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campeón del clausura
Peñarol festejó a lo grande
En el Estadio Centenario, Peñarol venció a River Plate por 5 a 3 y se consagró campeón del Torneo Clausura en un encuentro sencillamente impresionante.

Desde el 2003 la hinchada aurinegra no se daba el gusto de gritar "Peñarol Campeón". El 8 de junio pudo saciar su sed y festejar junto al plantel dirigido por Mario Saralegui el titulo del Torneo Clausura.

Ese día, los saltos en el cemento del Estadio Centenario tienen que haber hecho vibrar hasta el suelo de China. Y los aplausos que se ofrendaron a cada uno de los futbolistas que terminaron con la sequía de títulos seguramente sacudieron más de un satélite del espacio.

En un partido electrizante, el equipo Saralegui derrotó al River de Carrasco por 5 a 3. Con mayor precisión, velocidad y técnica, el equipo de Juan Ramón dominó el trámite durante todo el primer tiempo, aunque careció de puntería para irse al descanso con una mayor diferencia de goles.

Peñarol salió con todo en el segundo tiempo, hasta que logró igualar el encuentro por intermedio de José María Franco a los 57 minutos.

Aprovechando el rápido tránsito de defensa a ataque, Peñarol generaba peligro de contragolpe, hasta que en el minuto 78 Antonio Pacheco puso el cuarto y la noche se le vino encima definitivamente al equipo de Juan Ramón. La pesadilla de River terminó de consumarse cuando Peñarol anotó el quinto tanto por intermedio de Carlos Bueno.

De esta forma, Peñarol conquistó un campeonato que le permitía ir a pelear por el título Uruguayo y lo hizo en una super final y contra un rival que por momentos le movió todo el esqueleto, al punto de dejarlo al borde del nocaut.

Por eso, el festejo y la ebullición que hubo en el Centenario fue más que lógica.

No había forma de no demostrarle a los jugadores que lo que habían realizado en la cancha tenía tanta carga emotiva que merecía una invasión a la avenida 18 de Julio como la que comenzó a crecer poco después del pitazo final del árbitro Jorge Larrionda.

Peñarol dio vuelta un partidazo. El duelo de carboneros y darseneros fue sencillamente impresionante.

River jugó al fútbol y sacó a luz un reparto de jugadas sorprendentes. Pero el manya no cesó en su lucha. Liderados por un Gerardo Alcoba exuberante y un cerebral Antonio Pacheco, Peñarol persistió en el afán de arrimarse con sus armas.

Así, el aurinegro fue creciendo paulatinamente. Y junto con ello, pese a meter algún contragolpe peligroso, también empezó a desaparecer el brillo darsenero.

Ese día en el Estadio no había nadie que no vislumbrara el futuro. Fantasmas de por medio (había que recordar el duelo contra el otro grande) el triunfo y la consagración de Peñarol se veía venir de a cien cuadras.

Llegó con fútbol, con alma. Con la estirpe del grande. Con la camiseta revoleándose en la cancha de la misma manera que en la tribuna. Peñarol fue el justo campeón del Torneo Clausura. Se consagró el campeonísimo en una super final disputada hace ya un mes atrás.

En base a EL PAÍS



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