Análisis político por Alfonso Lessa
La propuesta del ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, para negociar sendos tratados de libre comercio con Estados Unidos y China, significó un elemento de agitación para una de las semanas tradicionalmente más tranquilas no sólo de Uruguay, sino de la región, la que va desde fin de año al día de reyes.
Después de las discusiones internas que generó en la izquierda la ratificación parlamentaria del tratado de protección de inversiones con Washington, esta iniciativa parece destinada a una nueva polémica en el oficialismo y anuncia desde ya uno de los debates políticos del año que comienza. Algunas de las reacciones de los últimos días exhibieron signos inequívocos de ello.
La controversia, sin embargo, no quedó solo en esta orilla del Plata, sino que —en medio de la crisis por las papeleras— añadió otro elemento de fricción con Argentina, que hizo saber de su oposición a que se negocie un acuerdo de este tipo por fuera del Mercosur. Luego de que Clarín titulara en tapa con el presunto nuevo conflicto, Argentina bajó las revoluciones del tema.
Entre medio, el canciller Reinaldo Gargano se ocupó de desmentir lo que nadie había dicho: que Uruguay ya estuviera encaminando una negociación con Washington.
ANTECEDENTES CERCANOS. Alguien que aprecie estas circunstancias sin considerar demasiado los antecedentes del tema, podría verse sorprendido, pero en realidad en el fondo del asunto no hay mucho de nuevo, más allá del cambio de actores, circunstancia para nada menor, claro está.
Hace muy poco tiempo fue el entonces presidente Jorge Batlle quien impulsó el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Y en aquel momento fue mucho más Brasil que Argentina el país que expresó su incomodidad con el hecho de que pudieran existir negociaciones bilaterales de este carácter. También, por supuesto, hubo en aquellas circunstancias voces opuestas de la izquierda.
La reacción de Argentina, por lo tanto, es casi la misma que recogió la iniciativa de Batlle cuando procuraba un acercamiento con Estados Unidos, como modo de superar el estancamiento del Mercosur y acotar la dependencia de Uruguay del comercio con Argentina y Brasil. La crisis del 2002 con todos sus componentes locales, pero antecedida de la devaluación de Brasil de enero de 1999 y del derrumbe argentino de 2001, dejaron en claro los perjuicios que recibía Uruguay ante las contingencias de sus vecinos.
En aquel entonces —apenas asumido Lula— el canciller Celso Amorim advertía que si el Mercosur quiere funcionar, debe negociar como tal ante otros bloques y países y no de modo individual. El concepto seguramente hubiera sido el mismo si el canciller de Brasil hubiera sido otro, en un país que ha hecho de la política exterior un instrumento estratégico de Estado caracterizado por su continuidad más allá de los gobiernos y que por tanto tiene en su cancillería —Itamaratí— un actor muy poderoso.
En aquel entonces Argentina, en realidad, tenía poco que decir luego de un extenso período de gobierno de Carlos Menem en el que uno de sus ejes en materia de política exterior, había girado precisamente en un acercamiento bilateral con Estados Unidos, al margen por completo del resto de los países del Mercosur. Menem, incluso, procuró sin éxito seguir el camino de Chile, que sí tiene un tratado de libre comercio con los Estados Unidos.
Hoy las cosas han cambiado y es Argentina la que protestó primero, de la mano de un gobierno que en muchos sentidos representa la más absoluta ortodoxia peronista y que incluso ya no admite con claridad lo que poco tiempo atrás parecía obvio: el liderazgo regional de Brasil.
Pero además, esta reacción se produce muy poco tiempo después de que la propia Argentina de Kirchner y Brasil buscaran entendimientos bilaterales absolutamente al margen de los otros dos socios del Mercosur, hecho que determinó una severa intervención del presidente Tabaré Vázquez en la última cumbre de Montevideo.
EL DEBATE INTERNO. La iniciativa, como era de esperarse, tuvo ecos diversos en el Frente Amplio, los que no fueron mayores sólo por encontrarnos en verano. Quizás no sea casualidad, precisamente, que Astori haya aprovechado la somnolencia de comienzos de enero, para lanzar su idea.
Astori previó las reacciones en el Frente Amplio, aunque se mostró optimista respecto a un eventual cambio en la postura de la izquierda, de rechazo automático a cualquier acercamiento con Estados Unidos. Un asunto al que refería la ya famosa frase del senador Eleuterio Fernández Huidobro cuando dijo —en medio del debate sobre el tratado de inversiones— que la oposición cerrada a ese acuerdo respondía a la lógica de una Guerra Fría que había terminado hace rato, aunque algunos no se hubieran dado cuenta.
En este caso, según recordó estos días el diputado tupamaro Luis Rosadilla, existe una definición expresa del Frente Amplio contraria al acuerdo con los Estados Unidos. Cualquier redefinición del tema, deberá seguir un camino mucho más arduo que el del tratado de inversiones. No parece ya posible, en este caso, acortar el camino y evitar mayores y más complejas instancias de discusión.
Sabido es que el presidente Tabaré Vázquez debió poner sobre la mesa todo su peso político para lograr la aprobación de un tratado que celebró personalmente en Mar del Plata con el presidente George Bush. Y en ese camino fue fundamental, también, el peso de los líderes del MPP, en particular José Mujica, para alinear a su numerosa bancada detrás del presidente.
"El gobierno uruguayo no está negociando ningún tratado de libre comercio con Estados Unidos. Si el canciller no lo sabe y el presidente de la República tampoco, algún grado de falsedad tiene que tener la noticia", respondió el canciller Gargano.
Astori, sin embargo, no había dicho que se estuviera negociando y por el contrario había reconocido que al tema "hay que analizarlo, hay que estudiarlo con paciencia, hay que argumentar, hay que intentar convencer de que estos son los caminos para alcanzar el objetivo más importante que tiene la izquierda uruguaya en el gobierno, que es darle trabajo a la gente".
Durante su última visita a Estados Unidos —país que es hoy el primer cliente de Uruguay— el presidente Vázquez reafirmó la vigencia del Mercosur, pero también se mostró dispuesto a "firmar acuerdos bilaterales que interesen y convengan al país".
Queda por saber si esta iniciativa concreta de Astori fue exclusivamente personal o cuenta con el aval —explícito o implícito—de Vázquez. Sea como sea, el tema ya está arriba de la mesa.