|
Los duros de
la Casa Blanca preparan nuevos objetivos tras Irak
La
hora del halcón
Enric González,
El País de Madrid
Los halcones
de Washington vuelan alto estos días. La estrategia diseñada
en 1998 por Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y otros altos funcionarios
del Pentágono se ha desarrollado, cinco años después,
exactamente como deseaban: la ONU ha sido marginada, las tropas
estadounidenses avanzan por territorio iraquí y el presidente
George W. Bush encarna un "nuevo siglo estadounidense"
de poder unilateral casi ilimitado. Y el gran enemigo de los halcones,
el diplomático Colin Powell, vuelve a escuchar pedidos de
renuncia.
En su momento
de triunfo, los estrategas del Pentágono piensan ya en los
próximos pasos y hablan, entre otras cosas, de reducir la
ONU a una función puramente simbólica y de transformar
Irán y Siria.
Dos días
después de comenzar la guerra, unos cuantos veteranos del
Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, la asociación
ultraconservadora convertida en fuerza ideológica dominante
en la Casa Blanca, celebraron un desayuno-debate en el Instituto
de la Empresa Estadounidense, el centro de estudios del que todos
ellos emergieron. Uno de los asistentes fue el entonces presidente
del Consejo Asesor del Pentágono, Richard Perle, apodado
"el príncipe de las tinieblas" por su aspecto,
su tendencia a actuar en un segundo plano y su extremismo ideológico.
Un par de semanas
después, el 27 de marzo, Perle renunció a su puesto.
Oficialmente, su renuncia se atribuyó a las denuncias de
conflictos de intereses por su relación con Trireme Partners,
una empresa de seguridad que podría beneficiarse del conflicto,
y por sus contactos personales con el polémico financiero
saudita Adnan Kashogi. Se sospecha que los problemas de la invasión
de Irak, que según él iba a resultar más fácil
y celebrada por los iraquíes de lo que finalmente fue, incidieron
también. Pero más allá de su alejamiento del
cargo, todo indica que sus ideas seguirán moldeando la política
exterior de la Casa Blanca.
En aquel desayuno
de trabajo en el Instituto de la Empresa, Perle exultaba satisfacción.
La inevitable caída de Sadam Hussein, dijo, proporcionaría
"inspiración" a los iraníes deseosos de
librarse de los ayatollahs. "Me siento optimista y creo que
asistiremos a un cambio de régimen en Irán sin que
sea necesario utilizar la fuerza militar de Estados Unidos",
comentó. En su opinión, la teoría del dominó,
o de la onda expansiva, empezaría pronto a funcionar: después
de asistir al ejemplarizante ataque a Irak, otros países
de la región se verían forzados a buscar buenas relaciones
con Estados Unidos.
Otro de los
participantes en el encuentro, William Kristol, editor de la revista
Weekly Standard, argumentó que el error de la primera guerra
del Golfo fue permitir que Sadam Hussein siguiera en su puesto.
Eso resultó en una disminución del necesario temor
que, a su juicio, los dirigentes árabes deberían sentir
hacia Washington.
Dos días
antes del comienzo de la guerra, Perle había participado
en un seminario organizado por la financiera Goldman Sachs con un
enunciado muy sugerente: "Implicaciones de una guerra inminente.
Irak ahora. ¿Corea del Norte después?". Luego
del comienzo del conflicto, el ideólogo del Pentágono
se aventuró más allá en el futuro. Sugirió
que ha "pasado ya la época" en que la ONU se ocupaba
de cuestiones de seguridad y que es necesario reformarla y reducir
su función, limitándola a asuntos como "salud,
mantenimiento de la paz y misiones humanitarias".
En opinión
de los halcones, el Consejo de Seguridad carece de futuro: la legalidad
internacional sólo puede emanar de Washington. Michael Leeden,
un alto funcionario de la Administración de Ronald Reagan,
califica de "asquerosas" las manifestaciones por la paz
y opinó que el actual conflicto forma parte de una guerra
"más amplia" destinada a afectar sustancialmente
a los gobiernos "filoterroristas" de Irán y Siria.
Kristol señala que uno de los objetivos del Departamento
de Estado debería ser "separar" a Francia y Alemania,
atrayendo a Berlín hacia las tesis estadounidenses y aislando
a París, con lo que castigaría la oposición
francesa de los últimos meses y debilitaría sustancialmente
a la Unión Europea.
Mientras los
halcones hablan sobre el futuro del mundo, Colin Powell reflexiona
sobre el suyo. El secretario de Estado carga con la responsabilidad
por el fracaso diplomático de Estados Unidos en la ONU, con
el fiasco de la falta de cooperación militar de Turquía
y con las acusaciones de que apenas viajó para forjar una
coalición amplia. En realidad, no se movió de Washington
por miedo a que, en su ausencia, los halcones se hicieran con el
control total de la Casa Blanca.
Ahora, Powell
está en medio de un fuego cruzado. Un columnista del diario
The New York Times reclamó su renuncia desde un punto de
vista liberal. Los medios ultraconservadores lo rechazan desde hace
tiempo. En los últimos días ha tenido que negar varias
veces que piense abandonar. Su posición, como en vísperas
del 11 de setiembre del 2001, parece frágil.
|
|