INIA y la Facultad de Ciencias. Y hay avances en el área animal, donde el rol de la medicina veterinaria es clave.
La justificación política del nuevo decreto (que establece una moratoria de 18 meses para el ingreso de nuevos transgénicos) es el principio de precaución: no avancemos sin definir bien qué queremos. Pero es evidente que la introducción de maíz con gen Bt ahorra insecticida. (…). Hay un problema: no creo que la capacidad de fiscalización del país pueda controlar algo, si es exitoso. No pudo Brasil.
Me parece que nunca vamos a poder competir, como país, con las transnacionales. Pero tenemos la obligación de ‘abrir los paquetes’ y entenderlos, esto es, investigar sobre los transgénicos disponibles. Formar gente para entender y analizar estas cosas es lo mínimo a lo que podemos aspirar, y esas capacidades las vamos teniendo, sobre todo en integración con la región.
–¿Cómo evalúa el avance en siembra directa y el rol del evento RR?
–Al abandonar el laboreo, hay todo para ganar en conservación de suelo –consumo de energía, calidad ambiental, etc.–. El evento RR (gen de resistencia a glifosato) está en todas las variedades de soja, porque si no el cultivo es inviable. Pero si el glifosato se usa en exceso, hay una presión sobre el sistema que es el mejor camino para que el ecosistema reaccione y aparezcan "escapes", como malezas que antes no eran malezas, y variantes genéticas que lo resisten o lo toleran. Esto más allá de que el glifosato debe ser el herbicida donde se ha tardado más en registrar especies resistentes a él.
(…) Un transgénico RR que entra dos veces en cinco años de rotación es una cosa. Pero si entra todos los años… el riesgo es que empiece a perder vigencia la herramienta, el ‘arado’ de la siembra directa, que es el glifosato. Es por proteger al glifosato que le tengo miedo a sistemas con alta participación de cultivos transgénicos con resistencia a glifosato. Desde luego, el glifosato será superado por otros productos a futuro, pero por ahora es lo que tenemos y es barato.
DOCTORADO EN IOWA
Datos personales
Fernando García Préchac asumió como decano en mayo de 2006. Tiene 59 años y egresó de la Facultad en 1974. En 1991 obtuvo su doctorado en Manejo de Suelos en la Iowa State University. Es profesor titular de Manejo y Conservación de Suelos y Aguas de la Facultad.
Autor de numerosos libros y artículos científicos en su especialidad, se ha desempeñado como consultor de empresas privadas y organismos internacionales, y como evaluador de proyectos de investigación, en Uruguay y en el exterior. Por ejemplo, es miembro del Comité de Selección de Proyectos de Investigación Fundamental en el Instituto Clemente Estable.
"LA GENTE SE VA…"
La Facultad, el INIA y los sueldos
"Los salarios en la Universidad mejoraron porque mejoró la asignación presupuestal del gobierno. Este año hubo un aumento de casi 8% y, con algunas reasignaciones, se generó un aumento de 12% para los docentes y algo más para los funcionarios. Es recuperación salarial", afirmó el decano de Agronomía.
Agregó que, si se compara con el INIA, "una persona de igual calificación estaba ganando el año pasado, en Facultad, la cuarta parte de lo que gana en el INIA. Un sueldo de ingreso en el INIA en 2006 –de $ 18.000 a $ 20.000– era equivalente a lo que gana un grado 3, con 40 horas, que es un profesor. En Facultad, un ayudante, con 40 horas, gana $ 8.000. Y lo que sucede es que la gente se va…".