Un libro bienvenido
El
libro Rodó en Inglaterra, rastrea la influencia
del máximo intelectual uruguayo en el pensamiento de un
prominente político inglés, Aneurin (Nye) Bevan
(1897-1960).
Es un libro de rigor académico y gran utilidad, en el que
hay que celebrar el esfuerzo de quien trabaja contra la corriente.
Rodó no es popular en Uruguay y debería serlo.
Por ello no está nada mal que se nos recuerde, como lo
hace San Román, que su obra tuvo ecos significativos
en Estados Unidos, donde se publicaron dos traducciones
1922 y 1988- por iniciativa de altos diplomáticos
estadounidenses en el Río de la Plata, a quienes dio que
pensar un libro que, entre otras cosas, criticaba el materialismo
de su país. Un autor estadounidense, Richard M. Morse,
en 1982, publicó El espejo de Próspero, que dio
lugar a un debate con intelectuales uruguayos y brasileños.
Y la reciente History of Latin American Literature publicada por
la Universidad de Cambridge, demuestra la importancia atribuida
a Rodó, dedicándole espacio en dos de sus capítulos.
Las repercusiones de la obra de Rodó en España y
Francia son conocidas, pero fue el caso de Inglaterra el que llamó
la atención de San Román. Rodó no manejaba
el idioma inglés; tampoco tenía contactos personales
en Inglaterra y nunca visitó ese país. Por lo demás,
las fuentes inglesas que manejaba, como los políticos Macaulay
y Bagehot, o los filósofos John Stuart Mill y Spencer,
son bastante menos numerosas que las fuentes francesas.
Sin embargo fue en el país de Shakespeare, que la obra
de este uruguayo tan desconocido para los uruguayos logró
filtrarse como influencia importante, en la formación intelectual
del político laborista. Bevan creó en 1948, el Servicio
Nacional de Salud, uno de los logros que enorgullecen a la nación
inglesa.
Michael Foot, un ex líder laborista que en 1962 realizó
una biografía monumental de Bevan afirmó que junto
a Marx, y en ciertos aspectos superando a Marx, Rodó fue
una influencia fundamental en su formación intelectual.
Para San Román, este intrigante dictamen fue
su inspiración principal.
Hubo además, tres reseñas periodísticas de
las traducciones inglesas de Ariel y Motivos de Proteo.
La más trascendente, según San Román, es
la de Havelock Ellis (1859-1939), publicada en Londres en noviembre
de 1917, con motivo de la muerte de Rodó, ocurrida en mayo
de ese año.
En ese ensayo, Ellis califica a Rodó no sólo como
el mejor escritor de América del Sur, sino de todo
el idioma castellano, y uno de los espíritus más
distinguidos de nuestros tiempos.
Ellis resaltaba la postura democrática de Rodó:
sólo la democracia puede conciliar la igualdad en
el comienzo con una desigualdad al final, brindando todas las
posibilidades a los mejores y más aptos para trabajar para
el bien de toda la comunidad. Así considerada sostenía
Ellis- la democracia se convierte en una lucha, no para reducir
a todos al más bajo nivel, sino para elevar a todos al
más alto grado de cultura posible.
Para San Román no queda duda de que Ellis aprobaba
la postura de Rodó y deseaba promoverla en Inglaterra [así
como que] su elogiosa reseña iba a tener un poderoso efecto
en una figura muy diferente tanto del presentador como del presentado:
el carismático político socialista, Aneurin Bevan.
San Román reafirma en su ensayo, una opinión que
figura en la clásica biografía de Víctor
Pérez Petit y en el libro de Benedetti publicado por Eudeba;
la de que Rodó era un tímido intelectual. Rodó
y Ellis eran tímidos intelectuales, dice.
Quizá se confunda timidez con dificultad para la sociabilidad.
Si bien se mira, el adjetivo tímido, que el diccionario
define como temeroso, medroso o apocado, no cuadra para quien
se enfrentó con el político más importante
de su tiempo, el dos veces presidente José Batlle y Ordóñez.
Rodó no era tímido; quizá fuera poco sociable,
pero no tímido. Ese adjetivo parece una atribución
errónea, para caracterizar al intelectual más filoso
y con más carácter de la historia uruguaya.
Probablemente San Román pretenda contraponer la imagen
de Rodó a la de Bevan, famoso por su oratoria brillante
e irónica, para sugerir que mientras Rodó
era el intelectual por excelencia, que procuraba aislarse del
mundo, Bevan, era el político por antonomasia, absolutamente
metido en el mundo. Sobre el final de su ensayo, San Román
establece que además de figuras paralelas, Rodó
y Bevan pueden verse como personajes complementarios.
En síntesis, si ubicar a Rodó en un lugar central
es una tarea decisiva para el futuro, este libro camina en esa
dirección y merece leerse. Al mismo tiempo advertiremos
que quizá nos equivoquemos desde hace mucho con los intelectuales
que proyectamos y con los que desplazamos.
Por todo ello hay que dar la bienvenida a este libro que puede
incluirse en el inventario de las nuevas buenas y todavía
pocas- cosas que están empezando a ocurrir.
D.
M.
Rodó en Inglaterra, la influencia de un pensador
uruguayo en un ministro socialista británico, de Gustavo
San Román, Asociación de amigos de la Biblioteca
Nacional, Montevideo, julio de 2002, 97 pp.
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