|
||||
|
Lunes
| Año
- Nº
Internet Año - Nº | Montevideo - Uruguay |
||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||
| DOS AÑOS
DESPUES DESESPERADOS PEDIDOS DE AYUDA DESDE LAS DOS TORRES A PUNTO DE CAER
Era una mañana esplendente en Nueva York. Pero, de manera intempestiva,
todo se convirtió en un infierno con consecuencias que siguen golpeando
dos años después. El primer avión -el vuelo 11 de
American Airlines, un Boeing 767, con 92 personas a bordo- hizo impacto
contra la torre norte del World Trade Center, en Manhattan, a las 8.46
horas del 11 de septiembre de 2001. Se sucedieron escenas de destrucción,
pánico, dolor y muerte. El mundo se estremeció. A las 9.03
horas, el segundo avión -el vuelo 175 de United Airlines, un Boeing
767, con 65 personas abordo- se estrelló contra la torre sur del
World Trade Center. Más destrucción, dolor y muerte. El
mundo quedó consternado. Y, nada volvió a ser igual. Desde
ese momento, no sólo Estados Unidos, sino el mundo, viven bajo
el terror. Las acciones criminales del terrorismo -en este caso planificadas y ejecutadas
por Al Qaeda- destruyeron uno de los símbolos de Nueva York y de
la sociedad más próspera de la Tierra, sin importar cuántas
vidas fueron segadas, como parte de un siniestro plan que también
incluyó otro golpe asesino: a las 9.40 horas el tercer avión
-el vuelo 77 de American Airlines, un Boeing 757, con 64 personas a bordo-
dio en el blanco elegido: el Pentágono, símbolo del poderío
militar estadounidense, en Washington. El cuarto golpe criminal iba a
ser contra la Casa Blanca, pero la heroica acción de los 44 pasajeros
que viajaban en el vuelo 93 de United Airlines -un Boeing 757- impidió
que los comandos suicidas llegaran al objetivo y la aeronave se precipitó
en un campo de Pennsylvania. De esa terrible jornada que marcó a toda la humanidad, quedaron
dramáticos testimonios de sobrevivientes y de quienes murieron.
Son relatos de actitudes de valor, en medio del caos. Muchos testimonios
fueron difundidos por los medios de comunicación, con una serie
de historias personas y de grupos, que al entrelazarse, dieron la magnitud
del horror. Otros, se conocieron el 28 de agosto, cuando la Autoridad
Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey libraron al público las
transcripciones de las grabaciones de las comunicaciones telefónicas
entre sus Oficiales y equipos técnicos con personas atrapadas en
las torres, así como con la Jefatura de Policía de Nueva
York, el Aeropuerto de Newark y estaciones de subterráneo. "The New York Times" fue el primer medio que pidió,
hace 19 meses, el contenido de las grabaciones, y tuvo que recurrir a
la Justicia para obtenerlas. Las familias de las víctimas tuvieron
opiniones divididas en cuanto a la divulgación. Algunos lo consideraron
una intromisión sin justificación en la privacidad de quienes
murieron y quienes sobrevivieron. Otros expresaron su complacencia porque
permite conocer lo que le ocurrió a familiares y amigos. "TRATEN DE SALIR" Patrick Hoey, de 53 años, ingeniero civil y administrador de puentes
y túneles de la Autoridad Portuaria, se había congregado
con colaboradores en el piso 64 de la torre norte, donde había
monitores de video que controlaban esas vías de acceso y salida
de la ciudad. No estaban seguros cuál había sido la causa
de la impresionante explosión ocurrida 30 pisos más arriba.
Y, estaban menos seguros de lo que debían hacer. "Qué nos sugiere?", preguntó Hoey, en comunicación
telefónica con La Jefatura de Policía de Jersey City, 15
minutos después del primer ataque y poco antes de que se estrellara
el segundo avión contra la torre sur. Fue un consejo que pudo costarle la vida a Hoey y otros ingenieros. Miles de personas que estaban en los pisos debajo de donde hicieron impacto
los aviones en las dos torres, lograron sobrevivir. Dos años después,
sigue siendo un misterio por qué determinados grupos de personas,
como los ingenieros que estaban en el piso 64, murieron, en tanto cientos
que estaban en pisos más altos, salieron con vida. "Le entendí perfecto", respondió el Sargento. El grupo hizo lo que le recomendó el Oficial. Una hora y media
pasó y la atmósfera era irrespirable. "El humo está
empeorando", dijo Hoey en nueva comunicación con la Jefatura.
