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UN PAIS DEPENDIENTE | Lo que se recauda por el principal rubro de exportación que existe no alcanza para pagar el combustible que se necesita

El petróleo se come toda la carne

Con esfuerzo, se aumentan nuestros ingresos de divisas. Pero por la otra ventanilla se esfuman las ganancias


CONSULTORA SERAGRO

Que somos un pequeño país dependiente no escapa al conocimiento de nadie. Tenemos, sin embargo, una serie de recursos naturales que han definido nuestro perfil económico desde antes que existiéramos como nación, y que nos siguen dando la salida cuando todo lo demás se tranca.

Pero la carencia de algunos recursos básicos también nos pesa, particularmente aquellos rubros de los que no podemos prescindir, pero también de otros que sí producimos, o que son competitivos con sustitutos de producción local, pero que nuestra ubicación geográfica nos impone una limitación insalvable a la hora de intentar desarrollarlos en nuestro territorio.

En el primer grupo de productos tenemos el petróleo: no lo hemos encontrado en nuestras tierras ni en las aguas de nuestra plataforma continental, a pesar de que nuestros vecinos son importantes productores del oro negro.

En el otro grupo, existe una serie de productos que consumimos pero no producimos; o si lo hacemos, incurrimos en costos excesivamente gravosos, por razones climáticas o geográficas que no podemos superar con tecnología o capital. La yerba y las bananas encabezan la lista de productos de origen tropical, que suman abultadas cifras de nuestras importaciones. En esa lista figuran además el café, el té, y muchas otras frutas y productos tropicales cuya produccion es imposible o ineficiente en nuestro territorio.

Un paréntesis obligado; este año se da una situación anómala: el trigo, que por segundo año consecutivo debimos importar en grandes cantidades, lo producimos siempre internamente a costos competitivos; la carencia actual se trata de situaciones coyunturales de la producción, que habrán de corregirse en el futuro, si los números del negocio así lo justifican.

CARNE VS. PETROLEO. Lo que aquí presentamos es la importancia relativa que tienen nuestros dos principales ítems de comercio exterior de bienes; uno que vendemos y otro que compramos: carne y petróleo, cuyas cuentas aparecen comparadas en la gráfica adjunta.

La carne vacuna es el principal rubro de nuestras ventas externas, y este año su recaudación se ubicará entre los U$S 380 y 400 millones a fin de año. Si no ocurren cosas extrañas, el año próximo debería superar los 500 millones, sin que por eso se acerque mínimamente a su potencial inexplotado: tiene un gran trecho para recorrer, pero paso a paso, con esfuerzo, riesgo, y dejando soldados muertos por el camino.

Como galeotes, remando contra la corriente, venimos repechando la cuesta por la que rodamos hace un par de años. Mercado a mercado, negocio a negocio, papel a papel, trabajosamente, vamos recuperando posiciones.

Es recién en los últimos meses que empezamos a vislumbrar los cambios positivos, que se reflejan en la suba del precio promedio de la tonelada de carne exportada: en mayo valía U$S 993 la tonelada carcasa, y las ventas en lo que va de octubre promedian 1.387, un excelente 40 % más. Todavía no alcanzamos los precios del 98, cuando Argentina había enloquecido, que promediaron los U$S 1.600 la tonelada en el año; pero ya llegamos a los 1.354 del año 2000, cuando exportábamos a todo el mundo, porque estábamos libres de aftosa.

BARRIL SIN FONDO. Pero los dólares que vierte esta canilla de oro se van por el caño: los gastos petroleros reenvían todos los dólares que la carne capta, y más, hacia otros lares; el país sorbe petróleo como si fuera agua gratis.

Estos días se está discutiendo con furia qué hacer con la empresa petrolera estatal. Pero nunca se discute el tema de fondo: ¿este país puede gastar alegremente 370 millones de dólares (como lo que va gastando este año) en un producto del que carece absolutamente, sin intentar alguna campaña de restricción, de austeridad, de racionalización, que, convocando a la población a colaborar con sus infinitas iniciativas, alivie en algo esta pesada cuenta que pesa sobre la economía nacional?

El transporte, el combustible que utilizan las industrias, y aún el gasto corriente del público, admiten variantes, alternativas, que pueden contribuir a reducir el problema.

La dilapidación de fondos verdaderamente escasos que supone la actual estructura de funcionamiento, acentúa nuestra dependencia de factores externos que en nada controlamos.

A la espera de una explicación lógica sobre la inacción, nos preguntamos si no será tal vez que, como el gasto en combustibles recauda sin esfuerzo una porción importante de la caja del Estado, los administradores públicos no se muestran muy entusiasmados a la hora de reducir su consumo.

Para peor, cualquier episodio de orden climático adverso, como son las sequías locales o regionales —que evaporan el agua de las represas—, nos agregan complicaciones siempre inoportunas. Esos percances nos obligan a comprar ingentes cantidades adicionales de petróleo al poner en funcionamiento las centrales termoeléctricas, que sustituyan la producción de electricidad de origen hídrico. Este hecho nos demuestra que el tema del petróleo se inscribe en el gran tema de la energía, donde entra la electricidad, el gas y sus cañerías, el viento y el sol como fuentes alternativas, que si bien son menores, no es cuestión de despreciarlas cuando la cuenta está en rojo.

Peripecias de un sujeto muy pasivo

Salta a la vista la dependencia de nuestro país de factores de mercado internacional que no controlamos en absoluto; si tenemos escasa incidencia en los valores a los que podemos vender nuestra carne, es absolutamente nula nuestra posibilidad de negociar los precios petroleros. Puede verse en la gráfica que muestra la evolución del precio del barril de petróleo a fin de cada año, las brutales oscilaciones que responden a factores geopolíticos que están en la estratósfera respecto a nuestro poder de decisión.

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