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| DOS AÑOS
DESPUES EL ATAQUE AL PENTAGONO RECIBIO MENOS ATENCION PUBLICA
Fue el tercer golpe de la terrible jornada. El vuelo 77 de American
Airlines, un Boeing 767 con 44 personas a bordo, secuestrado por comandos
suicidas de Al Qaeda y convertido en misil, hizo impacto contra el Pentágono,
símbolo del poder militar de la superpotencia mundial. Parecía
el edificio más seguro del mundo. Pero, el terrorismo demostró
con su frialdad criminal que nada está a salvo de sus tentáculos.
Parte de la maciza estructura fue destruida y murieron 125 personas, 70
civiles y 55 militares. El centro de atención del 11 de septiembre de 2001 estuvo y sigue
estando en las torres destruidas del World Trade Center y en todas las
consecuencias que ello significó para la ciudad de Nueva York,
para miles de familias que perdieron a sus seres queridos, para Estados
Unidos y en definitiva para toda la humanidad. Todo el planeta, de una
manera u otra, fue golpeada Por ello, muchos en el Pentágono han considerado que las muertes
ocurridas en ese ámbito a manos del terrorismo, hace dos años,
quedaron relegadas a un segundo plano. Las familias de los militares que perdieron la vida en el ataque han
recibido todo el apoyo posible para intentar restañar las profundas
heridas. Tienen el respaldo de un sistema de apoyo que existe desde hace
muchos años, en una nación que ha librado numerosas guerras,
en las que ha tenido miles de bajas. Ese sistema se traduce en lugares
de sepultura _el más notorio es el El 11 de septiembre de 2002, exactamente un año después
del ataque, el presidente Bus inauguró la reconstrucción
del Pentágono y destacó que esa obra es un gran homenaje
a las víctimas, a sus familiares, así como a quienes EN PLENO COMBATE Para los integrantes de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, los ataques terroristas no marcaron un final, sino el comienzo de un desafío como quizás nunca habían enfrentado, o por lo menos, de uno de características diferente, porque no se trata de luchar contra ejércitos convencionales, sino de enfrentar a un enemigo artero, traicionero, sediento de sangre, que puede atacar en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier manera. La primera misión que tuvieron, además del refuerzo de
la seguridad nacional en lugares clave del territorio estadounidense,
fue la invasión de Afganistán, donde Ejército, Marines
y Fuerzas Especiales de Estados Unidos, con el apoyo de la Fuerza Aérea
y la Armada, terminaron con el régimen talibán, que había
impuesto el terror de una sociedad opresiva y sin libertad, y desarticularon
los campamentos de entrenamiento y bases principales de la red terrorista
de Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden. La segunda operación militar, que por cierto suscitó resistencia
en la mayor parte del mundo, tuvo lugar en Irak, porque el presidente
George W. Bush, denunció al régimen -ahora derrocado- de
Saddam Hussein como una amenaza para la seguridad mundial por supuesta
posesión de armas de destrucción masiva con las que apoyaba
al terrorismo. En ese caso fue contra fuerzas militares habituales a las
que se agregaron combatientes irregulares de varios países de Medio
Oriente. Las Fuerzas Armadas estadounidenses han tenido numerosas bajas en la
guerra contra el terrorismo, una guerra como nunca se vio en la historia,
según ha manifestado el presidente Bush, porque además de
operativos militares -algunos conocidos y otros que no se revelan- también
implica permanente tarea de inteligencia y la aplicación de mecanismos
para buscar cortar los flujos financieros que mantienen en actividad a
los grupos terroristas. Tanto en Afganistán como en Irak -en este caso en medio de gran
polémica mundial- las Fuerzas Armadas de Estados Unidos continúan
las operaciones. En territorio iraquí están sufriendo bajas
casi diarias que acrecientan el dolor de un país, con el agregado
de que la mayor parte de las naciones no le acompañó en
esta guerra ni en la posterior ocupación. Qué curso tendrá para los soldados, en el futuro, la guerra
contra el terrorismo, resulta imprevisible en estos momentos porque la
amenaza terrorista continúa. |
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