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HÉCTOR
MANUEL VIDAL | DIRECTOR TEATRAL El
viaje de regreso hacia el Solís El director artístico de la Comedia Nacional habla sobre obras y costos del elenco, y también de lo que ocurrirá el 2 de Octubre cuando estrenen su primera obra en el Solís renovado: "Las mil y una noches"
La temporada 2004 de la Comedia Nacional está jalonada por un hecho histórico. El mismo día del aniversario de su creación, la compañía regresa, luego de cinco años de ausencia, a la casa que la vio nacer. El 2 de octubre estrenará Las mil y una noches en el teatro Solís. Sobre ese acontecimiento, la programación de este año, los costos económicos y las nuevas autoridades del Solís, habló el director de la Comedia Nacional, Héctor Manuel Vidal. El gran acontecimiento de este año, más allá de los estrenos, es el retorno al Solís. Sí, sin duda. Pero todo este proceso ha sido importante, aunque no se note de afuera. La Comedia ha tenido un trabajo muy experimental en estos últimos tiempos. Ya no pudimos planificar anualmente, como se hacía antes, sino programar por lo menos un año y medio, tendiendo a los dos. Eso quiere decir que lo que habíamos planificado como temporada 2003 y para no cortar los éxitos de público, aunque de todas formas algunos los tuvimos que cortar lo que vamos a estrenar en marzo de este año pertenece a la temporada 2003. Entonces, tenemos que cumplir eso, e inmediatamente ir al Solís a hacer una temporada que será la 2004-2005. ¿Eso quiere decir que hubo obras que pese a tener gran afluencia de público, las bajaron? Sí, es algo tradicional en la Comedia. Son tres elencos conjugados a la vez y hay una programación anual. Y porque a una le vaya bien no se puede alterar toda la programación, porque el elenco tiene que abocarse a otras obras. Eso nos pasó con Pericles, Proyecto Feria, La hora en que no sabíamos nada los unos de los otros, entre otras. Ahora está pasando con Las cosas que hacemos por amor que es un éxito abrumador, y si bien tuvimos grandes éxitos, éste parece que va a ser el más importante de todos. Esta situación de estar nómades, sin el Solís, nos ha hecho tener una gran agilidad en todo el equipo técnico que nos ha permitido ir a Chile, Córdoba y buena parte del Interior y de los barrios de Montevideo. El hecho de trabajar en tres salas nos sirvió mucho como gimnasia interna y como educación de este mecanismo de comunicación que es la Comedia. ¿La Comedia va a continuar con su política de invitar actores, directores y técnicos? Sí, incluso la intención es invitar a más actores, porque hemos invitado a muchos directores y a muchos técnicos, y no tanto actores. Pero todo es una cuestión de plata. Por lo general se invita en función de los pape- les, pero también a veces nos gustaría invitar a algunos en particular, sin llegar a forzar las cosas. Pero reitero, es un asunto de rubros. El 90 % del presupuesto de la Comedia se va en los cachets. Eso no se percibe o se percibe mal. Muchos creen que los costos se van en un espectáculo con mucho despliegue, o porque se use una tela cara. Un espectáculo con los actores vestidos de arpillera, en realidad, cuesta lo mismo. En realidad el gasto se va en pagar a la gente, como debe ser, en dar trabajo al artista. En cachets de invitados el año pasado la Comedia gastó 130 mil dólares. Hay quienes lo ven como un lujo en una época de grandes necesidades. Hay una real desconcepción con esto de la plata. En la medida en que se conoce el gasto, se arma el lío: si estuviéramos quietos gastando la misma plata, nadie diría nada. Pero eso es un problema de cómo se piensan las cosas en Uruguay. Me pasó algo similar en 1996, la vez anterior que estuve en la Comedia. Yo asumí en diciembre y tenía que estrenar en Turismo, y estaba preocupado porque no viniera nadie al Solís en plenas vacaciones. Por ese entonces pasaba un avioncito con unos altoparlantes que hacía la publicidad del 5 de oro, una inmobiliaria y una agencia matrimonial. Yo fui y lo contraté. Decía "El acero de Madrid, un clásico del humor en el Teatro Solís". Y fue un éxito bárbaro. Creo que nos salía el precio de cinco butacas. Y fue un éxito, iban 300 o 400 personas por función. Bueno, eso