No se amedrente; redactar una crónica no es demasiado diferente a relatar a un amigo un acontecimiento que aquél desconoce. El relato coloquial suele ser más preciso e interesante que el lenguaje escrito. Por ejemplo, termina de ser testigo de un accidente de tránsito y lo quiere contar. No le dice al amigo como en los partes policiales: “en circunstancias que el vehículo tal…”. No, la noticia es el accidente, las consecuencias, el lugar, etc. y todos esos datos deben figurar en el comienzo de su discurso. Igual ocurre con la crónica. Es el afamado “Qué, Quién, Cómo, Cuándo y Por qué” que debe figurar en las primeras líneas de su crónica. Discierna con cuál de esos datos debe comenzar la crónica; cada caso exige diferente enfoque. Su objetivo es capturar el interés del lector.
Puede ser más ingenioso y comenzar de manera diferente, pero no se arriesgue si no está seguro de lo que hace. Aburrir al lector es una experiencia penosa. ¿O acaso no tiene algún insoportable amigo que empieza sus cuentos por el final o abusa de datos carentes de interés? Sea extremadamente respetuoso de la realidad; no invente lo que no sabe, tampoco lo copie de otros. Es legítima la cita entrecomillada y breve de otra fuente. Si no tiene nada nuevo e interesante para expresar, ni lo intente.
Aconséjese con Homero Alsina Thevenet, el mejor de los maestros, terror de periodistas apurados y desprolijos, quien escribió lo siguiente referido a la organización de un texto como el que usted pretende escribir:
- En cualquier buen texto se reconoce un principio, un desarrollo y un cierre. Sin alguna de estas partes, el producto queda incompleto. Generalmente se escribe con mayor cuidado el cuerpo del texto porque es allí donde se desarrollan las ideas. Sin embargo, un trabajo puede tener muy buenas ideas, pero resultar poco atractivo a la lectura [o ser incomprensible] si no está bien organizado.
- La entrada del escrito constituye el primer contacto del lector con el texto y es esencial para atraerlo a la lectura: “Si usted no lo seduce en las primeras cuatro líneas, si le complica la comprensión, si el texto se ramifica o divaga, el lector se va de inmediato. Y además, no vuelve.
- Muchas veces, una afirmación sorprendente [un hecho, un dato], una pregunta, un ejemplo, una comparación o una descripción actúan como buen “gancho” para comenzar el primer párrafo y dan pie al desarrollo de ideas.
- Algunas recomendaciones generales: Evitar los rodeos. Ir hacia el asunto principal y evitar los comienzos demasiado explicativos, lentos y sin fuerza.
- La falta de claridad muchas veces se deriva de la necesidad de incluir modificadores que expresan duda, posibilidad o falta de certeza y de autoridad sobre la materia. El resultado es siempre una estructura tímida. Frases como “En la que algunos expertos piensan que es la primera investigación de esta clase…”, es más insegura que: “Por primera vez se investiga…”.
- El lector medio tiene una capacidad limitada de asimilación de conocimientos; por lo tanto, no se le pueden presentar todos juntos, en un bloque compacto y pesado. Lo recomendable es comenzar con el elemento más importante y luego ir añadiendo los demás poco a poco, sin intentar una amalgama indescifrable de datos compilados en una sola frase.
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