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Chechenia
   

 

Los horrores de ambos lados


Los ataques del radicalismo checheno están bien documentados. Las incursiones y toma de rehenes han formado parte de las estrategias de los militantes desde que comenzó la primera guerra.

Hasta lo sucedido en Beslan, el más trágico de estos ataques se había producido en octubre del 2002, cuando un comando de separatistas chechenos tomó como rehenes a 800 personas en un teatro de Moscú. Tras varios días de tensión, el presidente Putin ordenó una enérgica demostración del trato que su Gobierno les daría a los terroristas.

Las fuerzas de seguridad rusas ingresaron al teatro y mataron a los 41 separatistas chechenos que allí se encontraban. También perdieron la vida 129 rehenes, la mayoría por intoxicarse con el gas utilizado por las fuerzas rusas durante la operación.

Las últimas actividades de la guerrilla indican que los separatistas han agregado la modalidad de atentados suicidas a su ya nefasto arsenal. Los dos vuelos comerciales rusos que cayeron en los días previos a las últimas elecciones son un ejemplo.

Pero las masacres de civiles no son exclusividad de los terroristas chechenos.

Desde la primera guerra "moderna" (1994-1996), los rusos emplearon las operaciones "zachistki" como parte de la estrategia en sus invasiones. El término "zachistki" se traduce como "limpieza". Un eufemismo nauseabundo que ni siquiera intenta esconder las atrocidades que cometen los soldados rusos contra la población chechena.

Las "operaciones de limpieza" adoptan usualmente la forma de ataques a pequeñas aldeas chechenas, con secuestros, fusilamientos, violaciones y mutilaciones de hombres, mujeres y niños.

Como retrato del horror sirve el relato de una sobreviviente chechena, recogido por una reportera de Newsweek: "Llegaron a las 5 de la mañana. Había como 100 vehículos militares, todos llenos de soldados. Cerca de 20 de ellos, armados hasta los dientes y enmascarados, se treparon a mi casa. Nos dispararon a los pies."

"Luego fueron a la casa de nuestros vecinos. Oímos disparos y los gritos de Aminat, una muchacha de 15 años. ‘¡Déjenla en paz!’ gritó uno de sus hermanos. ‘¡Mátennos a nosotros!’ Entonces oímos más disparos. A través de las ventanas vimos a un comandante de las fuerzas especiales, semidesnudo, tirado encima de Aminat. Ella estaba cubierta de sangre por las heridas de bala. Otro soldado gritó: ‘¡Apurate, Kolya, mientras todavía está tibia!’.

Las autoridades rusas no niegan que estas cosas suceden, pero sus tibios intentos por detener los horrores son insuficientes.

Es que el círculo de tragedias y masacres no tiene un fin aparente. Los atentados chechenos son respondidos con "limpiezas" rusas. Las operaciones rusas destruyen la vida de cientos de familias, creando nuevos mártires dispuestos a morir por la causa chechena. Es una fórmula que se escribe con la sangre de hombres, mujeres y niños inocentes, desde las ruinas de Grozni a las escuelas de Beslan.

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