Fueron dos encuentros los que determinaron que Defensor Sporting sea el Campeón Uruguayo. La violeta se adueñó del Uruguay y lo consiguió de la mejor forma: venciendo en las finales al grande.
En el primero de ellos, los violetas dieron una clase práctica de cómo se juega al fútbol. Durante los primeros 90 minutos finalistas, la realidad matemática establecía que Defensor quedaba a un punto de consagrase campeón ya que el equipo de Punta Carretas venció a Pañarol por 2 a 1.
En ese encuentro, la superioridad "tuerta" fue muy notoria. Quizá baste con decir que la primera jugada de peligro que creó Peñarol se produjo a los 31’, y que la misma surgió en una pelota ejecutada por Pacheco que cabeceó Alcoba, para exponer la forma en la cual la estrategia y los rendimientos individuales de los violetas maniataron y después "jaquearon" a los aurinegros que, por si fuera poco, llegaron al gol cuando ya perdían 2-0, con una conquista que anotó Matías Aguirregaray al cabo de una incidencia cuya elaboración y definición tuvo más empuje que fútbol.
En la primera final, Defensor Sporting dio una lección de fútbol moderno. Tan fue así que, incluso, hubiera ganado en forma, matemática y sicológicamente, más demoledora. Su preponderancia fue tal que hasta Pacheco vio la roja, con lo que Peñarol quedó violeta, casi moribundo, y los de Punta Carretas "a punto" -uno- de ser campeones del Uruguayo 2007/2008.
"Se quedó con las ganas de salir campeón. Pobreciiito Peñaroool" fue el grito que coronó la tarde en que Defensor consiguió adueñarse del título Uruguayo y clasificar directamente a la Copa Libertadores.
El "vamo`, vamo` la violeta. Vamo` la violeta, vamo` violeee" inundó el Estadio. Por más que Peñarol expuso en la cancha la cuota de rebeldía necesaria como para forzar un nuevo partido, Defensor era el campeón uruguayo.
A lo mejor el conjunto dirigido por Jorge "Polilla" Da Silva no jugó con la técnica y la precisión futbolística que demostró tener en la primera contienda y, por momentos, hasta pareció que podía sufrir alguna consecuencia. Sin embargo, con la inteligencia del santiagueño Julio Marchant para encontrar espacios o fabricar otros en el fondo aurinegro, más la eficacia para marcar y la seguridad para no reventar la pelota de Pablo Gaglianone y Miguel Amado, Defensor fue consolidándose en el terreno.
Peñarol apuró, metió. Luchó el partido y hasta tuvo oportunidades para vulnerar la resistencia violeta. Pero ahí también aparecieron las figuras del equipo del Parque Rodó para ahogar el grito de gol de Carlos Bueno o para cerrar un camino que parecía abierto por la vivacidad que tuvo el Fabián "Lolo" Estoyanoff.
Ahora, repasando uno y otro duelo, no queda otra que concluir que Defensor ganó en todos los frentes. Fue más fuerte, más veloz, más ordenado, más solidario y hasta demostró que tiene la pasta de los equipos grandes.
Por eso, sus fanáticos pudieron levantar la frente y gritar a viva voz que "desde el Franzini, salió el nuevo campeón".
Luego de 17 años, Defensor Sporting pintó de violeta a su país. Es un campeón con todas las letras. Con alma. Con estirpe. Con fútbol. Con la conducción brillante del "Polilla". Con grandeza. Porque ya nadie podrá decir que Defensor no es grande.
En base a EL PAÍS