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Publicada el 26.06.2003
Por Nicholas D. Kristof
De The New York Times
Los riesgos de la cortina de hierro fundamentalista
Sigo sin tener suerte en mi afán por ayudar al gobierno norteamericano
a hallar las armas de destrucción masiva iraquíes. Pero
mientras tanto, tengo cada vez más la impresión de que los
Estados Unidos combatieron contra Saddam, pero los que triunfaron fueron
los fundamentalistas islámicos.
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Para tener un atisbo del Estado islámico hacia el que Irak podría
estar encaminándose, consideremos la ejecución en plena
calle de un infiel llamado Sabah Ghazali.
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Durante el régimen de Saddam Hussein se permitía a los cristianos
como Ghazali, de 41 años, vender bebidas alcohólicas. También
se los protegía de los extremistas musulmanes. Pero últimamente,
los extremistas han estado amenazando con matar a quien venda bebidas
alcohólicas. Cierto día del mes pasado, dos hombres se acercaron
a Ghazali cuando abría su negocio y lo mataron de un disparo en
la cabeza. Ghazali fue el segundo propietario de un local de venta de
bebidas alcohólicas que esos individuos habían asesinado
esa mañana.
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Existe el riesgo de que caiga sobre Irak una cortina de hierro fundamentalista,
con efectos particularmente perjudiciales para las mujeres y las niñas.
El presidente George W. Bush espera que Irak se transforme en un reluciente
modelo de democracia, y eso podría aún suceder. Pero por
ahora son los fundamentalistas chiítas quienes están ganando
terreno.
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Ya casi todos los locales de venta de bebidas alcohólicas en el
sur de Irak parecen haber sido clausurados por la fuerza. En esta ciudad,
los fundamentalistas islámicos le han solicitado (infructuosamente)
a la Universidad de Basora que separe a los varones de las mujeres, en
tanto que los comerciantes colocaron carteles que dicen, por ejemplo,
"Hermana, cúbrete la cabeza". Son muchas más ahora
las mujeres que ceden ante la presión de usar esa especie de turbante
llamado hijab .
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"Las mujeres tienen miedo", señaló Sarah Alak,
una estudiante de computación, de 22 años, de la Universidad
de Basora. La joven no solía usar un hijab , pero después
de la caída de Saddam su padre le pidió que lo usara cuando
fuese a clase, "simplemente para evitar problemas".
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Los extremistas islámicos amenazaron también a los dueños
de los cines de Basora por mostrar pornografía (rodillas femeninas,
por ejemplo). De manera que los cines locales cerraron durante dos semanas
y reabrieron tan sólo después de quitar los afiches en la
entrada y, en cambio, poner carteles como el que se observa en la entrada
del cine Watani: "Aquí no pasamos películas inmorales".
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"Ahora registramos a todos los espectadores cuando ingresan en la
sala", afirmó Abdel Baki Youssef, un guardia de seguridad
del cine Atlas. "A todos les preocupa que pueda haber un atentado",
añadió.
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Paradójicamente, una nación iraquí más democrática
también podría ser más represiva, y bien podría
ocurrir que una mayoría iraquí esté en favor de imponer
más restricciones a las mujeres profesionales y a las minorías
religiosas. Como señala Fareed Zakaria en su nuevo e inteligente
libro "El futuro de la libertad", a menos que un gobierno mayoritario
sea acompañado por protecciones legales, tolerancia y respeto por
las minorías, el resultado puede ser una represión populista".
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A las mujeres les iba relativamente bien cuando Saddam estaba en el poder
(salvo cuando eran torturadas o ejecutadas, castigos que ese régimen
aplicaba sobre la base de la igualdad de oportunidades).
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Una versión light iraní
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En la facultad de ciencias de la Universidad de Basora, el 80 por ciento
de los estudiantes son mujeres. Irak no imitará el modelo teocrático
de Irán, pero podría terminar en una versión light
iraní: un Estado islámico, pero regido por políticos
en lugar de los ayatollah.
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"La democracia significa elegir lo que la gente quiere, y no lo que
Occidente quiere", advirtió Abdul Karim al-Enzi, uno de los
dirigentes de Dawa, un partido fundamentalista chiíta que cuenta
con cada vez más apoyo en gran parte del país.
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Enzi es la clase de figura política cuyo nombre resuena en los
pueblos iraquíes con casas de adobe de una manera como no lo hacen
los de los exiliados civiles respaldados por los Estados Unidos como Ahmed
Chalabi. Mientras Chalabi cenaba en Londres, Enzi arriesgaba la vida en
misiones de espionaje para el partido Dawa dentro de Irak, infiltrándose
desde su base en Irán.
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Cuatro de sus hermanos y una hermana fueron ejecutados por desarrollar
actividades antigubernamentales, y el propio Enzi fue condenado a muerte
en ausencia, en 1979. En cierta oportunidad fue detenido en Irak durante
una misión de espionaje, pero los funcionarios no se dieron cuenta
de quién era y lo liberaron un mes después. Tuve la impresión
de que Enzi es valiente, admirable y medieval.
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¿Qué deberíamos hacer al respecto?
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Me temo que no podemos hacer mucho para desalentar el fundamentalismo
en Irak, aunque mantener el rumbo y desarrollar un sistema jurídico
podrían ayudar.
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Por ahora, los Estados Unidos parecen estar empeorando las cosas al allanar
las oficinas del ayatollah Muhammad Bakr al-Hakim, que dirigía
desde el exilio en Irán una organización contraria a Saddam
y que anteriormente promovía un gobierno islámico. Desairar
a Hakim es contraproducente, ya que refuerza su legitimidad como líder
nacionalista y vuelve más extremistas a sus partidarios.
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Acaso tengamos sencillamente que acostumbrarnos a la idea de que hemos
sido la partera del creciente fundamentalismo islámico en Irak.
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Traducción de Luis Hugo Pressenda
Por Nicholas D. Kristof
De The New York Times
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