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Palabra,
Dolor, Verdad
Ventanas para mirar al Papa Juan
Pablo II
Elijo
tres ventanas para mirar al Papa: palabra, sufrimiento y verdad.
1) La "palabra", espejo de lo humano
La palabra, como el rostro, es la condensación de la persona;
es capaz de reflejar lo de "adentro" de cada uno. En 1938
Karol Wojtyla ingresa a la universidad y atraído por la literatura
escoge los cursos de filología polaca; lo cautiva el estudio
de la lengua como fenómeno humano. Así se interna,
según relata, "en horizontes completamente nuevos, para
no decir en el misterio mismo de la palabra". La palabra, "antes
de ser pronunciada en el escenario (se refiere al teatro en el que
tomó parte), vive en la historia del hombre como dimensión
fundamental de su experiencia espiritual. En último análisis,
ella reenvía al inescrutable misterio del mismo Dios. Más
tarde entendí que los estudios de filología preparaban
en mí el terreno para otro tipo de intereses y estudios"
(Don y Misterio, cap. I). Joven sacerdote, estudia español
para gustar mejor la experiencia de San Juan de la Cruz. De la simpatía
espiritual pasa al análisis riguroso, preparando después
su tesis doctoral. Pero la palabra es también acción,
cultura, intercambio. En el extremo sur de Chile manos de mapuches
le regalaron un poncho; de inmediato se lo puso y dijo: ¡ahora
el Papa es mapuche!, en nuestro país aceptó un mate.
Con los jóvenes ha mostrado particular cercanía, fiel
a la costumbre de organizar excursiones con gente joven, escalando
montañas y haciendo canotaje. En largas veladas que alternan
música, oración y testimonios, en particular durante
las Jornadas Mundiales de la Juventud (la última en Toronto
2002) sus palabras tocan fibras juveniles y mueven multitudes. Hace
pocos días el embajador de Polonia en nuestro país
declaró que, siendo estudiante, oyó de boca del Papa,
durante la primera visita a su tierra natal (2-10 junio 1979), palabras
con formidable fuerza profética: "Envía Señor
tu Espíritu y renueva la faz de la tierra; ¡¡de
esta tierra!!". Fue una explosión. Y se desató
un torrente de libertad.
2) Compañero "molesto" de la
condición humana : el sufrimiento
Cuando el sufrimiento golpea pone a prueba nuestra resistencia;
a veces derriba, otras estimula e interpela. En todo caso, ¿quién
puede escapar de él? Wojtyla lo experimentó desde
muy joven; a los nueve años muere su madre y a los doce su
hermano mayor. La guerra frustra sus estudios pero no sus sueños;
aprende a vivir absorbiendo y elevando contradicciones. Va madurando
una intuición vocacional alimentada por la llama de la fe
y por el entorno familiar, su padre en particular, compañeros
de estudio, profesores y la iglesia a la que se siente cordialmente
vinculado. A los sufrimientos físicos y morales de un pueblo
ocupado y privado de sus libertades, se suma la deportación
y el campo de concentración de muchos compatriotas. Pero
su espíritu inquieto ahonda en esos dramas y a través
de la poesía, el teatro histórico y la mirada creyente,
tales contradicciones alcanzan un nivel trascendente. En la Carta
Apostólica "El sentido cristiano del sufrimiento humano",
firmada el 11/II/84, tres años después del trágico
episodio que lo llevó al borde de la muerte, el Papa propone
con humilde valentía el "valor salvífico"
del dolor.
Plaza San Pedro:
13 de Mayo de 1981
El reloj se detuvo. Eran las 17 y 13 minutos. Alì Agca disparó
con una Browning 9 mm semiautomática; dos proyectiles perforaron
órganos vitales. La imagen del Papa con sotana blanca ensangrentada
recorrió de inmediato todo el mundo. Una religiosa polaca,
allí presente, recordó una poesía de Wojtyla,
Estanislao, cuando el obispo de Cracovia, aproximándose al
martirio, afronta a su asesino: "¡Si la palabra no ha
convertido, será la sangre la que convierta!" .
"Una mano disparó, otra guió el proyectil"
comentará Juan Pablo II, interpretando lo ocurrido en clave
de intervención "milagrosa". Era el día
de la Virgen de Fátima; además como recordó
el Papa-, "no existen simples coincidencias en los designios
de la Providencia". Agca, killer profesional, había
disparado desde corta distancia y un proyectil pasó a un
pelo de la aorta central; si lo hubiera alcanzado, Juan Pablo II
no habría llegado con vida al quirófano del piso 9º
del Gemelli. Además el proyectil habría podido paralizarlo;
pero no tocó ninguno de los principales centros nerviosos.
Pocos días después de la visita del Papa a su agresor,
Alì Agca, encerrado en la cárcel romana de Rebibbia,
tuve ocasión de preguntar a Juan Pablo II durante un almuerzo,
si éste le había manifestado algo. ¡Que nunca
había errado un tiro!, me respondió el Papa.
3) Verdad: entre crisis y
hambres
Verdad es lo que me sirve. Lo que coincide con mis ideas. Lo que
siento. O ¿qué importancia tiene eso? Expresiones
de una cultura de la crisis, cuando se pierde de vista el conjunto,
se juega a las escondidas y a pesar de la multiplicación
de los fragmentos de verdad se ignora el diseño del puzzle,
se pierde el rumbo y las coordenadas de la vida personal y social.
¿Quién no experimenta el vértigo de atomizarse
en una serie interminable de conocimientos fragmentarios que llenan
la cabeza y desorientan en vez de liberarnos? El vaivén de
muchos pasos parece oscilar entre fanatismos que alienan, angustias
por la confianza colocada en verdades que no dan sentido e indiferencias
de quien, decepcionado, se refugia en el pequeño mundo de
sus hobbies e intereses, sin grandes ideales ni proyectos, en una
zona de apatía frente a la verdad y a la falsedad. Pero toda
crisis puede ser una oportunidad.
"El bien de la persona es existir en la Verdad y hacer la Verdad.
Este vínculo esencial entre Verdad-Bien-Libertad, se ha escurrido
en gran parte de la cultura contemporánea" (Juan Pablo
II). Hacia este horizonte invita a caminar con pasión y esperanza.
En tiempos de relativismos, equilibrios ficticios y tolerancias
ambiguas, esta línea de acción representa un abordaje
valiente y un aporte a la cultura de nuestros días. Un largo
y difícil camino tuvo que recorrer la décima encíclica
de Juan Pablo II "El Esplendor de la Verdad", firmada
el 6/VIII/1993, en la cual encara la relación esencial y
constitutiva entre libertad y verdad. El desarrollo vertiginoso
de las ciencias y el progreso de las culturas demuestra que en el
hombre existe algo que las trasciende. Este "algo" es
precisamente la naturaleza del hombre: esta naturaleza es la medida
de la cultura y es la condición para que el hombre no sea
prisionero de ninguna de sus culturas, sino que defienda su dignidad
personal viviendo de acuerdo con la verdad profunda de su ser.
Los seres humanos siempre buscamos y deseamos encontrar una verdad
más profunda. La inteligencia no se sacia con las realidades
efímeras; tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible
con certeza, aunque a veces demande constancia. Cuando la verdad
define un estilo de vida, se hace sabiduría o arte de vivir
que siembra semillas de humanismo en todos los rincones de la sociedad.
Este es el humanismo del que el pensamiento de Juan Pablo II se
ha hecho testigo.
Pablo Galimberti,
Obispo de San José de Mayo
Presidente del Dpto. de Comunicación de la Conferencia Episcopal
del Uruguay
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