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¿No es para asustarse?JUAN MARTIN
POSADAS El resultado de las elecciones brasileñas desencadenó toda suerte de proyecciones sobre sus efectos en nuestro país, pero sin entender un aspecto obvio. Lula Da Silva ganó la primera vuelta de las elecciones brasileñas y estuvo a un paso de obtener la mayoría absoluta. Unos meses atrás, allá por marzo o abril, los más reconocidos especuladores internacionales y los no menos famosos gurús de las empresas calificadoras de riesgo, empezaron a accionar los botones de alarma aduciendo que Lula quien entonces contaba con una enorme ventaja en las encuestas de intención de voto constituía una terrible amenaza para el futuro económico del Brasil. Según esas opiniones, ese candidato de izquierda y su partido, el Partido Trabalhista, no compartían los "principios probados de una sana economía". Agitando el fantasma izquierdista que, pronosticaban, llevaría al Brasil al demonio hicieron bajar la cotización de la deuda soberana de ese país a la mitad de su valor y patearon el dólar a casi 4 reales. (Alguien debe haber ganado mucha plata comprando barato). Invito ahora al sacrificado lector a reflexionar sobre el siguiente contraste: cuando Lagos lanzó su candidatura a la Presidencia de Chile ninguno de esos encumbrados augures de las finanzas puso mala cara, a ningún centro financiero mundial le tembló la pajarilla y nadie salió corriendo a vender sus papeles de deuda pública chilena ni a pronosticar catástrofe alguna si ganaba las elecciones ese izquierdista confeso y matriculado. Si nos atenemos a las definiciones estrictas, Lagos es mucho más izquierdista que Lula; es socialista fichado y con carnet. Pero, como se sabe, Lagos salió presidente y el gran capital no se ha movido de Chile. Lo que ha perjudicado un tanto a Lula más allá del interés espurio de los especuladores no fue su condición de izquierdista: nadie se asusta en el mundo de hoy por eso, por favor! Lo ha perjudicado una imagen algo ingenua de sujeto que todavía invierte en ciertos rituales políticamente correctos para la izquierda literaria; por ejemplo, hace poco hizo un viaje-peregrinación a Cuba para un intercambio de zalamerías con Fidel Castro. El socialismo de Lagos no asusta a los capitales ni a los domésticos ni a los internacionales porque Lagos es un político serio. Es socialista pero es un político responsable que no masca vidrios (ni ideologías). Lula ha dejado un poco intranquilos a algunos magnates y a algunos teólogos de las finanzas, no tanto por su costado izquierdista sino por su pizca fantasiosa. Si este ex obrero metalúrgico llega a ganar definitivamente la presidencia de su país no se va a condensar allí ninguna tragedia o amenaza mayor (más allá de las que ya hay). Los pronósticos de navegación serena (o no tanto) para el Brasil no están vinculados con el izquierdismo de Lula (que, a su manera lo tiene) sino con la seriedad con que se pueda manejar en el Palacio de Alvorada. Acá en Uruguay todavía falta mucho para las elecciones. Hay un crecimiento sostenido de la izquierda, como es notorio, y eso pone nerviosos a algunos. Pero, cuál es la causa de ese nerviosismo si Vázquez es socialista igual que Lagos? Personalmente no sentiría demasiado temor por el Uruguay si las próximas elecciones las ganara la izquierda; ahora, si las gana Vázquez, la cosa cambia. Columna de "El Pais". 13 de octubre de 2002 |
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