GUILLERMO ZAPIOLA
Crónicas internacionales sostuvieron que fueron "los Goya más previsibles de la historia", aunque una vez más, como en las candidaturas al Oscar, hubo una pincelada de color uruguayo que estableció alguna diferencia: Whisky se las arregló para colarse en el palmarés en la XIX entrega de los premios de la Academia del Cine de España, con más sorpresa para sus autores Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll que para sus numerosos admiradores que saben que el premio que les dieron al mejor título no español en lengua castellana fue justo. Con uruguayez muy uruguaya que todavía no ha perdido la desconfianza hacia los jurados que tienen que valorar producciones nacionales, y a pesar de que la impresionante lista de premios que han obtenido en el correr del último año tendría que haberlos alertado un poco, los Pablos estaban convencidos de que Machuca del chileno Andrés Wood podía ganarles, y también les preocupaba Luna de Avellaneda de argentino Campanella, dos de los títulos con los que competían. El jurado en cambio encaró las cosas con otra sensatez, y puso las cosas en su sitio.
Pero también hay que hablar de las "no sorpresas" españolas. El film de Alejandro Amenábar Mar adentro se alzó con catorce de los quince premios a los que aspiraba, lo que constituye también un récord en la materia. Hasta el momento, la película que había ganado mas Goyas había sido ¡Ay, Carmela! de Carlos Saura, que alcanzó la cifra de trece. Mar adentro obtuvo entre otras las estatuillas a mejor película, director, actor (Javier Bardem), actriz (Lola Dueñas), actor de reparto (Celso Bugallo), actriz de reparto (María Rivera), guión (Amenábar y Mateo Gil), actor revelación (Tamar Novas), actriz revelación (Belén Rueda), fotografía (Javier Aguirresarobe) y música. Lo que casi todo el mundo esperaba, aunque significara dejar afuera a títulos estimados (y estimables) como La mala educación de Pedro Almodóvar o Roma de Adolfo Aristarain, que también competían y que se quedaron sin nada, al igual que El séptimo día de Saura.
EXITO. La película de Amenábar, la más vista en España en 2004 con más de 3,8 millones de espectadores, ha ido de éxito en éxito desde su estreno. Entre otras distinciones, Amenábar recibió el premio al mejor director en la última edición de los premios del cine europeo, donde también Bardem ganó el premio al mejor actor. También fue premiada con el Globo de Oro a mejor film extranjero, y es candidata al Oscar en el mismo rubro. Por su parte, Bardem fue León de Plata en Venecia, y su maquillador compite ahora por el Oscar. Pocos films españoles recientes se han hecho notar tanto.
Quienes hayan leído la extensa nota que esta página le ha dedicado a Mar adentro saben ya que se inspira en hechos reales: la larga lucha que el marinero gallego Ramón Sampedro, tetrapléjico a causa de un accidente, llevó a cabo ante las autoridades españolas reclamando su derecho a una "muerte digna". Su pedido fue rechazado, pero el hombre se las arregló para que algunos allegados le proporcionaran el cianuro (otras fuentes dicen arsénico) que puso fin a su vida. Cuando le tocó subir al escenario para recibir su premio, Bardem lo dedicó a la memoria de su personaje Sampedro, quien quedó paralizado del cuello para abajo al fallar una zambullida en el mar y permaneció en esa situación durante casi treinta años.
fiesta. La ceremonia de los Goya, que duró tres horas, comenzó a las 22 horas de España (21 de Greenwich) en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, en presencia el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y su esposa Sonsoles Espinosa.
El Goya a Whisky fue el segundo recibido por América Latina durante la gala. El primero fue para el músico brasileño Carlinhos Brown por la canción Zambie Mameto, compuesta para el film El milagro de Candeal del español Fernando Trueba, que a su vez se llevó el Goya al mejor documental.
