Saltando
a escena, obstáculos y costos
Hay un sueño común en muchos adolescentes ni
bien descubren la música: ponerse una guitarra al hombro y salir
a "conquistar el mundo". Si el Chole/Enano/Peluffo lo logró,
¿por qué yo no? Esta bien puede ser la frase que usan
como aliciente los jóvenes que se reúnen con sus amigos, tal
vez en el garage de la casa de uno, o en la calle mismo, para sacar algunos
covers primero, y luego probar con canciones propias. 
¡Si ni siquiera hace falta ser un virtuoso! Otra de las
premisas que puede servir de arenga. Sid Vicious nunca aprendió a
tocar el bajo, de Kurt Cobain no puede decirse que era un gran guitarrista,
a Charly García cada vez se le escucha con menos voz, y las letras
de Kiss no son ninguna maravilla literaria.
Desgraciadamente, las imágenes de Keith Richards y Paul McCartney
(y sin ir tan lejos, Fito Páez) devenidos dioses del planeta rock,
que se codean con el jet set y cuyas cuentas bancarias tienen varios ceros
a la derecha, no son más que una realidad reservada a una minoría
que, encima, proviene de una parte del mundo que no suele ser la nuestra.
El músico que dice estar haciendo dinero con el rock acá,
miente, asegura Tabaré Rivero como para dejar en claro su postura.
Es que son muchas las dificultades que se enfrentan a esos amigos que quieren
juntarse para formar una banda. En los diferentes concursos que se organizan
son cientos y cientos los grupos que se presentan. Ocurre algo similar a
las divisiones inferiores del fútbol: son muy pocos los que llegan
a primera. Y luego hay otra analogía: son mucho menos todavía
los que triunfan. |
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