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 El Tratado del Río de la Plata


Romeo Pérez Antón
Un éxito olvidado

Entrevista de Luis Cabrera, de la redacción de EL PAIS Digital

El politólogo Romeo Pérez Antón resaltó la trascendencia del Tratado de Límites del Río de la Plata y su Frente Marítimo como un éxito olvidado, perdido en la memoria colectiva por el “acostumbramiento a las condiciones mejores” que el acuerdo ha establecido desde su firma el 19 de noviembre de 1973.
El Presidente del Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH), destacó la importancia del Tratado por la estabilidad que introdujo sobre un tema hasta entonces conflictivo, la validez que mantuvo durante las tres décadas siguientes y la base que sentó para los futuros proyectos de cooperación entre Argentina y Uruguay, como ser la construcción de la represa de Salto Grande, un año más tarde.
- Treinta años después, ¿qué valor le asigna al Tratado?
- Le asigno gran importancia. Creo que hay que apreciar en toda su trascendencia este acuerdo, no obstante habernos acostumbrado, en treinta años a partir de su firma, a la estabilidad que este convenio proyectó y a la colaboración que ampara en la administración del Río de la Plata y su frente marítimo. El hecho de que ya nos hemos habituado al régimen del Tratado no debe oscurecer nuestra percepción de todo lo que éste significa. No olvidemos que al firmarse se puso definitivamente punto final a una serie de disputas, de elementos de fricción, entre Uruguay y Argentina, que en algunas ocasiones llegaron a revestir verdadera gravedad. No hay que olvidar que la cancillería argentina, durante buen tiempo, llegó a prestar cierto crédito a la tesis de que todo el estuario era de su jurisdicción, y de que Uruguay constituía un país de “costa seca”.
- ¿Por qué cambia la postura Argentina?
- Argentina cambia por solidaridad regional, y para construir las bases de una cooperación en el Río de la Plata y en su frente marítimo que hasta ese momento era obstaculizada por la disputa entorno a como dividir la jurisdicción sobre las aguas. Creo que los motivos que llevan al gobierno argentino, presidido entonces por Juan Domingo Perón, en su segundo mandato, a firmar el acuerdo, fueron motivos realmente elevados, de sana política de cooperación. No hay que olvidar que en su retorno al gobierno, Perón inaugura un discurso revolucionario en el eje de las relaciones de Argentina con Brasil. Perón decididamente desecha el viejo antagonismo para sustituirlo por pautas de cooperación. En lo que respecta al Tratado, Uruguay responde a la concesión Argentina de la línea media, con la concesión de la isla Martín García. Hay ahí una equiparación de renuncias. En sus momentos estas renuncias tuvieron detractores, tuvieron críticos, de uno y otro lado.
- Pero la elaboración del Tratado fue previa al segundo mandato de Perón ¿Cómo influyó entonces el presidente argentino en la consecución del acuerdo?
La preparación del acuerdo comienza antes del retorno de Perón, pero había que firmarlo. El acto de decidir firmar ese documento tal como estaba redactado, representa de por sí una decisión cabal. No es redundante respecto del período anterior preparatorio.
- Usted se refirió a críticos y detractores del acuerdo cuando éste se estaba ideando ¿Actualmente existen detractores del Tratado?
- Alguno quedará seguramente, pero nunca fueron mayoritarios. Por más que en algunos casos se tratara de voces autorizadas, respetables, en ningún caso lograron carácter masivo. El acuerdo generaba polémicas pero no dividía al país. Lo que se ha afirmado es la opinión en cuanto a que el Tratado era razonable, era legítimamente admisible y que se inspiraba en principios de justicia. Hoy, treinta años después, debemos comprobar que la administración de los recursos platenses, que el tratado procuraba, se ha producido. No de modo óptimo. Podríamos y deberíamos cooperar más.
- ¿Cómo afectó el Tratado el intercambio cultural entre nuestros países?
En el tratado hay anticipos de lo que sería el espíritu mercosuriano, que con todas sus debilidades, constituye un patrimonio para estos pueblos y una clave para un desenvolvimiento mucho más asociado de nuestros países. Con el tratado de Límites del Río Uruguay (7 de abril de 1961), el Tratado de Límites del Río de la Plata contribuyó a cambiar las imágenes recíprocas de los argentinos en Uruguay y de los uruguayos en Argentina. El Tratado amparó una serie de emprendimientos que han ligado mucho más nuestras economías y que las sitúan mejor en la competencia internacional. El Río separa menos y une más que antes. Eso tiene un origen complejo, son múltiples los factores que concurren a eso, cambios en las comunicaciones, en las prácticas económicas, está operando la globalización -aunque se trate de países vecinos- pero hay una parte del cambio que debe atribuirse al Tratado del Río de la Plata. Habría que completar estas referencias con el convenio que llevó a la realización de la empresa de Salto Grande y a la fijación del estatuto binacional del ente que construyó y administra la represa, que es un enorme éxito de cooperación argentina-uruguaya.
- ¿Actualmente se analiza la importancia del Tratado desde los gobiernos o es algo que se da por sentado?
- Es bueno recordar el Tratado, porque por acostumbramiento a las condiciones mejores que el tratado abre estamos quizás olvidando que eso no fue siempre así. Eso fue fruto de orientaciones políticas y diplomáticas que superaron otras orientaciones que eran de confrontación. Deberíamos recordar como se llegó al Tratado para tratar de aplicar el mismo estilo de relación entre uruguayos y argentinos a los problemas que están pendientes hoy en día. En su mayor parte se concentran en las incógnitas acerca del Mercosur. El principal problema de nuestros países es coincidir en como relanzar seriamente el proyecto mercosuriano.
- ¿Por qué no se refuerza la imagen del Tratado teniendo en cuenta la valoración positiva que éste despierta?
- Nos está pasando que olvidamos algunos éxitos. No todos son fracasos para nuestros países. Aunque hemos tenido muchos fracasos, lo peor es que olvidamos aquello que hacemos bien. El Tratado lo tenemos medio olvidado y a la represa de Salto Grande, la tenemos muy olvidada.

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