El 13 de julio, Día del Padre, Peñarol derrotó a Nacional en el partido clásico correspondiente a la cuarta fecha de la Liguilla Pre Libertadores.
No fue un clásico más. Esa tarde, con la movilidad de Carlos Bueno, la habilidad de Fabián Estoyanoff, los soberbios pases de Antonio Pacheco y Omar Pérez, Peñarol extendió su hegemonía ante Nacional en un día muy especial para el hincha aurinegro.
La diferencia fue abismal. Imponente si se miden las oportunidades de gol, las atajadas de uno y otro arquero, la capacidad para cortar juego del rival sin cometer infracciones, el dominio psicológico en muchos sectores del campo y hasta la forma en la que se impusieron individualmente en la cancha varios hombres aurinegros.
Nacional fue pan comido porque no tuvo respuesta de ataque, porque apeló al pelotazo, subió muy poco por los laterales y prácticamente no tiró al arco. Un tiro de Martín Ligüera en la primera mitad que pasó muy cerca y otro de Diego Vera -en realidad quiso meter un centro- que atajó Nicolás Biglianti en el segundo tiempo fue lo único que esbozó el bolso como para amenazar a su rival.
Con la solidez de un equipo que tuvo figuras, pero no estrellas rutilantes. Con el dominio futbolístico del clásico gracias al buen manejo que tuvo su mediocampo y a la velocidad con la que se metió en campo rival, Peñarol ganó y ganó bien por 2 tantos contra cero.
Fue notoria la superioridad mirasol en la gestación de juego, en el mejor trato de pelota y también en la adecuada apuesta colectiva.
Este clásico de Liguilla dejó un saldo muy positivo en la cantera aurinegra. En materia de clásicos, Peñarol es el campeón. El conjunto dirigido por Gerardo Pelusso no logó vencer a Peñarol en ningún clásico oficial, mientras que 6 fueron los goles que anotó el equipo aurinegro al tricolor en el 2008 y con la conducción de Mario Saralegui.
Los resultados y los números muestran que en la temporada que termina, Peñarol fue superior que su archirival, empató 1 a 1 en el Apertura, ganó 4 a 2 en el Clausura y 2 a 0 en la Liguilla.
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