|
Energía: volver a la desregulación
Por Gonzalo Novillo Saravia
Para LA NACION
Los argentinos deberíamos reflexionar seriamente y sacar algunas
enseñanzas de la crisis energética que comenzamos a sufrir.
Entre las lecciones que nos trae hay una primera -obvia y repetida- que
nos señala que la realidad es la única verdad y que no puede
construirse con gestos y anuncios, como parecen creer muchos comunicadores
y políticos.
.
Una segunda lección -también obvia y repetidamente ignorada-
es que la ley de la oferta y la demanda, al igual que la ley de la gravedad,
se puede desafiar por un tiempo, pero tarde o temprano cualquier construcción
humana termina cediendo ante ellas. Por eso es mejor no ignorarlas y diseñar
instituciones que acompañen sus fuerzas y permitan mejorar las
condiciones de vida de la sociedad.
.
Cuando se le fija a un producto un precio artificialmente bajo, resulta
inexorable que su demanda aumentará mas allá de las posibilidades
de la oferta. Esto es lo que ha pasado con el gas y con la electricidad.
.
La tercera lección nos demuestra que, por ignorancia o picardía,
se ha confundido el valor del producto (gas natural) con el valor de la
tarifa de un servicio regulado (transporte y distribución). El
Estado podía intervenir en el valor de las tarifas de los servicios
de transporte y distribución, pero nunca en el valor del gas natural
que, en virtud del marco legal vigente, es un precio desregulado sujeto
a la ley de oferta y demanda.
.
Ni siquiera puede justificarse este congelamiento en la existencia de
"precios abusivos", ya que, aun antes de la crisis, el gas en
boca de pozo tenía uno de los precios más bajos del mundo.
Luego de la pesificación, los valores cayeron a niveles tan bajos
que han hecho injustificable cualquier inversión para aumentar
su oferta.
.
Otra lección es que cuando se rompe un orden jurídico o
contractual hay que restablecerlo rápidamente. La crisis de 2002
generó rupturas de todo tipo, desde el default con los acreedores
de la deuda hasta los contratos de concesión de servicios públicos.
Estas rupturas no pueden mantenerse indefinidas por mucho tiempo, aunque
en apariencia no se advierta lo nocivo que resultan sus efectos.
.
Prolongar el estado de emergencia económica es una tentación
peligrosa, ya que si bien ofrece al Poder Ejecutivo herramientas contundentes
para manipular la coyuntura, nunca se termina de crear un marco jurídico
estable que permita inversiones de largo plazo. Por otra parte, resulta
legal y moralmente inaceptable que el Gobierno invoque un estado de emergencia
con tasas de crecimiento del 9 por ciento.
.
Esto nos lleva a una quinta lección, que es velar por el largo
plazo. Nuestros dirigentes tienen una propensión a actuar en función
del corto plazo y a permitir que problemas simples, no encarados a tiempo,
se transformen en una crisis. En materia energética, tanto el sector
privado como el Gobierno deben planear y actuar en función del
largo plazo.
.
La tentación de abandonar el sistema de precios de mercado y de
regular aún más los valores de los energéticos, de
aumentar las retenciones o de ir, como proponen algunos, a un esquema
de costo plus es la mejor forma de profundizar la crisis.
.
Efecto importación
.
Tarde o temprano estaremos importando combustibles líquidos o gaseosos
del exterior. Los precios de estos combustibles no son fijados por el
Gobierno, sino que los tendremos que pagar a niveles internacionales.
Resulta razonable entonces permitir que quienes apostaron e invirtieron
en el país cobren también estos precios y generen actividad,
aumentando la capacidad de oferta de nuestros propios recursos energéticos.
.
El alto precio del petróleo en el mundo se debe a causas estructurales,
como la declinación de la producción de crudo en países
fuera de la OPEP. Esto hace pronosticar una progresiva escasez de petróleo
que deviene un protagonismo notable del gas en los consumos energéticos
de los países desarrollados.
.
Y en estos países, por la facilidad de sustitución, el precio
del gas tiende a igualar al de los combustibles líquidos considerando
su valor calórico. Hoy en la Argentina el precio del gas es sólo
una décima parte del valor de su equivalente calórico en
líquidos. Estos valores constituyen un poderoso estímulo
al desperdicio de un recurso no renovable.
.
El sistema de gas y electricidad funcionó correctamente hasta la
crisis de 2002. Ese sistema está hoy alterado por el congelamiento
del precio del gas, por las retenciones a las exportaciones de crudo y
por la proliferación de pactos sectoriales de abastecimiento y
estabilidad de precios. Estos pactos distorsionan las señales de
precio que el mercado debe producir para ser sostenible en el largo plazo
y no permiten premiar al más eficiente, sino al mejor lobbysta.
.
Las lecciones que los argentinos debemos recoger de esta crisis nos señalan
que el rumbo correcto es regresar lo antes posible al sistema de desregulación
que nos permitió atraer grandes inversiones, multiplicar la producción,
autoabastecernos de gas y electricidad a precios competitivos y exportar
energía a países vecinos.
.
El autor es consultor y ex director de Asuntos Públicos de Gas
Natural BAN y Metrogas.
|