Publicado
el 13 de agosto
Ancap: sobra
nafta, falta futuro
R. Aguirre
y E. Etchevarren
Ancap produce
más nafta de la que Uruguay consume, tiene un gasoil de
mala calidad y sus combustibles son los más caros de la
región. La empresa acaba de ampliar la planta de La Teja,
pero no sabe qué hará con el excedente de nafta
que no puede vender, por falta de competitividad, en las 300 estaciones
de servicio que compró en Argentina.
En medio de
ese panorama incierto, el futuro de la petrolera uruguaya se jugará
en una consulta popular que definirá si se mantiene o deroga
la ley que le permite asociarse con una empresa privada.
Un informe
elaborado por la Asociación de Ingenieros Químicos
(AIQ) afirma que la refinería de La Teja requerirá
de inversiones sistemáticas en el corto plazo para mantener
una utilidad positiva y salvarse del cierre. Pero al mismo tiempo
advierte que la suerte final del negocio dependerá del
control que el Estado tenga sobre el plan de negocios de la futura
sociedad, un término que, para los especialistas, es la
verdadera clave de una solución.
Ancap quedó
empantanada en su último plan de negocios diseñado
por la anterior administración. El mismo preveía
ampliar la refinería y vender el combustible en Argentina.
Ese plan sucumbió por problemas propios del negocio y por
la crisis regional.
La ley de
Ancap es, para sus promotores, una alternativa para sortear la
situación. El objetivo es que una compañía
petrolera internacional se asocie con Ancap e incluya la refinería
en un plan de negocios viable.
Para conseguirlo
la ley prevé conceder al socio privado el 49 por ciento
de las acciones de la asociación, transferirle por 30 años
el usufructo de los bienes de Ancap aunque no la propiedad
y dejar en sus manos el gerenciamiento del negocio, un aspecto
cuestionado por los opositores.
La ley exige
en cambio el consentimiento de los representantes del Estado en
una serie de decisiones estratégicas. (Ver nota aparte).
El debate
sobre el referéndum comenzó con un alto contenido
político y los discursos apasionados dominarán el
panorama nacional en lo que queda del año. La situación
concreta del ente petrolero uruguayo es mucho menos apasionante.
HACIENDO NUMEROS.
Ancap facturó 700 millones de dólares en el año
2002, cobró 193 millones de dólares por concepto
de impuestos incluidos en el precio del combustible,
pero su ganancia neta fue de sólo 17 millones de dólares.
El 40 por
ciento del precio que el automovilista paga cuando carga combustible
en la estación de servicio responde al costo del petróleo
y un 30 por ciento a los impuestos directos. El resto se reparte
entre el costo de distribución (10 por ciento) y otros
impuestos que paga el ente (10 por ciento). El costo de refinar
ese combustible denominado "costo Ancap"
representa el restante 10 por ciento.
Ancap tiene
en sus planillas 2.300 empleados, de los que 700 trabajan en las
áreas vinculadas a la producción de combustible.
En la planta de La Teja se desempeñan sólo 200 de
ellos.
La refinería
acaba de ser remodelada. Pablo Abdala, director de Ancap, estimó
que en 75 días la planta aumentará su capacidad
de refinación de 37 mil a 50 mil barriles diarios y estará
en condiciones de producir nafta sin plomo.
El consumo
de combustible en Uruguay es de aproximadamente 30 mil barriles
diarios y está en caída. Qué hacer con los
miles de barriles excedentes, es una pregunta aún sin respuesta.
El plan original
diseñado por el anterior directorio era vender
esa gasolina en la red de 300 estaciones de servicio que Ancap
compró en Argentina. Sin embargo, hoy Ancap está
fuera de ese mercado, ya que no puede competir con las naftas
argentinas, más baratas y de calidad superior.
"El proyecto
de ampliación es bueno, pero a la vez insuficiente y nos
deja planteado el problema de qué hacemos con los excedentes
de combustible", dijo Abdala.
La remodelación
de La Teja costó 120 millones de dólares.
El costo de
la refinería, denominado "costo Ancap" es para
muchos una incógnita. Ingenieros privados estiman que en
el año 2001 Ancap ganaba 5 dólares por cada barril
refinado, pero gastaba 4 dólares en el proceso. Según
esas estimaciones, el margen de utilidad neta era de 1 dólar
por barril.
Abdala afirmó
que la última auditoría de Ancap arrojaba un costo
por barril de 3.80 dólares y señaló que el
margen de utilidad había mejorado aunque no pudo precisarlo.
LOS PRECIOS.
Tanto los especialistas consultados por El País, como los
propios directivos de Ancap admiten que el precio del combustible
al público no tendrá una baja significativa o automática
en el corto plazo aun cuando se confirme la ley.
La nafta que
vende Ancap es un 50 por ciento más cara que la que se
comercializa en Argentina, Brasil y Chile (ver infografía).
La ley prevé
un mecanismo para adecuar el precio de los combustibles a los
de la región, obligando al socio a alinear el costo de
los productos "en puerta de refinería" (es decir,
sin tomar en cuenta los impuestos) con lo que costaría
el mismo combustible si fuera importado.
Para alcanzar
esa paridad, la ley aprobada en el año 2001 establece como
plazo el 31 de marzo de 2004, pero se estima que a raíz
de las demoras en el proceso de asociación esa fecha deberá
ser postergada.
"Yo creo
que se puede decir que el precio debe bajar y puede bajar. No
me animaría a decir que esa rebaja sea significativa. Sí
digo que hay una obligación legal de alcanzar la paridad
de importación", afirmó Abdala, quien también
reconoció que si la ley se confirma habrá que corregir
el plazo porque "a esta altura es imposible cumplir".
Pero el referéndum
no sólo dejó sin efecto ese plazo, sino que también
puede postergar el proceso de asociación aunque la ley
sea ratificada. "Habría que esperar al próximo
gobierno para concretar la asociación porque, si la ley
se ratifica en diciembre se va a implementar el año próximo
que es año electoral. Seguramente esa será una de
las claves que cualquier inversor querrá conocer".