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Dos mundos en
pugna
¿Una
Europa "Vieja" contra la "Nueva"? La nueva "Generación
E" no lo cree así
Dos decenas
de polacos en edad universitaria hicieron su entrada en un salón
de conferencias de Varsovia, para intercambiar opiniones en torno
a lo que significa ser europeo, y a lo que pensaban acerca de Estados
Unidos.
Polonia es el
"peso pesado" entre las diez naciones que pasarán
a integrar la Unión Europea dentro de un año: representa
cerca de la mitad de la población total y del PIB. Pero esos
estudiantes insisten en el espíritu estadounidense. Casi
todos tiene familiares en Estados Unidos. A pesar de su lejanía,
fue la tierra de las oportunidades de sus padres y abuelos. Los
polacos afirman con orgullo que Chicago es la segunda ciudad de
Polonia. Entonces, ¿dónde esperan vivir y trabajar
esos estudiantes dentro de diez años? ¿En Europa?
Se levantan todas las manos. ¿En Estados Unidos? Ninguna.
Hace mucho,
mucho tiempo en enero pasado, el mundo se transfiguró
con la noción de dos Europas. Una de ellas, con Gran Bretaña
al frente y Polonia incluida, competía por el afecto de Estados
Unidos. La otra, liderada por Francia, evitaba a la nación
norteamericana como una especie de eje del mal. La guerra en Iraq
hizo emerger a la superficie ocultas animosidades. Si usted fuese
europeo estaría a favor de la visión mundial de Estados
Unidos o en contra. Y eso no le disgustaba del todo a Washington.
En realidad, Francia y Alemania, el centro vital de lo que Washington
llama peyorativamente "La vieja Europa", eran un gran
estorbo, pero Gran Bretaña, España e Italia apoyaban
a Estados Unidos. Luego teníamos una falange de países
que en otro tiempo formaban parte del bloque soviético, como
Polonia y Hungría, que en breve entrarían en la mesa
de decisiones europea, como miembros de la Unión Europea.
Esta "Nueva Europa" lanzaría a la sombra a la "Vieja
Europa". Por supuesto, estamos ante una visión simplista.
Incluso se está gestando una revolución en el flanco
oriental de la Unión Europea, ya que siete estados que conformaban
el bloque comunista Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, la
República Checa, Eslovaquia y Hungría pasarán
a formar parte de la Unión en mayo del 2004 (además
de Eslovenia, Chipre y Malta). Pero como pusieron en claro los estudiantes
de Varsovia, la Europa que surgirá a partir de su crecimiento
no es necesariamente proestadounidense. Por una parte, cuando integren
sus sitios correspondientes en los consejos de la Unión Europea
en Bruselas, esas naciones centroeuropeas endurecidas por la Guerra
Fría debilitarán inevitablemente la asociación
francoalemana que ha guiado la integración europea por más
de medio siglo. Y por la otra, la joven generación de esos
países "entrantes" es más desconfiada con
respecto a Estados Unidos que sus antecesores, y más rápida
al enfrentar a Washington en juegos de poder como el de Iraq.
Por lo tanto,
el futuro de Europa va más allá que la idea de lo
viejo contra lo nuevo. La Nueva Europa será diferente. La
Unión Europea ya ha había crecido antes, pero jamás
el Este y el Occidente se habían encontrado como lo harán
el año próximo. Los "recién llegados"
tienen una experiencia de primera mano en el totalitarismo, y algunos
de ellos han demostrado un apetito feroz por el "capitalismo
de dientes ensangrentados", como dijera un diplomático
de un país de la Unión Europea en Varsovia, superando
a menudo hasta a sus propios hermanos occidentales. Eso podría
ayudar a conformar las reformas económicas de la Unión
Europea promovidas por Gran Bretaña y otras naciones, pero
combatidas hasta el presente por Alemania, Francia y otros países.
"El crecimiento traerá nuevas ideas", dijo el diplomático.
En la actualidad, dicho crecimiento parece una palabra anodina ante
dos mundos en pugna. La posibilidad de integración europea
es "una cuestión muy dramática. No había
ocurrido algo de tal escala desde el tiempo de los romanos",
según afirma un diplomático occidental en Varsovia.