provocó un escándalo nacional. Se discutió sobre la polución sonora, lo cual era cierto. El caso benefició primero a la Comedia, porque el avioncito llevó un montón de público y después a la comunidad toda, porque se prohibió ese tipo de publicidad. El único que se perjudicó fue el del avión. La desproporción es, como dijo una vez Carámbula, tener un Mercedes y no sacarlo para no gastar nafta. Ahí necesitás hacer un gasto porque repercute en dividendos. Trae gente al teatro, la Comedia cumple su papel social y cultural y te permite hacer acuerdos con empresas. Nosotros hicimos 200 contratos artísticos en dos años. Muchos contribuyentes pueden pensar que es una cifra desmedida que sólo en cachets de invitados se gasten 130 mil dólares. Cualquier cifra les va a parecer caro, desde 10 mil dólares a un millón. En un momento las cifras empiezan a no significar nada. Gracias a esta política hicimos un acuerdo con el Banco Comercial, que nos da 48 mil dólares en dos años. Pero si no invertimos nada, el banco no te da nada. Y hablo sólo del Comercial, pero hay otras empresas, como Creditel o Socio Espectacular. ¿Eso repercute en una rebaja de las entradas? La rebaja ya está hecha. La entrada cuesta 60 pesos y 50 a los que tienen descuento. Los domingos los jubilados van gratis. Agotan gratis las funciones, sin dar un peso. El gasto sería enorme si no tuviéramos ninguno de esos acuerdos que le hacen entrar dinero a la Comedia. Siguiendo en la línea del abogado del diablo, a la gente le parece que en momentos de crisis, gastar ese dinero en teatro es superfluo. Es un error magnífico, porque además las cifras no son esas, son mucho mayores, en el entorno de los 600 mil dólares. Creo que hay que ir al fondo cultural del asunto. Esto no es un gasto, es una inversión. Por algo estas cosas en el mundo, desde hace 30 años, se llaman industrias culturales. Por algo las industrias culturales son las que trancan las conversaciones entre Estados Unidos y Europa, por algo las discusiones con las empresas que quieren monopolizar la televisión, el cine y todo lo que es la ficción en el mundo. Por algo los países más desarrollados del mundo tienen los teatros más desarrollados del mundo. Pero aún en las cabezas más esquemáticas esto es redituable para el Estado y la actividad privada: se mueven las barracas, las casas de telas, el transporte, un montón de rubros, todos los cuales generan IVA para el Estado. Esto no es un lujo, es una necesidad imprescindible. Nadie espera tener arreglado su problema de salud, su problema de vivienda y de vestimenta para prender el televisor, ir al tablado, leer o escuchar música. La gente hace las cosas globalmente. Tan es así que los tres grandes temas de discusión en el mundo son lo militar, lo económico y lo cultural. Los economistas señalan que la cultura y el entretenimiento, serán la primera industria mundial en el siglo XXI. En Estados Unidos, que la llaman arte y comunicaciones, ya está en segundo o tercer lugar. Y nosotros gastamos en eso, consumiéndolo. Y eso sí es gasto y no inversión. Por favor que no se entienda esto como un llamado a cerrarse a lo de afuera, todo lo contrario. Es como aquella imagen de Gandhi, que decía que la cultura debía ser como una casa con puertas y ventanas abiertas para que entrara el viento, pero que había que cuidar que el viento no te llevara la casa. El tema de la identidad cultural es central hasta para la economía, porque es la cultura la que forma las cabezas que luego son las que conducen todo esto. Y eso está íntimamente relacionado con la educación: la educación no es un gasto, es una imprescindible inversión para el proyecto de país que se quiera hacer. Para mucha gente los estímulos deben provenir del sector privado. Si el Estado no se hubiera metido, el cine no existiría en ningún país del mundo. La industria cinematográfica se genera. Uruguay se salteó la historia del cine toda entera. Hubiera sido otro país con una historia cinematográfica, que al Estado le hubiera costado nada. En el año 51 en Uruguay iban al cine 21 millones de espectadores. Con un impuesto de un 1% o de un 2% hubiéramos tenido esa industria, que hubiera generado divisas, exportaciones de diversa