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EL CAUCASO

Un cocktail molotov entre Oriente y Occidente


Una peligrosa mezcla de etnias, lenguas, religiones, y cuando no, petróleo, convierte a la zona en un verdadero polvorín


La región del Cáucaso, comprendida entre el Mar Negro y el Mar Caspio, es un verdadero polvorín que desde hace siglos sufre los conflictos entre sus múltiples componentes étnicos y que, más recientemente, ha visto estos afectados por la fiebre del "oro negro" que yace en sus costas orientales.

El Cáucaso tiene una dimensión aproximada de 440.000 km2 y comprende una cadena montañosa que forma una barrera de 1.250 km que en su parte central alcanza los 4.000 m de altitud. Esta cordillera, de donde la región toma su nombre, es la frontera natural entre Europa y Asia.

La zona se divide en dos. Al sur, la Transcaucasia está constituida por tres Estados independientes desde 1991 al desaparecer la Unión Soviética: Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

La mayoría de las siete repúblicas de la Federación de Rusia (Chechenia, Daguestán, Osetia del Norte o República de Alana, Ingushetia, Karachayevo-Cherkesia, Adigea y Kabardino-Balkaria) están en el norte del territorio. Llamada antiguamente Ciscacausia, ahora se le conoce como Cáucaso Norte o Ruso.

"Un páramo político en la época soviética", analiza el periodista Sebastián Smith, "el Cáucaso norte de pronto se convirtió en la frontera de la nueva Rusia con las independientes Georgia, Armenia y Azerbaiyán, la Turquía islámica miembro de la OTAN y el Irán musulmán".

MEZCLA. Las principales etnias caucásicas musulmanas son los cherkeses, los adigeos, los ingushetas, los chechenos y los avar. Los osetas son uno de los pocos pueblos mayoritariamente cristianos de la región.

En el plano lingüístico, la región es tan variada como en el étnico. Hay lenguas indoeuropeas (armenio, oseta, kurdo) y turcas (azerí, kumyk, nogay, karachay, balkar).

Esta mezcla ha hecho de la zona el centro de cruentas batallas, impulsadas en su mayoría por reinvindicaciones independentistas galvanizadas por un profundo racismo y una historia de atrocidades que continúa creciendo.

A modo de ejemplo, los problemas territoriales entre los osetas e ingushes se remontan al siglo XIX. La lucha, que vio caer en el Norte a zares, dictadores y presidentes, se centra ahora en la propiedad de Prigorodny, zona situada en las riberas del río Terek y actualmente en control de Osetia del Norte.

HISTORIA. En 1722, la campaña de Pedro el Grande contra Persia fue el primero de una larga lista de conflictos con los imperios otomano y persa, que acabaron en la instauración definitiva del dominio ruso.

La conquista rusa se topará en el siglo XIX en el Cáucaso del Norte con la feroz resistencia de los musulmanes de las montañas, encabezados por el imán Shamil, un avar del Daguestán, respaldado por los chechenos. Tras su derrota en 1859, las principales etnias guerreras caucásicas emigraron masivamente al imperio otomano.

Buscando acabar con las reivindicaciones nacionalistas, los regímenes zarista y soviético utilizaron la estrategia de las deportaciones masivas. En 1944, Stalin deportó a más de medio millón de chechenos e ingushetos a Siberia y Asia, acusándolos de colaboración con los nazis.

En 1957 recibieron el "perdón" de Nikita Kruschev. El 9 de enero de ese mismo año se restableció la República de Chechenia-Ingushetia, anteriormente suprimida por Stalín.

En 1980 se desata una feroz guerra entre Armenia y Azerbaiyán, a causa de los territorios de Nagorny-Karabaj. A partir de entonces, los conflictos escalaron.

El 9 de abril de 1991 Georgia, cuna de Stalin, se independiza. En el estado del Sur reinan los problemas por el idioma. El gobierno de Eduard Shevardnadze propulsó el nacionalismo lingüístico, tanto como un rechazo al imperialismo ruso, como un método de luchar contra las ambiciones independentistas de las minorías minóreles, azeríes y armenias que residen en el país.

Tan solo un año más tarde, Georgia pierde un largo conflicto armado con Osetia del Sur, región pro-rusa ubicada en el centro del país, que se independiza de facto.

Ese mismo año, la región georgiana de Abjasia proclama unilateralmente su independencia. El recientemente derrocado Shevardnadze respondió militarmente y dio comienzo a una cruenta guerra que acabaría cuando, para evitar la derrota, Georgia se ve obligada a unir fuerzas con la Comunidad de Estados Independiente (CEI), bajo el yugo ruso.

Tras la desintegración de la URSS, Rusia intensificó su intervención en los numerosos conflictos de la zona caucásica, tanto en el norte como en la Transcaucasia. Moscú siempre ha contado con una significativa presencia militar en toda la zona y ha intercedido inteligentemente con el fin de recuperar su influencia.

Muchos analistas creen que Rusia pretende formar un nuevo grupo de Estados caucásicos, bajo el manejo del Kremlin.

Pero antes de dar ese paso, Rusia deberá encontrar una solución para la dolorosa astilla de la región: Chechenia.

Lo que yace bajo la sangre

Durante la segunda guerra mundial, Adolf Hitler comenzó la operación ‘Blau´ (Azul) para obtener acceso a los campos petrolíferos de la región del Mar Caspio.

En 1936, el Führer dijo: "Si los Urales y el Cáucaso, con su incalculable riqueza de materias primas, los ricos bosques de Siberia y los interminables trigales de Ucrania, estuvieran a las órdenes de Alemania, bajo el liderazgo del nacional-socialismo, el país nadaría en la abundancia".

Hitler hacía referencia a las importantes reservas de crudo y gas natural que se ubican en la costas del Caspio, como ser Azerbaiyán, o del otro lado del Cáucaso, en Kazajstán y Turkmenistán.

Cuando se piensa en los motivos de las sucesivas guerras que explotan en el Cáucaso, junto a su importancia estratégica y sus mezclas étnicas y religiosas, no se debe olvidar jamás la capacidad incendiaria del crudo que se esconde en la zona.

"El telón de fondo en esta lucha por el poder (es) el petróleo, muchísimo petróleo; las estimaciones varían mucho: entre 25.000 millones y bastante más de 100.000 millones de barriles del total de reservas extraíbles, pero la región será de hecho una importante fuente de energía mundial en el futuro", explica Smith.

En juego está el llamado "contrato del siglo", es decir, la ruta que deberán seguir los millones de toneladas de crudo que se extraerán del Mar Caspio en los próximos años.

Actualmente las vías para la circulación del crudo son cuatro: por Irán, vedada por uno de los grandes interesados, Estados Unidos; por Armenia, considerada inestable tras varios años de guerra con Azerbaiyán; por Georgia, también inestable, pero la favorita de las petroleras europeas y norteamericanas; o a través de Rusia, opción que le significaría una enorme victoria al Kremlin.

Por eso es que desde el derrumbe de la Unión Soviética, las empresas petrolíferas occidentales luchan por abrirse camino hacia el Mar Caspio. Con contratos lucrativos han logrado alejar a varios de los antiguos Estados soviéticos de Moscú. Las autoridades del Kremlin, a causa del conflicto con Chechenia, han perdido además el control del oleoducto de Bakú, que recorre gran parte del Cáucaso, pasando por Chechenia hacia Novorosiysk en Rusia.

Por eso Rusia necesita desesperadamente control y estabilidad en el Cáucaso Norte, para así convencer a los inversores extranjeros de que la suya es la mejor opción.

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