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 Especial Terrorismo
   

Publicado el 24.08.2003 en Enfoques - La Nación/GDA

Debate sobre los fanáticos

A principios del año último, el mundo entero se conmocionó al conocer la noticia de la ejecución del periodista estadounidense Daniel Pearl, perpetrado por extremistas islámicos que luego fueron condenados. Ahmed Omar Saeed Sheikh, considerado el cerebro de la operación, fue sentenciado a muerte y vinculado también a horrendos atentados terroristas.
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El perfil de este hombre -37 años, en realidad londinense de origen paquistaní- interesó al filósofo francés Bernard Henry Lévy, quien recientemente acaba de publicar ¿Quién mató a Daniel Pearl? , un libro que pronto se convirtió en un best seller en el mercado francés. En él, Lévy profundiza la historia de Sheikh: un hombre que creció en el seno de una familia burguesa, que realizó estudios en la London School of Economics y que, paralelamente, trabó conexión con las más oscuras organizaciones terroristas.
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¿Cómo es el derrotero que sigue la vida de un hombre hasta llevarlo a defender sus ideales a costa de la matanza de inocentes e, incluso, del sacrificio de la propia vida? LA NACION sirvió de punto de encuentro para que el escritor Marcos Aguinis, la especialista en psicología médica Ethel de Casarino y el sacerdote Daniel Ferrari analizaran este tema en una mesa redonda.
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-¿Qué puede pasar por la mente de un hombre para que se vincule a una organización terrorista y cometa atentados en su nombre?
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AGUINIS: -Yo vengo estudiando el tema del terrorismo suicida desde hace tiempo y lo tuve que profundizar mucho últimamente con la publicación de mi última novela, Asalto al Paraíso, que trata el tema del terrorismo suicida. Pensé en personas que, como Omar Sheikh, cambian sus objetivos, a pesar de venir de una familia de buen pasar, buscando llegar al paraíso por una especie de vuelta de tuerca teológica que hace unas pocas décadas era absolutamente incomprensible, porque las religiones monoteístas coinciden en que, si uno durante esta vida siembra amor y cuida al prójimo, en el más allá tiene una recompensa, es decir el paraíso. En cambio, el terrorista suicida ha adoptado una versión absolutamente grotesca en el sentido de que, si uno se suicida y al mismo tiempo mata a civiles inocentes, incluso a personas de su propia fe, tiene un pasaje mucho más rápido al paraíso. Esto es algo absurdo, grotesco, y significó un debate muy fuerte, muy encendido, entre eruditos musulmanes de El Líbano. Tuvo lugar en la década del ochenta, cuando se formó el hezbollah y debatieron mucho si el Corán acepta o no cometer atentados suicidas. Pero, finalmente, los éxitos que iban obteniendo con estos atentados llevaron a que las autoridades religiosas determinaran que el Corán lo acepta, que si uno comete suicidio para defender la fe verdadera, eso está permitido. Esto, evidentemente, es algo que es rechazado por los musulmanes moderados, pero no se animan a decirlo porque corren peligro de ser asesinados.
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-¿Qué es lo que incide en la mente de alguien, como Omar Sheikh, para que dé ese vuelco?
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CASARINO: -Tiene que haber algunas características personales, cierta debilidad en la propia estructura, para ser afecto a estos pensamientos rígidos y de tendencia fanática. Parecería que son personas muy aptas para integrar este grupo extremista, fanáticos, y yo me pregunto hasta qué punto son guiados por cuestiones puramente religiosas. Me pregunto si no son los factores de poder y la necesidad de una violencia encubierta justificada por causas nobles la que encuentra a esos personajes totalmente aptos para sus fines.
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-¿Habría una especie de predisposición?
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CASARINO: -A mi juicio, sí. Eso es una cosa por debatir, sobre todo en estos momentos en los que hay tantos progresos en materia de neurociencia.
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AGUINIS: -Quienes cometen suicidios son personas menores de 30 años. Los que tienen más de 30 años, mandan a morir a otros, lo que habla de un gran cinismo. El joven tiene esa cuota de heroísmo, de rebelión contra el padre, de querer ser más poderoso, de soñar que va a ser recordado como un héroe. Todo eso influye indudablemente y está la parte de sugestión que opera el maestro, el líder, que lo convence y que lo manda a morir. Además, todo eso es premiado después con desfiles, con su nombre en una calle o en una plaza. Las Naciones Unidas deberían decir: en el futuro, todo terrorista suicida que mate inocentes, el suicida, en vez de ser objeto de homenajes, será objeto de degradación pública. Automáticamente esto cesaría y además tendría un beneficio adicional: saber que ciertos países, por oponerse, están apoyando este tipo de actos.
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- ¿Cómo se explica que la religión católica haya tenido también el fanatismo de la Inquisición, de las cruzadas?
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FERRARI: -Como veíamos, dentro de todos los grupos existen fanáticos y ciertos líderes que han conducido a este tipo de promesas y de paraísos. Pero podemos decir que siempre es más fácil encubrir este tipo de acciones bajo el aspecto religioso.
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AGUINIS: -Yo creo que el carácter religioso le da una intensidad emocional que va más allá de lo que puede dar cualquier ideología política.
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FERRARI: - (A Aguinis) Pero tenemos a los kamikazes que también se valían de este tipo de técnicas.
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AGUINIS: -Pero era distinto.
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FERRARI: -Sí, no era religioso.
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AGUINIS: -Eran militares que usaban uniforme, que atacaban únicamente objetivos militares. Y cuando había alguna duda acerca de si había civiles, pedían instrucciones adicionales. Había una actitud mucho más limitada, más controlada.
