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Por Alberto Armendáriz
Para LA NACION
Terror en Irak
20.08.2003
El ataque de ayer contra la oficina central de las Naciones Unidas en
Bagdad, el mayor en la historia de la organización, no sólo
mató a 17 personas y destruyó el edificio que albergaba
al organismo, sino que puso en cuestionamiento cuál será
el papel de la ONU en el futuro político de Irak.
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Acostumbrada a sufrir ataques menores contra sus oficinas, empleados o
efectivos de los cascos azules en misiones de paz -como sucedió
en Afganistán, Timor Oriental, Bosnia, Somalia y también,
en los últimos meses, en Irak-, la ONU quedó sin embargo
sorprendida por la magnitud de este atentado que a primera luz parece
haber sido dirigido especialmente contra el diplomático brasileño
Sergio Vieira de Mello, alto comisionado de Derechos Humanos y representante
especial del secretario general de la ONU, Kofi Annan, en Irak.
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Los ataques contra altos funcionarios de la ONU son muy poco frecuentes,
y para encontrar un antecedente semejante habría que remontarse
a 1948, cuando el conde Folke Bernadotte, mediador de la ONU en Palestina,
fue asesinado por un grupo de israelíes radicales que se oponían
a los planes para convertir a Jerusalén en una ciudad internacional.
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Con su país ocupado por fuerzas de EE.UU. y Gran Bretaña,
la resistencia iraquí ve la misión de coordinación
humanitaria de la ONU como un mero instrumento de ambas potencias. El
hecho de que el Consejo de Seguridad no haya intentado siquiera condenar
la invasión contribuyó a crear esa visión negativa,
que en los últimos dos meses se acrecentó, convirtiendo
a Vieira de Mello en blanco principal de la furia.
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Pese a sus impresionantes logros y sus impecables credenciales diplomáticas,
cuando Annan lo nombró su representante especial en Irak varios
analistas temieron que recibiera el rechazo de la población iraquí
más opuesta a Estados Unidos, por tratarse de un hombre a quien
Washington claramente favorecía. No era un secreto que en los pasillos
de la ONU Vieira de Mello era considerado por los funcionarios norteamericanos
como el posible sucesor de Annan al frente de la organización.
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Esta idea se reforzó cuando, dos meses después, el 22 de
julio, Vieira de Mello vino a Nueva York para presentar ante el Consejo
de Seguridad un informe de sus labores, en el que llamó al máximo
cuerpo de la ONU a reconocer al recientemente creado Consejo de Gobierno
Iraquí, compuesto por 25 miembros seleccionados por Estados Unidos
de entre todas las facciones de Irak. En ese momento, incluso, dos activistas
de una organización no gubernamental pacifista irrumpieron a gritos
en la sala y exhortaron a Vieira de Mello a no prestarse a las "trampas"
norteamericanas para legitimar su ocupación.
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Luego, el jueves último, después de largas discusiones,
el Consejo de Seguridad aprobó, con la abstención de Siria
-el único país árabe que actualmente es parte del
cuerpo-, una resolución que "da la bienvenida" al cuestionado
Consejo de Gobierno Iraquí y establece la Misión de Asistencia
en Irak. Aunque el texto -mucho menos explícito que el que pretendía
Washington- señala que el Consejo de Gobierno "constituye
una etapa importante hacia la formación, por el pueblo iraquí,
de un gobierno representativo que ejercerá la soberanía
de Irak", la resistencia de ese país lo interpretó
como el último sello de legitimación de la ONU a la invasión.
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Por otra parte, el atentado contra las oficinas de la ONU señaló
también una tendencia más marcada de las fuerzas leales
a Saddam Hussein a poner la mira ahora sobre objetivos más "blandos".
El cambio de táctica había comenzado con el ataque contra
la embajada de Jordania en Bagdad, el 7 del actual, que dejó 17
muertos.
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"Necesitamos un esfuerzo mayor para convencer al pueblo iraquí
de que la ONU está actuando por su bienestar y de que nuestra presencia
está dirgida a ayudarlos a volver a la normalidad", dijo ayer
Munir Akram, embajador de Paquistán ante el Consejo de Seguridad,
que se reunió de emergencia, mientras afuera la bandera de la ONU
flameaba a media asta en señal de duelo.
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Un lugar peligroso
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"Han cometido un crimen no sólo contra Naciones Unidas, sino
también contra Irak", advirtió ayer el vocero del secretario
general, Fred Eckhard, al leer un comunicado enviado por Annan.
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Eckhard, quien resaltó que la seguridad de la sede de la ONU en
Bagdad correspondía a las fuerzas de la coalición, se preguntó
luego "si Irak es un sitio seguro para los cientos de miembros de
la ONU que iban a sumarse al equipo".
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"Nuestro deber es apoyar al Consejo de Seguridad y al secretario
general para que la ONU siga cumpliendo y amplíe su compromiso
humanitario y el alcance de su acción para el pueblo iraquí",
señaló a LA NACION Adolfo Aguilar Zinser, embajador de México
ante el Consejo de Seguridad.
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Si bien ayer todos los miembros del Consejo se mostraron convencidos de
que este atentado contra la ONU no debería llevar al organismo
a alejarse de las necesidades del pueblo iraquí, todavía
está por verse de qué manera se involucrará aún
más en un Irak cada vez más peligroso. Desde el mes pasado,
Estados Unidos ha venido presionando para que otros países se sumen
a la intervención militar anglo-norteamericana, pero otras potencias,
como Rusia, Francia y Alemania, se han negado a hacerlo si no es bajo
el paraguas de la ONU y con un mandato claro.
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¿Podría este atentado abrir la puerta para que finalmente
se envíe a Irak una fuerza internacional de mantenimiento de la
paz? "Esos son interrogantes de orden político y todavía
es muy temprano para saber qué puede suceder", se excusó
de responder el representante mexicano.
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