Dado que la zona agrícola es, al mismo tiempo, en la
que inverna la mayor cantidad de ganados jóvenes, el
cambio de orientación que se realiza en muchos
establecimientos –reduciendo dotación, arando o
quemando pasturas para destinar las chacras a
cultivos de soja- tendrá repercusiones en la estructura
y el funcionamiento del mercado ganadero.
Algunos técnicos experimentados han señalado los
riesgos que este proceso puede acarrear.
El Ing. Roberto Cardellino, en comentarios realizados a
El País Agropecuario, prevé que pueda producirse una
retracción en la demanda de terneros para invernar, en
la medida en que se reduzca el área de pasturas en
los establecimientos invernadores.
Esto ya se refleja en el precio de los terneros chicos:
"Parecería que se prefiere un animal ya recriado, o
más grande, porque no va a ir a las praderas. Si esta
tendencia se consolida, iríamos hacia invernadas más
extensivas, con todo lo que esto significa: se
acentuaría más la postzafra, faltarían los ganados de
avena o de pradera en el pico del invierno, se alargaría
la edad de faena. Si la demanda por reposición pasa a
ser por animales ya recriados, sobrarían los terneros y
bajarían los precios, en la medida en que en Argentina
valgan menos que acá, como sucede ahora", agregó.
En la misma línea, en declaraciones radiales, el Ing.
Pablo Carrasco –quien codirige una empresa que
maneja ganados de invernada en sistemas de
capitalización– destaca que faltan establecimientos
para engordar, que ya se nota el desinterés de los
tenedores de buenos campos en invernar, porque
prefieren ceder las chacras a los plantadores de soja.
Otros técnicos, como el Ing. Joaquín Ponce de León
–reconocido especialista agrícola radicado en
Soriano–, no confirman la gravedad ni la generalidad
que tendría el proceso, aunque él reconoce su
existencia.
Cuidado con los booms
El Ing. Bernardo Andregnette, director técnico de
Fucrea, afirma que le tiene pánico a estos procesos:
"Booms de cualquier cosa han abundando en el país.
Si pudiéramos anticiparlos, podríamos utilizarlos, pero
el problema es que usamos las cuentas, la tecnología
y definimos las áreas en función de los últimos
resultados del boom, que lo agarran unos pocos. Han
servido para que la gente invierta, tome créditos,
financie inversiones a largo plazo, en base a una
situación que no perdura. Esos auges que hay que
seguir porque quedás fuera de onda, terminan mal".
La decisión de algunos productores de desprenderse
de sus haciendas supone, para Andregnette, un riesgo
cierto: "Hay dos clases de productores; unos que
pretenden crecer y fortalecerse, y otros que están en la
desesperada. El ‘efecto argentino’ puede servirle a los
que no tienen otras opciones, al que no tiene capital y
está endeudado. No le sirve al que está bien asentado
y busca expandir su área para diluir costos fijos, por
ejemplo. La competencia en ese mercado lo liquida".
Un prestigioso técnico argentino, Alejandro
Bustamante, decía que cuando la City se pone a dar
plata al sector agropecuario distorsiona rápidamente
todo: presiona sobre factores fijos, como la tierra, y
altera totalmente los números del negocio. Algo que
servía, deja de servir de un momento para otro, como
sucedió con los Fondos Agrícolas, que estuvieron muy
de moda, pero, al presionar hacia arriba las rentas,
dejaron de ser negocio.
En nuestro medio, muy pequeño, cuando en una zona
pican tres argentinos, los precios se disparan y la
ecuación económica cambia abruptamente.
Las cuentas no se cierran en un año, en el margen
bruto de una cosecha (tipo minería). "Queda por ver
qué pasará en el futuro: si el productor se desprende
de ganado que luego se valoriza o qué pasa con el
estado de las chacras, los suelos, las malezas, las
rotaciones desestructuradas", alertó Andregnette.
Argentinos audaces
El fenómeno de sustitución, en todo caso, es
incipiente; no tiene ni por asomo las dimensiones que
tuvo en Argentina, en donde el torrente agrícola expulsó
definitivamente a todo bicho que camina de las
invernadas susceptibles de recibir cultivos graníferos;
echó primero a las ovejas, luego a las vacas de carne
con sus crías y reemplazos, y ahora avanzó sobre las
lecheras.
