La polémica comenzó con el mail de un lector. En él decía que en la selección del cónsul honorario para Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelandia, había "olor a acomodo". El favorito para dicho cargo "no tiene títulos que avalen esa candidatura, ni feeling social", continuaba el mensaje.
Álvaro Portillo, director del Departamento 20 de Cancillería dijo que "siempre hay quejas, porque es muy difícil encontrar a personas que generen unanimidad. De todas maneras son dos designaciones que se están procesando, todavía no hay ninguno nombrado".
Hasta hace un par de años, la cónsul honoraria para Nueva Zelandia estaba en Christchurch, una ciudad ubicada en la isla sur del país. Si bien su tarea agilizaba los trámites con el consulado general en Australia, había un gran inconveniente en su tarea: no hablaba ni entendía el español.
Desde que ella dejó el cargo, cada compatriota debe ingeniarse por su cuenta para acceder a las autoridades que están a cientos de kilómetros, en el gigante de Oceanía.
Uno que vive allí desde 1986, contó a El País vía mail que en su región hay unos 100 uruguayos y que muchos viajan con un inglés muy limitado: "Mi esposa y yo ayudamos todas las veces que podemos a los que recién llegan (...). Mi esposa es neozelandesa y conoce muy bien todas las leyes acá y habla los dos idiomas".
Al consultar a una doctora en Ciencias Biológicas que vive en Auckland y pidió no ser nombrada, ella explicó que tuvo que tramitar la renovación del pasaporte en el consulado de Perú. Como no hay representantes uruguayos en el país y sólo autoridades consulares pueden observar la firma de este documento, el país andino fue el mediador.
"Este trámite llevó mucho tiempo porque el consulado de Uruguay mandó (dos veces) mis papeles a una dirección del consulado de Perú equivocada. Me preocupé muchísimo por este tema (...). Con tanto tema de falsificaciones, después de dos semanas de no haber recibido el pasaporte hice la denuncia policial por las dudas", contó la mujer.