clase y movido la economía. Sin contar que hubiera generado otro perfil y otra autoestima en los uruguayos. La Comedia lleva 40 mil personas a las salas, le da de comer a mucha gente, y lo hace para mucha gente. Y es sólo la Intendencia de Montevideo la que se encarga. Si, la Comedia se llama Nacional, pero es departamental. Es algo que viene de aquella maniobra de Zavala Muniz. Sí, fue una trampa política y esa cabeza uruguaya sigue funcionando así. La Comedia tendría que ser nacional verdaderamente. Si lo que vierte Montevideo en la Comedia lo virtieran los Ministerios a los que esto les sirve como el de Industria y Energía, Educación y Cultura o el de Turismo si entre todos ellos pusieran lo mismo para un fondo nacional de teatro, no para a la Comedia, sino para los otros teatros, se generaría un movimiento formidable. En temporada turística nos llueven los convenios con hoteles y delegaciones para hacer funciones para los turistas. No es sólo el sol y la playa lo que atrae al turismo. Hay un estudio de Manuel Esmoris que señala que el Solís y el Sodre juntos suman una oferta de butacas que superaría la demanda. Es muy simple: hay que llenarlas. Si no se llenan, algo se está haciendo mal o algo no se está haciendo. La gente tiene esa necesidad. Hay un dato relevante: de 150 horas semanales de ficción que emite la televisión nacional abierta (no por cable que es mucho más) sólo una es uruguaya. Los otros países que producen esas 149 horas de ficción, ¿son imbéciles? ¿Son tan idiotas que tiran plata todo el tiempo y nosotros somos tan macanudos que la recogemos y no nos cuesta nada? ¿Se equivocan todos ellos menos nosotros? La polémica designación de un director Entrando en el tema del Solís, se ha criticado la designación del director general Gerardo Grieco. Hay críticas en dos direcciones. La más sonada es que no se hizo por concurso. La otra es que él no es una figura consular de la cultura uruguaya como para tener ese cargo. Yo voy a dar mi opinión, no la de la Comedia. No conozco todo el mundo, pero conozco bastante de Francia, Alemania, España, Chile, Costa Rica, Venezuela, Brasil y Argentina y en ninguno de esos países estos cargos son por concurso. Son cargos de particular confianza, pero no confianza como acomodo, sino confianza de verdad. El caso histórico del San Martín de Buenos Aires, es el de Kive Staiff, que entró con los radicales, luego vinieron los peronistas y lo sacaron y tuvieron que volver a llamarlo, luego vinieron los militares y lo sacaron de nuevo para volver a llamarlo, luego volvieron los radicales y pasó lo mismo, y luego volvieron a sacarlo para volver a llamarlo. Es evidente que es el hombre que tiene que estar en el San Martín. Son cargos de confianza. Pensando en forma exagerada, es como pedir que el ministro del Interior entre por concurso. Pero por reducción del absurdo y conociendo cómo funciona este país a nivel administrativo, si alguien gana ese cargo por concurso y hace una pésima gestión, ¿cómo lo sacás? Porque además es una materia tan opinable... Mi opinión es que es un cargo que no tiene que otgorgarse por concurso, aunque la Intendencia dijo que luego sí se va a llamar a concurso. Segunda parte de la pregunta: creo que Grieco es el único que hay en este momento. Durante su gestión en la Sala Zitarrosa metió 371 espectáculos en 365 días. Conoce el municipio y sus reglamentaciones por dentro y sabe cómo proponer cambiarlas también. Además es vocacional y no es por plata, porque no gana mucho más en el Solís que en Zitarrosa. Otro teatro que hizo muy bien las cosas en plena crisis fue El Galpón, que tiene a Héctor Guido como director. Nombro gente que hay en este momento. Bueno, Guido dirige a El Galpón aunque su vocación es la de actor y la de director, las que en buena medida ha relegado para gestionar. Pero no tiene que ser una figura consular, tiene que ser alguien que gestione, que es una materia muy específica. Escoger una figura consular de la cultura es manejarse por el qué dirán. Pero el Solís va albergar espectáculos de ópera, de música clásica, de teatro, quizá de ballet. ¿Grieco es idoneo para programar en esas disciplinas? El es el director general del teatro, pero también hay un