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Miércoles 24 de mayo de 2006 - Año 88 - Nº 30454
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Un libro bienvenido

El libro Rodó en Inglaterra, rastrea la influencia del máximo intelectual uruguayo en el pensamiento de un prominente político inglés, Aneurin (Nye) Bevan (1897-1960).
Es un libro de rigor académico y gran utilidad, en el que hay que celebrar el esfuerzo de quien trabaja contra la corriente. Rodó no es popular en Uruguay y debería serlo.
Por ello no está nada mal que se nos recuerde, como lo hace San Román, que su obra “tuvo ecos significativos en Estados Unidos, donde se publicaron dos traducciones” –1922 y 1988- por “iniciativa de altos diplomáticos estadounidenses en el Río de la Plata, a quienes dio que pensar un libro que, entre otras cosas, criticaba el materialismo de su país”. Un autor estadounidense, Richard M. Morse, en 1982, publicó El espejo de Próspero, que dio lugar a un debate con intelectuales uruguayos y brasileños. Y la reciente History of Latin American Literature publicada por la Universidad de Cambridge, demuestra la importancia atribuida a Rodó, dedicándole espacio en dos de sus capítulos.
Las repercusiones de la obra de Rodó en España y Francia son conocidas, pero fue el caso de Inglaterra el que llamó la atención de San Román. Rodó no manejaba el idioma inglés; tampoco tenía contactos personales en Inglaterra y nunca visitó ese país. Por lo demás, las fuentes inglesas que manejaba, como los políticos Macaulay y Bagehot, o los filósofos John Stuart Mill y Spencer, son bastante menos numerosas que las fuentes francesas.
Sin embargo fue en el país de Shakespeare, que la obra de este uruguayo tan desconocido para los uruguayos logró filtrarse como influencia importante, en la formación intelectual del político laborista. Bevan creó en 1948, el Servicio Nacional de Salud, uno de los logros que enorgullecen a la nación inglesa.
Michael Foot, un ex líder laborista que en 1962 realizó una biografía monumental de Bevan afirmó que “junto a Marx, y en ciertos aspectos superando a Marx, Rodó fue una influencia fundamental en su formación intelectual”. Para San Román, “este intrigante dictamen” fue su inspiración principal.
Hubo además, tres reseñas periodísticas de las traducciones inglesas de Ariel y Motivos de Proteo. La más trascendente, según San Román, es la de Havelock Ellis (1859-1939), publicada en Londres en noviembre de 1917, con motivo de la muerte de Rodó, ocurrida en mayo de ese año.
En ese ensayo, Ellis califica a Rodó no sólo como el mejor escritor de América del Sur, sino “de todo el idioma castellano, y uno de los espíritus más distinguidos de nuestros tiempos”.
Ellis resaltaba la postura democrática de Rodó: “sólo la democracia puede conciliar la igualdad en el comienzo con una desigualdad al final, brindando todas las posibilidades a los mejores y más aptos para trabajar para el bien de toda la comunidad. Así considerada –sostenía Ellis- la democracia se convierte en una lucha, no para reducir a todos al más bajo nivel, sino para elevar a todos al más alto grado de cultura posible”.
Para San Román no queda duda de que Ellis “aprobaba la postura de Rodó y deseaba promoverla en Inglaterra [así como que] su elogiosa reseña iba a tener un poderoso efecto en una figura muy diferente tanto del presentador como del presentado: el carismático político socialista, Aneurin Bevan”.
San Román reafirma en su ensayo, una opinión que figura en la clásica biografía de Víctor Pérez Petit y en el libro de Benedetti publicado por Eudeba; la de que Rodó era un tímido intelectual. Rodó y Ellis eran tímidos intelectuales, dice.
Quizá se confunda timidez con dificultad para la sociabilidad. Si bien se mira, el adjetivo tímido, que el diccionario define como temeroso, medroso o apocado, no cuadra para quien se enfrentó con el político más importante de su tiempo, el dos veces presidente José Batlle y Ordóñez.
Rodó no era tímido; quizá fuera poco sociable, pero no tímido. Ese adjetivo parece una atribución errónea, para caracterizar al intelectual más filoso y con más carácter de la historia uruguaya.
Probablemente San Román pretenda contraponer la imagen de Rodó a la de Bevan, “famoso por su oratoria brillante e irónica”, para sugerir que mientras Rodó era el intelectual por excelencia, que procuraba aislarse del mundo, Bevan, era el político por antonomasia, absolutamente metido en el mundo. Sobre el final de su ensayo, San Román establece que “además de figuras paralelas, Rodó y Bevan pueden verse como personajes complementarios”.
En síntesis, si ubicar a Rodó en un lugar central es una tarea decisiva para el futuro, este libro camina en esa dirección y merece leerse. Al mismo tiempo advertiremos que quizá nos equivoquemos desde hace mucho con los intelectuales que proyectamos y con los que desplazamos.
Por todo ello hay que dar la bienvenida a este libro que puede incluirse en el inventario de las nuevas buenas –y todavía pocas- cosas que están empezando a ocurrir.

D. M.

Rodó en Inglaterra, la influencia de un pensador uruguayo en un ministro socialista británico, de Gustavo San Román, Asociación de amigos de la Biblioteca Nacional, Montevideo, julio de 2002, 97 pp.

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