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FERRARI: -Pero igualmente había algo sacralizado: la Patria, su cultura y el emperador sacralizaban la figura política. Cuando alguien tiene este tipo de actitudes, tiene que sacralizar ese ideal.
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AGUINIS: -Pero al decir kamikaze, le estamos dando una especie de aureola, alguna nobleza, digamos. El kamikaze es recordado como un individuo que daba su vida por una causa, pero no atacaba civiles. Cuando uno ve niños o mujeres masacrados sin importar quiénes eran, que han muerto musulmanes también, entonces uno dice: "esto es psicótico".
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- El hecho de que la globalización haya, en cierto sentido, borrado las fronteras, ¿no permitiría pensar que esa gente está buscando afirmarse en algo, en un ideal, por ejemplo?
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AGUINIS: -En el sector más civilizado hubo importantes progresos: los derechos humanos, la democracia, la libertad de expresión, el pensamiento crítico, la tolerancia religiosa... Estos grandes progresos le han dado a ese sector una enorme debilidad, comparable a la debilidad que tiene un ser racional frente a un psicótico. Y este mundo que ha progresado tiene, por otro lado, la debilidad de condenar con claridad las cosas inhumanas, oscuras, cavernarias que hay en el sector más atrasado del mundo, pero a la vez se aceptan, alegando que se trata de un relativismo cultural, un multiculturalismo que tiene que ser respetado. Entonces, si en Nigeria quieren asesinar a una mujer porque tuvo un hijo después de enviudar y la van a lapidar de la forma más infame que uno se imagina, eso es cultura de Nigeria y hay que aceptarlo, cuando en realidad lo que habría que hacer es condenarlo y tomar medidas extremas contra ese país para impedir esas prácticas. Hay una especie de culpa, tal vez por el viejo colonialismo.
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-Si el ser humano tiene una especie de predisposición para esas cosas, ¿se puede hacer algo, entonces?
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AGUINIS: -Nosotros podemos comprender los mecanismos que llevan a que una persona sea un asesino de lo más repugnante que se pueda suponer, podemos entender por qué Hitler fue Hitler, pero eso no significa justificar. La condición humana necesita cierto límite, cierta estructuración, cierta ley, de lo contrario emerge ese ser que tiende al pecado, que tiende a la violencia. Entonces aparecen las peores cosas.
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-¿Qué queda por hacer con sociedades en las que no se les ponen límites a esas células terroristas?
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CASARINO: -Lamentablemente, hechos tan reprochables despiertan en muchos casos admiración. Hay gente que admira la ingeniería utilizada para cometer ese crimen. Eso es atroz.
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AGUINIS: -Como se admiró a las columnas nazis que conquistaron Polonia tan rápidamente.
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CASARINO: -Uno ve que existe cierta facilitación de los medios socioculturales y que ciertos grupos étnicos tienen una facilitacion para reaccionar de determinados modos. Por ejemplo, uno está en Alemania y dice: "¡Qué amables que son los alemanes, qué maravilla!... y sin embargo, ¿cómo pudo ser que allí se difundiera el nazismo?"
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-Entonces, ¿puede darse una especie de división entre el hombre que tortura y después en su casa es un ciudadano civilizado, un padre de familia?
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CASARINO: -Sí. Yo pondría más niveles. Por un lado está el más astuto, el ideólogo, que va a funcionar como líder, y otra cosa es la identificación por contagio de gente mucho menos pensante que lo sigue, muchas veces, inconsciente de hacia dónde va. Porque no creo que todos los alemanes hayan tenido conciencia de cómo era Hitler.
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AGUINIS: -Hay una manipulación de la opinión pública por parte de un grupo que seduce y fascina porque se hace cargo del poder. El poder es un gran mago que logra alienar la condición humana. El pueblo alemán era el pueblo más culto de Europa cuando cayó en manos de los nazis, esa minoría psicótica, mediocre e ignorante. Con los musulmanes está pasando lo mismo, con la diferencia de que no tienen ni la mitad de cultura que el pueblo alemán. O sea que son mucho más fáciles de manipular.
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-Pero en ese sentido pienso en Heidegger, el gran filósofo del nazismo.
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AGUINIS: -Tenemos que decir que los intelectuales somos seres humanos y por lo tanto también podemos tener eclipses psicóticos. Por ejemplo, Heidegger, que no vio lo que era el nazismo; Pablo Neruda y Jorge Amado, que no vieron lo que era el stalinismo, anduvieron por Rusia y nunca vieron lo que era un asesinato, nunca vieron que faltaba libertad de prensa, nunca lo vieron. García Márquez va a Cuba y no ve lo que pasa. Las mentes brillantes son también humanas y por lo tanto eso no es ninguna garantía de un juicio lúcido, objetivo.
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-Entonces, la cultura tampoco podría ser un freno.
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AGUINIS: -La cultura no alcanza si pensamos que el ser humano está provisto de una sorda, oculta tendencia al odio, a la violencia, tal vez por su desesperación de saberse mortal, de saberse finito, limitado.
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-¿Se puede vislumbrar qué es lo que va a pasar con esta gente?
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AGUINIS: -Yo pienso que este auge va a ceder. Pero la rebelión debe imponerse desde adentro y no desde afuera; desde afuera es vivida como una agresión. Hace falta apoyar a los pocos musulmanes lúcidos y valientes que están en contra de esto.
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Por Odile Baron Supervielle y Lorena Oliva


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