EDWARD PIÑÓN – Enviado especial a Beijing
Unos 35 minutos después de recorrer Beijing, la figura de un platillo volador asoma del verde que rodea al parque en el que se encuentra el velódromo de Laoshan.
Su estructura no pasa desapercibida y forma parte de la sorprendente inversión económica y de la innovadora arquitectura que los chinos pusieron en marcha para organizar los mejores Juegos Olímpicos de la historia.
Dentro de esos 32.920 kilómetros cuadrados, con capacidad para 6.000 espectadores y que tiene recintos especiales para cada uno de los equipos participantes, está la mayor esperanza del deporte uruguayo: Milton Wynants.
En la pista hay ocho ucranianos y dos estadounidenses. Parecen que quisieran cortar la pista con una sierra, porque sus ruedas se afirman cada vez más. La velocidad no para, mientras el sanducero calienta arriba de la bicicleta. Minutos después, Wynants también entró al ruedo. Primero suave y por la parte superior de la pista. Después cambiando ritmos. Aceleración, tregua, aceleración. De repente, se une al equipo ucraniano, que ahora tiene cuatro integrantes y que corren con bicicletas muy diferentes. Por ser de especialidades distintas (Wynants competirá el sábado en la prueba por puntos) a los europeos les cuesta menos darle velocidad a su bicicleta, pero el uruguayo se prende con todo.
Va tan pegadito, que el cuarto ciclista ucraniano le abre los brazos y le pide que tome distancia. Wynants grita "ok", pero sigue una vuelta más prendido a ellos.
Les afloja. Y a esa pausa se le agrega un descanso, nuevo ejercicios con la bicicleta detenida.
Pero diez minutos más tarde, otra vez a escena. Y ahora elige a dos estadounidenses para meter rueda, exigirse y comprobar en qué nivel deportivo se encuentra.
Los chicos de Estados Unidos entrenan para la Madison, otra prueba que el "Gorra" supo correr, y el uruguayo siempre se les pone a rueda, persiguiendo al ciclista que es lanzado por su compañero.
Así tres vueltas a todo tren, como anunciando que en la carrera por puntos va a estar atento a todo. Llaman mucho la atención los gritos del técnico estadounidense, que no para de tomar tiempos y vociferar que vayan todavía a mayor velocidad.
Hay un ciclista de casco rojo, también de Estados Unidos, que se contagia de la súplica y parece querer salir volando del Laoshan.
Wynants rueda y lo mira. Pero no tiene que seguirlo de cerca porque no lo tendrá de rival en la prueba. Le pone punto final al trabajo, una hora y 45 minutos después de haberlo comenzado. Por la tarde, a la uruguaya, procurará hacer otras dos horas. Así, todos los días. Con mayor dedicación que nadie para tratar de alegrar a un pueblo.
El uruguayo loco de la vida con el velódromo
El velódromo de Laoshan tiene capacidad para albergar a 6.000 espectadores. Milton Wynants está loco de la vida con la estructura del recinto en cuya construcción, finalizada el 17 de agosto de 2007, se invirtieron 45 millones de dólares. La cúpula traslúcida, de de 56 metros de diámetro y 33 metros de alto, está construida con dos capas de policarbonato que facilita el paso de la luz al interior de las instalaciones.
Además, posee un mecanismo automático que permite abrir parte de su estructura para el escape de humo y la entrada de aire fresco.
Las cifras
4 récord. El sábado Wynants batirá el récord de presencias olímpicas de un uruguayo. Cuatro consecutivas: 1996, 2000, 2004 y 2008.
19° lugar. Es el que ocupa Wynants en el ranking de la prueba por puntos. El español Llaneras está octavo y el argentino Curutchet es el 77.
24 ciclistas. Corren la prueba por puntos que se realizará el sábado. Cameron Meyer, de Australia, es el más joven de todos y el mejor ranqueado.