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  Crisis energética regional
   

FRANCISCO GALLINAL | EL ASUNTO ES GRAVE, TANTO QUE INSPIRA TEMOR A MEDIDA QUE EN LA REGIÓN SE VA TOMANDO CONCIENCIA DE SUS IMPLICANCIAS Y DE SUS CONSECUENCIAS.

La crisis energética

El déficit de provisión de energía que afecta a la Argentina tiende a incrementarse, según opiniones de expertos, y el dilema que se ha planteado a ese país entre cargar con él a sus habitantes y a sus propias industrias o a las naciones vecinas (Uruguay y Chile), con las que tiene compromisos ineludibles de venta de gas natural, se ha instalado cruda y persistentemente. Los impactos de dicho déficit se manifiestan ya en los mercados argentinos y regionales (la Bolsa chilena, por ejemplo, ha experimentado bajas sin precedentes en muchos años) y también lo hacen en las relaciones políticas —para comenzar en el seno del gobierno que encabeza Kirchner— y en las relaciones diplomáticas entre los Estados sobre los que se cierne la amenaza del desabastecimiento parcial.

La Argentina, notoriamente, posee reservas importantísimas de petróleo y gas natural, que explota desde muchas décadas atrás con criterios y estructuras que han ido evolucionando, como no podría ser de otra manera. Las decisiones cruciales en la materia han correspondido siempre a las autoridades del Estado, y cobran una eminente legitimidad cuando esas autoridades han recibido sus investiduras de pronunciamientos populares dentro de los cánones de la integración democrática de los órganos del gobierno representativo. A Uruguay, Chile y otros países del Cono Sur ha tocado respaldar a los decisores argentinos en su libre determinación, con el propósito de prevenir o neutralizar presiones de gobiernos extranjeros o poderosos intereses transnacionales, que en materia de combustibles representan siempre un riesgo inminente. Y es así que puede darse por cierto que, de buen tiempo a esta parte, las trascendentes definiciones de política energética adoptadas por los argentinos han gozado de legitimidad democrática y cabal autonomía, insertas adicionalmente en procesos de integración regional verdaderamente solidarios, el más importante de los cuales es el que abrió en 1991 el Tratado de Asunción.

Con esa Argentina, madura en las pautas y las estructuras de explotación de su magnífica dotación de combustibles y otras fuentes de energía, convinieron los uruguayos y los chilenos el abastecimiento de gas natural en proporciones críticas, por plazos que se adentran en un futuro que de ese modo se hace concretamente común, compartido, hermanado. Una voluntad de cooperación, un ambiente de confianza intergeneracional, una resolución de procurar mediante los recursos integrados la cabal autonomía movieron las voluntades y los consentimientos que llevaron a la firma y la ejecución de dichos convenios. Se vieron y se ven como beneficiosos para el país abastecedor y para el país abastecido; se vieron y se ven como una práctica de regionalismo autonomizante. Esta es la primera consideración que, ante la crisis energética de hoy, deseamos enfatizar.

La segunda, se anuda con ella. Argentina no puede caer en un egoísmo nacional que determine la ruptura de esos compromisos y el pasaje a Chile y Uruguay de todas o casi todas las consecuencias de su déficit. Si lo hiciera, dañaría irreparablemente esa tesitura regionalista y aquel ambiente de confianza. Perjudicaría también los vínculos comerciales que aceptó porque la han beneficiado. Argentina debe cumplir; para que pueda cumplir, no obstante, y justamente en razón de dicha tesitura que a todos inspiró, Uruguay y Chile han de asumir la crisis argentina. Es preciso que ésta reciba un tratamiento integrado, mediante consultas oportunas y reformulación realista de las obligaciones recíprocas. Una exigencia distanciada, al pie de la letra de lo firmado de parte de Chile y Uruguay, constituiría también una actitud antiintegracionista, que debe descartarse prontamente. En contextos de crisis se marcan los rumbos y por eso confiamos en que todos nuestros gobiernos y las ciudadanías de toda la región respondan a dificultades tan serias con los criterios del futuro, no del pasado.

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