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Los problemas recién comienzan
Por Ricardo Falabella
Para LA NACION
El sector eléctrico se manejó hasta 1992 con empresas del
Estado -Segba, Agua y Energía Eléctrica e Hidronor- y con
fundamento en la ley 15.336. Siendo éstas empresas del Estado,
las tarifas eran políticas. El suministro, tanto en cantidad como
en calidad, empeoraba con los años. Aunque el personal y el gerenciamiento
eran muy competentes, la falta de ideas claras en los gobiernos de turno
provocó una desinversión en este sector productivo del país,
a punto tal que en el año 1989 nos llenamos de grupos electrógenos
en calles y edificios.
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A fines de 1991 se sancionó -y a principios de 1992 se promulgó-
la ley 24.065, segmentando al sector en tres actividades distintas: generación,
transporte y distribución. Por esta ley, los servicios de distribución
y transporte de electricidad se dan en concesión a particulares,
y el Estado los controla a través del Ente Nacional Regulador de
la Electricidad (ENRE). Por otra parte, en cambio, la generación
de electricidad es un servicio de interés público no regulado.
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Conforme a esta ley, los precios de generación son una función
del precio del gas y de la eficiencia de la máquina generadora
mientras que las tarifas de electricidad al usuario, son el resultado
de ese precio de generación y su transporte en alta tensión,
más el valor agregado de distribución (VAD).
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Dicho en forma simplificada, si el precio del gas sube, el de la electricidad
mayorista también y por ende en su tiempo lo hará la tarifa
al usuario. Estos aumentos no necesariamente significan beneficios para
el generador o el distribuidor. Para colmo de males, el mayor comprador
del sistema Compañía Administradora del Mercado Mayorista
Eléctrico (Cammesa) estuvo en convocatoria de acreedores y hoy
no puede pagarles en su totalidad a los generadores. Desde 2002 no se
tienen los fondos suficientes para pagarles a los generadores toda su
factura.
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¿Y qué pagan los usuarios en su factura de luz? Pagan por
la generación (35%), para que se la pongan en la puerta de su casa
(43%) y pagan los impuestos (22%). Razonable, ¿no?
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La ley 24.065 y sus regulaciones no eran ni son perfectas, pero estuvieron
bien pensadas. Si el Gobierno quiere cambiar las reglas debería
hacerlo con más discusión entre todos. Si algo falla, seguro
que le van a echar la culpa a otros. ¿Es justo?
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A partir de la devaluación del peso ocurrida durante el 2002 y
luego de la pesificación de la tarifa el 6 de enero de ese mismo
año, varios cambios ocurrieron por acción u omisión
del/los gobierno/s, sin que se pueda vislumbrar hacia dónde queremos
ir. Por ejemplo:
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El ENRE no convocó en septiembre de 2002 a audiencia pública,
(tal como prevé la ley) para definir las tarifas de las distribuidoras.
Los estudios técnicos estaban hechos y hubieran demostrado que,
previo a la devaluación, los usuarios muy pequeños (T1R1)
hubieran tenido una rebaja de tarifa. Este procedimiento hubiera legitimado
cualquier tipo de aumento tarifario y las empresas no hubieran tenido
razones para ningún reclamo monetario internacional. Los consumidores
también habrían estado representados y el Poder Ejecutivo
no se habría envuelto en discusiones innecesarias porque la ley
preveía lo que había que hacer. Sin embargo, no se hizo.
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Mediante varias resoluciones, la Secretaría de Energía hizo,
en estos dos años, que los mayores costos en generación
por el uso de combustibles líquidos, no se reflejaran enteramente
en los precios y por ende en el precio estabilizado. Esto hubiera llevado,
necesariamente, a un aumento estacional de tarifas. Dado que la población
estaba acostumbrada desde 1993 a que cada tres meses hubiera aumentos
y/o disminuciones en el precio por variaciones estacionales, cabe preguntarse
por qué se retrasaron estos aumentos con la consiguiente acumulación?
¿Por qué se siguen retrasando hoy, aumentando el déficit
del Fondo de Estabilización?
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El dinero cobrado por Cammesa de las distribuidoras en concepto de precio
estacional se usa luego para pagar la generación y el transporte.
Si el precio "sancionado" es artificialmente menor al esperado
de generación, Cammesa no tendrá fondos suficientes para
pagar a las generadoras.
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Los aumentos de tarifas no implican necesariamente un aumento en el valor
agregado de distribución (o sea renta para la distribuidora) dado
que puede pasar que se aumente la tarifa para poder pagar los mayores
costos por aumento del precio del gas. Las distribuidoras todavía
esperan una revisión de tarifas que las contemple. Tienen los mismos
precios desde el 1° de noviembre de 2001.
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Un aspecto importante del cobro de las facturas de electricidad es el
corte del suministro por falta de pago. Con tarifas bajas, la caja es
fundamental para hacer que lo poco que se factura se cobre y que de esta
manera se mantenga un "cash flow" positivo. El caso reciente
de la provincia de Buenos Aires no permitiendo el corte de suministro
por falta de pago es una señal que debería revertirse. Existen
previsiones en el presupuesto para atender a los más necesitados
sin necesidad de hacer esto.
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De todo lo anterior se desprende que:
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a. Los generadores de electricidad no tienen aumento de precios y los
problemas de rentabilidad persisten. Esta situación es insostenible
en el largo plazo y conlleva una eventual falta de inversión en
generación ante un aumento sostenido de la demanda.
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b. Los distribuidores de electricidad tampoco tienen aumento de tarifas
que los beneficie y sus problemas de rentabilidad recién comienzan.
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¿Por qué si habíamos logrado hacer que la capacidad
instalada de generación estuviera muy por encima de la demanda
máxima, sin la intervención del Estado, ahora empezamos
a hablar de posibles desabastecimientos? ¿No debería el
Estado ejercer el control, pero dejar que los privados lo resolvamos eficiente
y eficazmente?
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Cuando estaban la Chade y la Italo, el gobierno de ese entonces no les
dio tarifas retributivas y terminamos en Agua y Energía y Segba.
Como tampoco el gobierno de turno les dio tarifas acordes pasamos por
los cortes de 1989. Luego, en 1992, tuvimos que privatizarlas por falta
de capital de inversión. ¿Cuál es el próximo
paso?
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El autor es asesor de negocios en electricidad, fue gerente de Hidroeléctrica
Alicurá en la Argentina y gerente general de Edelnor, en Chile.
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