Gran parte de
los cambios futuros serían responsabilidad de la "Generación
E" integrada por los países entrantes a la Unión
Europea. Son los primeros europeos modernos en sus naciones, una
vasta comunidad de estudiantes universitarios y profesionales urbanos
que no crecieron bajo el comunismo y que un día desplazarán
a las clases políticas en el poder desde Bratislava a Tallin.
En los aspectos relativos a la integración a la Unión
Europea donde vacilan los centroeuropeos de mayor edad y procedencia
rural, ellos van a la vanguardia. En Polonia, las encuestas muestran
un 70% y más de aprobación de la Unión Europea
entre los jóvenes votantes. Las opiniones más fuertes
provienen de sectores entre los 18 y 24 años.
Pero la Unión
Europea no es el único punto de disensión entre los
de la Generación E y sus mayores. Otra cuestión álgida
es Estados Unidos, especialmente a partir de la guerra en Iraq.
Los gobiernos de siete "entrantes" centroeuropeos aún
apoyan a Estados Unidos. Pero la Generación E es diferente.
Aún antes de la guerra, eran más escépticos
con relación a Estados Unidos y menos propensos a agradecer
su posición en contra del comunismo y la Unión Soviética.
Varias encuestas muestran que los ciudadanos que vivieron tras la
Cortina de Hierro prefieren en la actualidad un equilibrio de poder,
y no un dominio sin restricciones, aunque la única superpotencia
sea Estados Unidos. Los resultados de las encuestas también
han demostrado que, casi en todas partes, los jóvenes de
Europea Central se sumergen cada vez más en un profundo sentimiento
antiestadounidense. Pregúntele a Marek Stastny, del Instituto
Eslovaco de Asuntos Públicos, impresionado por las cifras
arrojadas por sus más recientes encuestas en abril. Según
el experto, sólo un 26% de los eslovacos con edades entre
21 y 23 años tuvieron opiniones positivas acerca de Estados
Unidos, en comparación con un 41% el año pasado; mientras
que el 70% calificó positivamente a Europa. Stastny atribuye
la disminución a la idea de que, con su guerra en Iraq, la
nación estadounidense se ha tornado demasiado dispuesta a
inmiscuirse en los asuntos de otros países.
Pero en Polonia
el panorama es más complicado. Como bien dicen los polacos,
su país es el más proestadounidense en el mundo. Los
polacos de la Generación E comparten el orgullo de sus padres
y abuelos por Estados Unidos. Muchos jóvenes polacos han
reaccionado contra el sentimiento antiestadounidense en otras partes
de Europa con uno de proximidad todavía más intenso.
No obstante, muchos de ellos también parecen compartir la
inseguridad de Joanna Sokolowska, estudiante de la Universidad de
Varsovia: "La guerra ha cambiado mis sentimientos hacia Estados
Unidos. Fue una prueba de su arrogancia", dijo Sokolowska.
En una entrevista
para Newsweek, el presidente polaco Aleksander Kwasniewski afirmó
que no hay contradicción entre los sentimientos proeuropeos
y proestadounidenses. Los jóvenes polacos "no tienen
complejos" acerca de Europa y Estados Unidos. El mandatario
espera que su país, como miembro de la Unión Europea,
pueda persuadir a otros europeos para que lleguen a la misma idea:
"Pienso que los polacos tienen la misión especial de
conformar el pensamiento europeo de forma tal que deje de existir
la pregunta de a quién queremos más, a Mamá
o a Papá; a Estados Unidos o a Europa".
Todo esto suponiendo
que Polonia y los demás candidatos a la membresía
de la Unión Europea pasen a integrarla dentro de un año.
Y ciertamente lo lograrán. La Unión Europea ha dejado
la puerta abierta. No obstante, al igual que los polacos en junio,
los votantes de todos esos países tendrán la última
palabra en los correspondientes referendos. La mayor preocupación
es el resultado de las votaciones. Cuando los húngaros tuvieron
su oportunidad en abril, sólo un 46% concurrió a las
urnas. Y un resultado mucho menor en Polonia provocaría una
"profunda crisis política" como reconoce Kwasniewski.
Lo que suceda, tanto en Polonia como en cualquier otro país,
dependerá de las preferencias electorales de la Generación
E, quienes están en su mayoría a favor de la Unión
Europea. Para muchos de ellos, será su primera prueba de
fuego política. Y para todos, no será la última.
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