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HISTORICO | Ratzinger fue el brazo derecho para los asuntos eclesiales del difunto Papa polaco, en cuya elección participó en 1978
Humo blanco para Benedicto XVI
En la cuarta votación, el Cónclave de Cardenales eligió a Joseph Ratzinger, un hombre fuerte de la doctrina vaticana

El cardenal Joseph Ratzinger es desde ayer el nuevo jefe de la Iglesia Católica, que dirigirá bajo el nombre de Benedicto XVI, convirtiéndose en el primer Papa germano desde la Edad Media.

"Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor", declaró Ratzinger, de 78 años, emocionado en su primera aparición como Papa en el balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano a las 18.47 (13.47 de Uruguay), bajo las aclamaciones de los fieles.

El cardenal protodiácono chileno, Jorge Arturo Medina Estévez, fue el encargado de presentarlo a los 1.100 millones de católicos del mundo con la secular fórmula Annuntio vobis gaudium magnum Habemus Papam ("Les anuncio una gran alegría, tenemos Papa").

La emoción y las lágrimas eran visibles en muchos de los rostros de las casi 200.000 personas que afluyeron a la plaza después de que la fumata blanca y las campanas de San Pedro anunciaran al mundo la elección del nuevo Papa alrededor de las seis de la tarde.

Ratzinger, ex guardián de la doctrina de la fe e ideólogo del bloque conservador, fue el brazo derecho para los asuntos eclesiales del difunto Papa polaco, en cuya elección participó en 1978, y el gran favorito para sucederlo en este primer Cónclave del tercer milenio, que comenzó el lunes y fue uno de los más breves de los de los dos últimos siglos.

El decano de los cardenales fue elegido por una mayoría de dos tercios de los electores —fijada en 77 votos— en la cuarta votación de este Cónclave en el que participaron 115 purpurados de 52 países de los cinco continentes, entre ellos 20 latinoamericanos.

El 265 pontífice de la Historia tendrá la difícil labor de reemplazar al mediático Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril a los 84 años y tras casi 27 de pontificado, y de afrontar las múltiples amenazas y desafíos de la Iglesia en los albores del tercer milenio.

BENEFICIOS. Para sus partidarios, Ratzinger es el candidato ideal para tomar las riendas de la Iglesia post-Juan Pablo II, quien según ellos fue demasiado lejos en el diálogo interreligioso y en el arrepentimiento de la Iglesia por sus actos pasados, y consagró demasiado tiempo a los viajes por el mundo.

Desde su posición anterior como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe —que lleva el mismo nombre de la antigua Inquisición—, Ratzinger luchó contra todo intento de modernizar la Iglesia Católica, por lo que se espera que lleve a cabo una política continuista durante su papado, que no debería ser demasiado largo a causa de su edad.

En su última homilía, pronunciada el lunes durante la misa Pro eligendo Papa previa a la apertura del Cónclave, el nuevo Pontífice dejó clara su posición sobre la Iglesia que quiere y arremetió contra la dictadura del relativismo, que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus deseos.

"Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es con frecuencia etiquetado de fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, aparece como la única actitud a la altura de los tiempos modernos", aseguró el cardenal ante los fieles y religiosos que abarrotaban la nave central del templo.

DESAFIOS. Entre las tareas más inmediatas del nuevo Papa estará también decidir si abre el proceso de beatificación de Juan Pablo II, primera etapa de la canonización, respondiendo a una de las principales demandas formuladas por cientos de miles de fieles desde su muerte.

La mayoría de expertos esperan que prosiga la labor de su antecesor en la defensa de los derechos humanos y la promoción de la paz mundial, aunque nada librará al nuevo Papa de buscar soluciones a los problemas internos que se agudizaron en las tres últimas décadas.

El nuevo Pontífice tendrá que escuchar también las numerosas voces que dentro de la Iglesia denuncian el excesivo centralismo, el enorme poder de la Curia Romana y la falta de diálogo con los obispos y las bases.

Otro problema de la Iglesia que él mismo ayudó a construir es la deserción de los templos, provocada por una secularización creciente de la sociedad, en particular en el primer mundo.

En el tercer mundo, el Papa deberá abordar el éxodo de los católicos a las nuevas iglesias evangélicas y pentecostales que surgen especialmente en América Latina, que esperaba un Pontífice más progresista, y no al hombre que cercenó la Teología de la Liberación en los años ochenta.

Aseguran que no tiene problemas de salud

El nuevo papa Benedicto XVI aparentemente no padece problemas de salud crónicos a sus 78 años, pero ha sido internado por lo menos dos veces desde principios de la década de 1990, de acuerdo con diversos archivos e informes.

En setiembre de 1991 sufrió un derrame cerebral que afectó temporalmente su ojo izquierdo, según el veterano periodista vaticano John Allen en su libro "Cardinal Ratzinger". Sin embargo, no existen indicios de que haya dejado secuelas.

En agosto de 1992 sufrió un corte en la cabeza al resbalar en el baño durante unas vacaciones en los Alpes italianos, informó la prensa local en la época.

Thomas Frauenlob, director del seminario San Miguel de Traunstein, donde el Papa estudió en su juventud y al que aún visita todos los años, dijo que no conocía que tuviera problemas de salud.

"Parece sano", dijo Frauenlob, que lo vio por última vez durante la fiesta de Año Nuevo. "Viene y come y bebe lo que quiere".

Pero el reverendo Thomas Reese, especialista en asuntos vaticanos, expresó la opinión de que la salud del nuevo pontífice "no fue tan buena" durante el año último. No entró en detalles. AP

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