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CARNE PORCINA
La movida hacia el sabor y la salud
En el concierto de la producción mundial de carnes, la porcina es la principal, superando incluso a la de ave y la vacuna. En Uruguay, es a la inversa.

por Gustavo Capra (inia) y Ana Echenique

Ingenieros agrónomos

El consumo de productos cárnicos hasta 2002 era de casi 100 kg/habitante/año, correspondiendo más de 60 kg a la carne vacuna y 10 kg a la porcina. Esta relación de consumo se basa en nuestra preferencia histórica por la carne bovina, debido a su menor precio relativo y a patrones culturales que incluyen el dominio de su forma de preparación.

Pero los hábitos han sufrido cambios en los últimos seis años, ya que el consumo de carne de cerdo pasó de 7 a 10 kg/habitante/año y en gran medida ello se debió a un aumento del consumo de cortes frescos. Hoy es posible adquirir asado, bondiola, pulpa de jamón y paleta, lomo y costillitas, los cortes más conocidos de carne porcina, tanto en supermercados como en carnicerías de barrio.

Las tentaciones de la carne

Los uruguayos descendemos mayoritariamente de españoles e italianos, tradicionales consumidores de fiambres, embutidos y carne de cerdo. Quizás por esa herencia, ninguno de nosotros puede negar el poder de seducción de un jamón crudo, una manta de asado de cerdo sobre una parrilla o las clásicas costillas a la plancha.

Sin embargo, muchos evitan caer en esta tentación, ya que existe el prejuicio de que la carne porcina "cae mal porque tiene mucha grasa" y "no es saludable por su alto tenor en colesterol". Esta opinión popular tenía asidero en el pasado, cuando predominaba un tipo de cerdo destinado a la obtención de grasa, faenado a altos pesos y sobrealimentado para favorecer la deposición de lípidos.

Actualmente, gracias a la evolución genética, al manejo alimenticio y a la corta edad a la que se faenan los cerdos, es posible obtener un producto saludable, con tenores grasos iguales e incluso menores a los de la carne vacuna y de ave, y con una composición en ácidos grasos y contenido de colesterol muy conveniente para la salud humana. En los últimos 25 años, el cerdo perdió 31% de su nivel de grasa, 14% de calorías y 10% de colesterol.

En los últimos tiempos, en el país hubo cambios tecnológicos a través de la introducción de líneas genéticas especializadas y la utilización de dietas balanceadas, que permiten obtener animales más magros, con más carne y más eficientes en la conversión de los alimentos. Sin embargo, aún no se han vencido los preconceptos acerca de la carne porcina que poseen los consumidores en general y los formadores de opinión, incluidos médicos y nutricionistas.

Grasas y colesterol:

amenazas de la vida moderna

La grasa de una carne, en particular la intramuscular, es la responsable directa de su sabor, jugosidad, aroma, brillo y textura. Por lo tanto, no se trata de reducir a ultranza el tenor graso para obtener un producto saludable, ya que se afectarán sus cualidades sensoriales. Más bien debe apuntarse a alcanzar reses con una cantidad

de grasa, un perfil lipídico y un contenido de colesterol compatibles con el sabor y la salud.

El perfil lipídico está determinado por las combinaciones de ácidos grasos saturados e insaturados. Los primeros están presentes en las grasas saturadas o "duras", que al ser consumidas favorecen un aumento del nivel de LDL (el colesterol malo) en sangre. Los ácidos grasos insaturados (poli y monoinsaturados) forman parte de las grasas "blandas", que se enrancian con facilidad en presencia de oxígeno; sin embargo, tienen la particularidad de ayudar a mantener bajo el nivel de colesterol en sangre y a reducir los depósitos en las paredes arteriales, por lo que están relacionadas a menores riesgos de enfermedades cardiovasculares.

De este modo, la calidad de las grasas ingeridas estará dada por su perfil lipídico, es decir por la composición en ácidos grasos saturados e insaturados. Más aun, no sólo es importante el contenido sino también la relación entre los propios poli-insaturados; en la actualidad se concede relevancia a la proporción relativa de los ácidos grasos omega-3 y omega-6.

¿Es posible modificar la composición lipídica de los productos de origen animal?

En el caso del cerdo, por su condición de monogástrico, la alimentación juega un rol fundamental en la obtención de carne de calidad, tanto desde el punto de vista sensorial como de la salud humana.

Es posible modificar el perfil lipídico de la carne a través del manejo de la nutrición. Alimentando a los animales con dietas ricas en ácidos grasos poli-insaturados (PUFA) se obtienen lípidos corporales ricos en estos mismos ácidos grasos, a expensas de una reducción en ácidos grasos saturados.

La modificación de la composición química de productos de origen animal a través del manejo de la dieta y otros factores de producción, con el objetivo de lograr alimentos saludables, es la base del concepto de los "alimentos funcionales". Éstos se definen como los que, por la presencia de componentes fisiológicamente activos, resultan eficaces en la promoción de salud. Por ello, implican la sujeción a procesos tecnológicos o de producción que determinan la presencia de compuestos biológicamente activos en concentraciones o relaciones óptimas para la salud del consumidor.

Esta moderna concepción de la producción de alimentos no recurre al empleo de transgénicos o productos químicos sintéticos, sino que puede estar basada en recursos tan simples como la utilización en la dieta de ingredientes naturales y de uso corriente. Un ejemplo de esto lo constituye la producción de huevos enriquecidos con omega-3 por la inclusión de ciertos alimentos de origen marino en la dieta de las aves.

En los cerdos, se ha comprobado que la interacción entre tipo genético, manejo nutricional y sistema de producción modifica la composición química de las grasas y ejerce efectos sobre las propiedades sensoriales de la carne.

El consumidor uruguayo ya tiene acceso a un cerdo magro, con mayor rendimiento carnicero y óptimas cualidades organolépticas y nutricionales, que lo hacen apto para una dieta sana y equilibrada. La dinámica tecnológica de la producción porcina nacional permite vislumbrar la rápida incorporación del conocimiento disponible para seguir avanzando en el camino hacia el sabor y la salud.

Las bondades de la carne de cerdo

- Tiene gran aceptación por su agradable sabor.

- La grasa intramuscular representa apenas 1,1-2,4% y es rica en ácidos grasos esenciales.

- El contenido de colesterol de la carne del cerdo moderno es semejante al de vacunos y aves.

- Presenta un adecuado tenor proteico, con una buena combinación de todos los

aminoácidos esenciales.

- Es una extraordinaria fuente de vitaminas del complejo B, destacándose el contenido de tiamina, que es 10 veces mayor que en otras carnes.

- Constituye un excelente aporte de hierro, fósforo, zinc, magnesio y manganeso.

- Se destaca por su alto contenido de potasio y bajo tenor de sodio en relación con otras

carnes, por lo que es altamente recomendada para personas con hipertensión arterial.



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