"Creo que vamos a bajar por las escaleras. ¿Tiene sentido
que lo hagamos?" "Muy bien. Adiós", señaló Hoey. EN EL PISO 106 Christine Olender, asistente del Gerente General del restaurante Windows on the World, ya había hecho todo lo que podía. Había reunido a los comensales del desayuno y a los empleados del restaurante en el piso 106 de la torre norte. Había verificado que las tres escaleras estaban invadidas por el humo. Llamó por teléfono al Puesto de Comando Policial de la Autoridad Portuaria, que estaba en la base de la torre. "Estamos confundidos. Necesitamos que nos indiquen, lo más pronto posible hacia dónde debemos dirigirnos", pidió Olender. El Oficial de Policía dio una respuesta poco alentadora: "estamos
haciendo todo lo que podemos. Tenemos movilizado al Departamento de Bomberos
y estamos intentando llegar al lugar donde están ustedes".
En los cientos de páginas de transcripciones de conversaciones
radiales y telefónicas del 11 de septiembre, los diálogos
con Olender, de 39 años, oriunda de Chicago y residente en el Upper
East Side de Manhattan, se destacaron, porque reiteró llamadas
para intentar salir de la trampa mortal en que se había convertido
la torre. Habló cuatro veces, siguiendo las instrucciones que le
dieron para que volviera a ponerse en contacto. "Hola. Soy Christine, desde Windows", dijo la mujer, al informarle
a la Policía que estaba junto a otras 100 personas en el piso 106.
(En realidad, estaban atrapadas 170 personas, incluyendo clientes y empleados).
"Necesitamos encontrar un lugar seguro en el 106, donde el humo todavía
es tolerable. Pueden dirigirnos hasta un determinado ámbito?" Otra vez, sólo surgió la reiteración de que las
cuadrillas de rescate estaban en camino. "¿En cuánto tiempo estima que llegarán?'',
preguntó Olender. "Lo más pronto posible... lo más pronto que sea humanamente La última grabación con la voz de Olender quedó
registrada 22 minutos después del ataque. El humo comenzó
a acumularse cerca de la parte más alta de la torre, a medida que
iba ascendiendo por el edificio como si fuera una chimenea. "El aire
puro está desapareciendo rápido!", exclamó Olender.
"No estoy exagerando". "Señora, sabemos que no está exagerando", dijo
el Oficial. "Christine, la tengo registrada. Hizo cuatro llamadas,
está con unas 75 a 100 personas, en Windows on the World, piso
106". A esa altura, era una respuesta insuficiente. "¿Podemos romper una venta?", consultó Olender. "Haga lo necesario para llegar al... bueno, al aire", dijo
el policía. "Muy bien". SOLO QUEDA REZAR El sargento Wozack estuvo recibiendo llamadas de personas desesperadas
que estaban perdidas en las torres y presentían el terrible desenlace.
"Ninguno de nuestros compañeros está herido",
dijo Wozack para intentar tranquilizar a la esposa de un policía
que participaba de las operaciones de rescate. "¿Está seguro? Mire que lo último que me dijo
era que estaban intentando subir por las escaleras, pero todo era muy
difícil", indicó la esposa del policía. "Señora, comprendo lo que me dice... lo comprendo. Debe ser
terrible", respondió Wozack. También atendió la llamada de un hombre que expresaba su
angustia porque estaba atrapado en el piso 103 de la torre norte, un lugar
en el que, al final, no hubo sobrevivientes. "Por favor abran las
puertas!", pedía el hombre. Era imposible. Cuando le informaron que se había derrumbado la torre sur, segando
las vidas de numerosos colegas, el sargento Wozack sólo pudo decirle
al capitán Devlin que estaba en línea telefónica
con él: "¡Por Dios!" Devlin dijo: "Hermano, por favor, rece". |
|
||||||||||||
|
|||||||||||||