El empuje irresistible de los tractores desmonta la
infraestructura anterior y vuelve irreversible el proceso.
Dice Andregnette que, al arar las praderas, además de
levantar los alambrados, tiraban los bebederos a los
surcos (literalmente).
Sobre la rentabilidad esperada por los sojeros,
sostiene Joaquín Ponce de León: "Hasta ahora, lo que
ha sucedido es que las rentas se han disparado
–aunque no tanto como se dice–, provocando muchas
complicaciones. Los argentinos que hoy realizan
contratos de siembra no pueden esperar el mismo
rendimiento económico que obtienen en su país. Hay
diferencias en la calidad de la tierra, en los insectos.
Por ejemplo, acá hay que hacer aplicaciones –dos,
tres o cuatro– para combatir la epinotia, que allá no
son necesarias".
"Y sobre todo –continuó-, tenemos el riesgo de una
seca estival, que en una soja de ciclo corto -como las
que se están prefiriendo-, con la floración concentrada,
puede provocar serios daños. Las tierras agrícolas
argentinas son diferentes, sufren menos por la
eventual falta de agua. Las rentas allá son muy
superiores a las de acá y tienen retenciones –por eso
vienen-, pero el potencial es otro.
Los insumos y el costo de los productos son
similares. En Argentina puede faltar maquinaria, pero
acá alcanza, hay suficiente. Hay muchas empresas
que hacen servicios de maquinaria y, con toda razón,
se le imponen trabas a la importación en admisión
temporaria, tal como hacen los argentinos."
Resultados
Para hacer una comparación entre los márgenes de
ambas actividades en esa zona, apelamos a la
información de Fucrea.
Soja. Recientemente, Fucrea llevó a cabo una jornada
de evaluación de los resultados físicos y económicos
de los cultivos de verano, en conjunto con la
cooperativa Calmer, de la que extraemos los
siguientes datos, centrándonos en la soja.
Se evaluaron 238 chacras, que sumaban unas 11.000
hectáreas con soja, entre siembras de primera y de
segunda. El rendimiento promedio en el CREA Cololó
fue de 2.867 kg/há y, en las chacras de la cooperativa,
de 2.610 kg/há.
El margen bruto por há (descontados los costos
directos del cultivo: semillas y agroquímicos, laboreos,
seguros e intereses,
pero no las rentas de la tierra) osciló entre un mínimo
de 187 y un máximo de 223 U$S/há.
Invernada. El programa impulsado por Fucrea e INIA,
llamado Giprocar –Grupo InterCrea de Producción de
Carne–, recoge la performance de 25 establecimientos
productores eficientes de carne del Litoral, a lo largo
de cinco ejercicios (de 1997-98 a 2001-02), lo que
aporta una referencia confiable sobre la actividad
ganadera en la región.
El margen bruto de la invernada varió de 134 U$S/há,
en los dos primeros ejercicios, a 72 U$S/há en el
último, afectado por la aftosa, lo que promedia 113
U$S/há en todo el período.
Estos resultados están por encima de lo aportado este
año por el girasol, pero por debajo de la soja, aunque
debe tomarse en cuenta que fue un verano llovedor,
particularmente propicio para este cultivo.
Sangre, oxígeno y
herrumbre
Sin descuidar la imprescindible prudencia, hay que
reconocer que el actual boom tiene algunas
diferencias con otros anteriores, con ventajas para
éste.
• No se está creando endeudamiento entre los
productores y operadores uruguayos, porque el crédito
está cortado. No se compra maquinaria nueva, porque
el stock acumulado en otras instancias es suficiente.
Se le da trabajo a fierros ociosos.
• Los contratos de medianería que se realizan incluyen
todo o buena parte del precio al contado, por
adelantado. No hay riesgo de cobro y se obtiene
liquidez en esta época del año. El oxígeno es vital para
respirar.
• Finalmente: ¡entra plata al circuito de la producción! Y
se valorizan los activos agropecuarios, todos. Se
pagan cuentas. La sangre vuelve a circular.