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ENRIQUE
IGLESIAS EVOCA LA VISITA DEL PAPA A URUGUAY EN 1987
Una lección inolvidable
La
primera visita que el Papa Juan Pablo Segundo efectuó a Uruguay
el 31 de marzo de 1987 fue entre otros factores resultado
de una "amable conspiración" de varias personas
que no nos resignábamos a que el Santo Padre sobrevolara
nuestro país sin pisar nuestro suelo.
Cuando se comenzó a hablar de una visita del Pontífice
a Chile y Argentina el presidente de la República, Julio
María Sanguinetti, me encargó la difícil misión
de persuadir al Vaticano de que el Papa debía honrarnos e
inspirarnos con su presencia, en ocasión de ese histórico
viaje, tarea que dada mi condición de canciller y católico
revestía muy especial significado.
Con ese objetivo viajé a Roma en 1986 para entrevistarme
con altos dignatarios de la Curia y fui recibido por el propio Juan
Pablo Segundo. Se me explicó que el Papa tenía programado
ya un viaje a Uruguay para 1988 (que felizmente se concretó)
y que por tal motivo en 1987 iría sólo a Chile y Argentina,
que habían llegado gracias a la mediación papal a
un difícil acuerdo en su diferendo por la soberanía
del canal del Beagle.
Fue precisamente esta gestión histórica que inició
el Cardenal Samoré en nuestro país, la que me dio
pie para persuadir a la Santa Sede de la pertinencia de que el Papa
visitara Uruguay en dos fechas bien próximas: se me ocurrió
sugerir que puesto que el Santo Padre iba a Chile y luego a Argentina,
se reuniera primero en suelo amigo con los cancilleres de ambos
países para conmemorar el inicio de su mediación,
precisamente en el Palacio Taranco, sede del primer encuentro de
las delegaciones de Chile y Argentina con el Cardenal Samoré.
En esta gestión conté con el invalorable apoyo del
Nuncio Apostólico en Uruguay, mi querido amigo Monseñor
Brambilla y con los cancilleres Caputo y Del Valle que apoyaron
la iniciativa comprometiéndose a viajar a Uruguay para recibir
al Papa.
Fue así como el Papa llegó a Montevideo a las 5 de
la tarde de aquel 31 de marzo, bajo una lluvia torrencial, se dirigió
al Palacio Taranco y allí recibió a mis colegas cancilleres
de Chile y Argentina junto con el Presidente Sanguinetti en una
sencilla pero muy emotiva ceremonia, que fue también una
lección inolvidable de política. "El recurso
a la fuerza", nos dijo el Santo Padre en esa ocasión,
"a la violencia, para intentar resolver situaciones conflictivas
o de injusticia, a nivel internacional e incluso nacional, suele
llevar consigo además de otros graves inconvenientes
un costo elevado que lo descalifican como vía de solución".
A la mañana siguiente el Papa presidió una misa en
Montevideo en Tres Cruces, donde por iniciativa del Presidente Sanguinetti
permanece la Cruz, luego de un calvario de debates políticos
que se inició en la Junta Departamental y terminó
en el Parlamento. Hay que saludar la tenacidad del Presidente. Debo
confesar que previendo el difícil trámite yo aconsejé
en ese momento ubicar la Cruz en el Cerrito de la Victoria!! En
total, Juan Pablo Segundo permaneció en Montevideo unas 20
horas en esa ocasión, una visita breve pero histórica,
en un momento de reencuentro nacional, de sereno júbilo popular
y también de reafirmación de la vocación de
Uruguay como punto de convergencia de pueblos hermanos.
Doy gracias a Dios y a todos los que me ayudaron a conspirar piadosamente
para que aquella visita se hubiera podido concretar, lo que no impidió
que el Papa volviera a nuestro país al año siguiente...
Cr. Enrique Iglesias
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