consejo artístico que sería el que plantea las líneas artísticas. Si va a diseñar la temporada de ópera va a estar en permanente consulta con García Vigil y, en teatro, conmigo. También hay que empezar a pensar en cómo se va a coordinar la gestión del Solís con la del Sodre. En mi opinión tienen que coordinarse para no afectarse uno al otro, pero también tienen, para mí, que competir. No una competencia infame, desde luego, pero si cierta competencia porque eso nos favorece a todos. De todas formas creo que hablar de estos temas es positivo, porque en la medida en que se discute, mucha gente puede dar buenas ideas para mejorar esto, y que tanto el Sodre como el Solís se descentralicen y se autogestionen. A veces la centralización provoca cosas absurdas, y controla los gastos con la misma irracionalidad con la que se derrocha. Acá pasó que una soprano francesa que vino a actuar a Uruguay tuvo que firmar una declaración jurada de que no era funcionaria pública para poder cobrar. Y no se le puede adelantar dinero a elencos, con lo que no se puede programar con una año de anticipación por lo menos, como se hace en todas partes: dejemos de tener un teatro de cuarta para tener uno, al menos, de segunda. Los estrenos del 2004 La Comedia Nacional tiene una agenda nutrida para este año. En los primeros meses de la temporada, el público tendrá la revancha de ver dos obras de gran repercusión durante el 2003. Ayer repuso Calibre 45 en el teatro El Galpón y el 25 de marzo repone Las cosas que hacemos por amor, una comedia que se convirtió en el éxito estival del elenco municipal, bajo la dirección de Jorge Denevi. Dentro del programa de estrenos, los primeros en subir a escena a partir de mayo, serán Caníbales, de Tabori, que irá en el Teatro Victoria con dirección de Coco Rivero y Damas y caballeros de Jacobo Langsner, en el Stella DItalia. En julio se estrenará Mujeres, una obra heterodoxa que integra textos de los clásicos griegos como Eurípides, Sófocles y Esquilo, con fragmenos de obras, narraciones y canciones rioplatenses, todos ellos referidos obviamente a las féminas. La pieza, que se dará en el Teatro Victoria, será dirigida por Nelly Goitiño. En setiembre, Mario Ferreira dirigirá El viento sobre los álamos, de Sibleiras, en Sala Verdi. El 2 de octubre será un día de gloria para la Comedia Nacional y no sólo porque se cumple un nuevo aniversario de su creación, sino porque regresa a su escenario natural: el Solís. El elenco regresará a casa con un verdadero desafío artístico. El elenco se propone llevar al escenario un clásico de la literatura universal: Las mil y una noches. Esta obra de ambiciosa realización será un verdadero esfuerzo colectivo, ya que estará dirigida por una decena de directores, que escogerán cada uno un capítulo. Ellos son Horacio Buscaglia, Jorge Curi, Mariana Percovich, Richard Ferraro, Marianela Morena, Graciela Figueroa, Martín Romanelli y los Perazza, de Títeres Cachiporra, quienes podrían hacer su propio capítulo o poner su arte al servicio de otros directores. Según explicó el director del elenco Héctor Manuel Vidal, esta idea nace de un proyecto que venían trabajando Ismael da Fonseca y Alicia Dogliotti. AÑO 2001 Durante esa temporada los elencos de la Comedia realizaron 307 funciones. La taquilla registró la asistencia de 24.688 espectadores. AÑO 2002 Las cifras comenzaron a elevarse, no tanto en relación a las funciones, que fueron 317, sino en la convocatoria del público: se tuvo 40.096 espectadores. Esta cifra no toma en cuenta el público de la obra Proyecto Feria, que al haberse representado en las ferias montevideanas es imposible de cuantificar. AÑO 2003 Los números marcan un descenso en la cantidad de funciones, que llegaron a las 257. Sin embargo, crece la popularidad de las mismas, alcanzándose a los 42.405 espectadores. HITOS La obra El último yanqui fue vista, incluyendo giras, por 16.000 espectadores. Las cosas que hacemos por amor, en su primer mes de cartelera, llevó 5.000 personas a la sala. La obra La hora en que no sabíamos nada los unos de los otros, de caracter experimental y sin diálogos entre los actores, llevó 6.862 espectadores. |
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