EDWARD PIÑÓN
El Pais en China
No habrá derrota deportiva ni medalla perdida que le quite el lugar que se ganó, aunque es claro y rotundo que ya no le queda barrera por vencer. China se subió al podio de las gestas con una ceremonia inaugural que hizo añicos todo lo que se había visto hasta la fecha.
A lo mejor también le gana el medallero a Estados Unidos, pero hizo una fuerte apuesta y ya ganó de principio a fin. Su gente contagió alegría y su lema "Un mundo, un sueño" terminó siendo impulsado con enorme convicción para terminar de convertirse en uno de los mensajes más fuertes que se hayan escuchado en la historia del olimpismo.
El punto más alto del espectáculo inaugural estuvo en el encendido del pebetero. Después de ver esa corrida de Li Ning -medallista de oro en gimnasia artística- por la parte más alta del estadio "Nido de Pájaro", ya no queda nada para pedir. La escena fue fastuosa. A cada uno de sus pasos le seguía la proyección del recorrido de la antorcha por todo el mundo. La llegada de Ning para encender el fuego sagrado en el estadio terminó de convertirse en memorable. Si Barcelona 92 logró su mayor impacto con el arquero que lanzó su flecha de fuego, China inmortalizó esta imagen para toda la vida. Y costará una enormidad superarla. Todavía no se vislumbra rival alguno, salvo que dentro de varios años logren que alguien se tire desde la Luna para encender el pebetero olímpico.
Pero el gran triunfo de los chinos no estuvo ahí. Apareció en los pedidos para ordenar el mundo, para cuidar la tierra, el aire. En la unidad que demostró con los 56 niños representantes de sus diferentes grupos étnicos o en la constante focalización sobre la necesidad de tener un mundo en paz.
La fiesta no dejó atrás la milenaria historia china, pero tampoco abusó de ella. La aplicó en la medida justa durante "Civilización brillante", la primera parte de la ceremonia. Los tambores marcando el ritmo y el conteo final para el despegue del acto, la aparición de la historia del país sobre un pergamino celebrando sus cuatro invenciones -la pólvora, el papel, la imprenta de tipos móviles y la brújula- fue el toque delicado y preciso. Hasta en eso hubo el adecuado cuidado. Valor a la historia, pero no afincamiento en ella. Eso es lo que hizo China ayer, porque se lanzó al futuro.
Y le abrió las puertas con una esfera de 16 toneladas que emergió desde la cancha para terminar convirtiéndose en el globo terráqueo con 58 actores corriendo sobre él, planteando la demolición de las barreras y la preservación del planeta. Hubo más. Uniformes con luces terminaron dibujando la paloma de la paz y rostros de cientos de niños aparecieron alrededor de esa original "Tierra".
La fiesta fue completa. Y lo mejor es que el brillo no se lo puso el deslumbrante cierre a puro fuego artificial o la canción olímpica en la que apareció como uno de sus intérpretes el actor Jackie Chan.
China ganó. Está en lo más alto del podio olímpico y su ceremonia de apertura ya merece un lugar en el museo del Comité Olímpico Internacional.
Fue un puñado de uruguayos que se ganó a miles de chinos
Ahí está Uruguay. Ahí viene Alejandro Foglia con el corazón lleno de pasión por su país. La bandera flamea y a él se le infla el pecho. Uruguay brilla. Los muchachos pierden la timidez. Rodolfo Collazo y Javier García bailan, se abrazan, se suman a las chicas que animan a las delegaciones. Antonella Scanavino no se queda atrás. Se suma Valeria Britos. Se unen, sacan fotos. Saludan a todos y se detienen un instante. Los brazos se despegan más fuerte del cuerpo: hay una bandera uruguaya y los chicos responden. Uruguay desfila como nunca, integrándose a la gran fiesta, dejando de lado el temor al ridículo. Se luce tanto como Italia, Argentina, Brasil o España. Sí, aquellos pocos hacen cosas tan divertidas como esos muchos. Y los chinos terminan aplaudiendo un poco más. Foglia no afloja. La bandera saluda de un lado al otro a todo el "Nido" y si hubiese un premio para el abanderado más pasional, se lo llevaba el uruguayo. Es bueno. Es una fiesta.
Vestimenta: hubo de todo
A nivel de vestimenta, hubo de todo. Desde delegaciones que desfilaron con indumentaria deportiva, hasta otras que lo hicieron con ropa tradicional de su país. Entre las que eligieron trajes formales, la uruguaya fue de las más vistosas del desfile inaugural.
Estrellas que bajaron del cielo
Rafael Nadal lideró el grupo de los deportistas que no actuaron como estrellas y se sumaron con pasión a la fiesta olímpica. En medio de una de las delegaciones más activas y entusiastas, el futuro número 1 del tenis mundial terminó intentando treparse "a caballito" del basquetbolista Pau Gasol.
En el mismo sentido se lucieron los muchachos del "Dream Team" estadounidense, que dejaron atrás las luminarias de la NBA y se mostraron abiertos a cuanto flash se le cruzó, especialmente Kobe Bryant.
Y uno que sin ser estrella se ganó más de un aplauso -y varios primeros planos que recorrieron el mundo- fue el clavadista británico Tom Daley, el benjamín de estos Juegos, con apenas 14 años.
Durante el desfile de las 204 delegaciones participantes por la pista del "Nido", consagrados y desconocidos se confundieron cautivando a los 91.000 espectadores presentes y a 4.000 millones de televidentes alrededor del mundo.
Todos comparten una ilusión: ver bien alta la bandera de su país.