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El Riazor se puso la ropa del Centenario

LA CORUÑA | EDWARD PIÑON

Abrazados a las banderas, reventándose las manos contra las lonjas, agitando camisetas y pegando saltos como si en los championes tuvieran resortes.

Gritando y cantando. Enfrentándose a escasos dos metros y con rostros pletóricos de felicidad. Intercambiando sonrisas, pero dedicándose los mismos cánticos que irrumpen con furia en la Amsterdam y en la Colombes del Centenario.

Parecía Montevideo. Aunque en realidad, era mucho más entusiasmante, más emotivo y, porque no decirlo, más contagioso.

Así recibieron los hinchas de Nacional y Peñarol a sus jugadores en los momentos que estos descendieron de las unidades de transporte para ingresar a El Riazor.

BROMAS. Y el brillo que irradiaron unos ojos deseosos de estallar en lágrimas por la presencia en España de la sangre charrúa más auténtica, hasta desencadenó una admiración de los policías coruñeses, que observaron con sorpresa como por momentos los hinchas de uno y otro equipo se entremezclaban para realizarse las últimas bromas antes de dividirse para ingresar a tribunas diferentes.

La división de localidades se hizo por propia iniciativa de los hinchas de ambos equipos. Se pusieron de acuerdo y no por temor a tener enfrentamientos, sino para tener la tranquilidad de poder cantar y alentar con la misma pasión y que nadie se sintiera agredido.

Fue hasta impactante la forma en la que cada uno de los hinchas que se arrimó a El País se refirió al cotejo. El más gráfico, fue el del muchacho que dijo haber sido integrante de la barra de la Amsterdam. "Allá es otra cosa, acá no va a pasar nada porque antes que nada somos Uruguay".

Y el sentimiento por Uruguay fue el gran denominador. Porque hasta en la ruidosa participación del nutrido grupo carbonero que se reunió en el Paseo Marítimo hubo una singular devoción a la celeste y, sobre todo, a la hermandad que se genera como consecuencia de la distancia que los separa del país.

EL ESFUERZO. El amor por la patria, tanto como por los colores de sus corazones, se expresó en los viajes que realizaron muchos de los uruguayos para asistir a la gran cita.

Llegaron hinchas de Peñarol y Nacional de Salamanca, Valencia, Madrid, Barcelona, Málaga, Alicante y Vigo. Fanáticos que están en España desde hace dos, cuatro, seis y hasta 12 años.

"Vinimos de Tarija. Estábamos de vacaciones y nos enteramos que se jugaba el clásico acá y nos vinimos. Hicimos 1.800 kilómetros en auto y demoramos 15 horas", comentaron dos enloquecidos hinchas de Peñarol que no paraban de bailar y cantar en las afueras del estadio. Julio y Ernesto, trabajador de la construcción el primero y camarero el segundo, aseguraron que "Peñarol merece ese esfuerzo y mucho más".

Y si de historias diferentes y emotivas se trata, ni que hablar de la que contaron Daniel Arce, un ex chofer de Cutcsa, y Daniela Pardal, guarda de la misma empresa de la línea 527. "Nos conocimos ahí, nos enamoramos y nos casamos. Hoy hace dos años que estamos acá y tenemos a nuestro hijo Jerónimo de seis años", dijo Daniela.

Pero fueron muchos más los que hablaron de su sacrificio por vivir afuera de Uruguay, de los recuerdos que se convierten en tormento por la lejanía y de su deseo ferviente de volver a ver a sus familiares y amigos.

"Hice 1.100 kilómetros desde Alicante, tardé 16 horas en llegar, pero no podía perderme este partido", dijo Juan Avila, un muchacho que se las arregla para vivir con su trabajo de pintor.

Y Laura Pimienta, que no paraba de besar la bandera uruguaya mientras la cámara de Williams Ledesma de Canal 12 se encargaba de registrar todos sus movimientos, arrimó a su esposo Federico Naray para que simplemente sus nombres aparecieran en El País. "¿Sabés lo que significa esto para nosotros? Ver un clásico acá en España es como estar un poquito de nuevo en Uruguay", dijo.

El Pais Digital se comunicó con Germán Rodríguez Fuentes, gallego, hincha del Deportivo que asistió al histórico clásico. "Me encanto el partido, no tanto por el juego, como

por las aficiones" dijo. Pero destacó que para los uruguayos que estuvieron presentes en las tribunas fue algo más que un partido de fútbol "sintieron durante dos horas como si estuviesen en Montevideo. Riazor dejo a un lado por un día la retranca gallega, para dar paso al acento

uruguayo." Durante el partido se puso en el lugar de los gallegos emigrados a Uruguay e imaginó un clásico español en tierras uruguayas "Se me erizaba la piel solo de pensar en eso".

BANDERAS. El reloj seguía avanzando y los uruguayos no cesaban de llegar al estadio Riazor. Y muchos de ellos vociferando con las cuerdas vocales a punto de estallar el recuerdo para sus barrios: "Decí que Maroñas está presente", "poné que La Unión manda en Galicia", "no te olvides de nosotros los del Cerrito de la Victoria". Y más, muchos más: Lavalleja, Buceo, La Teja, Peñarol, Centro, Aduana, Malvín Norte, Belvedere, Prado, Empalme Olmos y Canelones, entre otros.

LA FAMILIA. Si de trapos se trata, ninguno fue más efectivo que el que se colocó al costado de una bandera de Danubio y otra de Uruguay: "Flia. Rocha". Si la televisión llegó a tomar la bandera, seguramente sus familiares en Montevideo deben haber recibido el mensaje.

NEGOCIO. Para no perder su costumbre, la ex mascota de Uruguay, el Pato Celeste, se hizo presente en el estadio Riazor. Como sucedía en las oportunidades que salía a la cancha del Centenario para acompañar a los jugadores charrúas, el "Pato" se hizo aplaudir. Por otra parte, no perdió la oportunidad para colocar camisetas, gorros, banderas y hasta trompetas de los grandes y Uruguay. Una mascota con recursos.

Entre tanto festejo, entre tanta emoción desbordante, también hubo una solicitud expresa, la de destacar las banderas y pancartas. Como la de Peñarol que reza "Reducto es manya" o la de "Sayago es bolso". O aquellas que aseguraron que en España hay más bolsos, porque según ellos Galicia es tricolor. O las que expresaron que acá son "más carboneros que muchos".

Después de ver tantos rostros enrojecidos de la emoción. Después de haber observado tanta ofrenda de cariño a los tradicionales colores de los clubes grandes de Uruguay, no hay forma de no concluir que la idea de traer el clásico a España fue maravillosa.


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