Aunque no hubo nada tan conflictivo como los enfrentamientos del año pasado en torno al film de Julio Medem La pelota vasca (que algunos tomaron con error por una apología de la ETA), la ceremonia de los Goya sirvió de marco a los usuales pronunciamientos políticos y reclamos profesionales que suelen acompañar a las manifestaciones de este tipo. Aprovechando la presencia de Rodríguez Zapatero, la actriz Mercedes Sampietro, presidenta de la Academia, reclamó la excepción cultural para el cine español, y una actitud más enérgica en su defensa ante las producciones norteamericanas que copan el mercado. "A veces, hacer cine en este país parece una tarea propia de Don Quijote", aseguró Sampietro, la espléndida actriz de Gary Cooper que estás en los cielos, que parece conservar las energías y el espíritu sanamente peleador que la han caracterizado desde siempre.
También, numerosos actores y actrices utilizaron la ocasión para pronunciarse contra la piratería y reclamar medidas a las autoridades en defensa de sus fuentes de trabajo. Sin embargo, el clima en general reinante fue festivo y apacible, sin víctimas de la ETA protestando a la puerta del edificio ni gente que debiera explicar que estar a favor de la libertad de expresión no es lo mismo que estar a favor del terrorismo.
Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue la entrega de un premio especial en recompensa de su trayectoria cinematográfica al actor español José Luis López Vázquez. El notable actor dramático y comediante de 82 años, protagonista de La prima Angélica de Saura y de otras varias docenas de películas del cine español recibió su Goya de Honor y un prolongado aplauso de pie de todo el auditorio.
Una afirmación del cine germano turco
Ya se había cruzado con Mar adentro en la entrega de los Premios Europeos, y volvió a encontrarse con ella en los Goya. La estatuilla a Mejor Film Europeo (exceptuando los españoles) fue para Contra la pared del germano-turco Fatih Akim, que con esta nueva distinción vuelve a afirmarse como uno de los títulos más destacados de la producción del viejo continente (Amenábar y Bardem habían ganado igualmente Premios Europeos en sus respectivos rubros).
Contra la pared pone el dedo en la llaga de un tema que la sociedad alemana ha fingido durante largo tiempo que no existía, pero que se ha vuelto crecientemente visible en los últimos años: el de los "matrimonios arreglados" en las comunidades de inmigrantes musulmanes en Europa. La película arranca con un intento de suicidio (el de una joven germano-turca a la que sus familiares intentan casar contra su voluntad), y luego retrocede en el tiempo para examinar la serie de acontecimientos que condujeron al personaje hasta esa decisión extrema. El film atiende también los sinsabores de un novio tan poco convencido de lo que lo obligan a hacer como la protagonista.
A partir de ahí, el director Akim examina las tensiones y las contradicciones de una franja de la sociedad europea de hoy, a caballo entre dos mundos, dos civilizaciones y dos culturas. Alemania, en particular, ha tratado de postergar la discusión sobre el tema (con su propio pasado de genocidio y racismo, los alemanes se sienten poco motivados a cuestionar la intolerancia o el racismo de los demás), pero le está resultando cada vez más difícil hacerlo, sobre todo desde el momento en que los propios inmigrantes o sus hijos están comenzando a examinar críticamente la situación.
El premio a Contra la pared puede simbolizar también la definitiva consagración de la generación de cineastas turco-alemanes de segunda generación, que según casi toda opinión crítica europea respetable constituyen uno de los grupos más interesantes de la producción cinematográfica europea de los últimos cuatro o cinco años. De ello tuvo alguna comprobación el aficionado uruguayo hace un par de años, a través de un ciclo presentado en la Cinemateca por el Instituto Goethe. También se había conocido allí (y luego se la vio como estreno "normal", en el ciclo Viva la Diferencia) el film Yara, una película anterior de Fatih Hakim que a partir del obligado retorno de una inmigrante a su Turquía original ya se ocupaba de los sobresaltos de una identidad cultural contradictoria.
La nerviosa espera ante el televisor
La actriz Mirella Pascual, protagonista femenina de Whisky, siguió por televisión la entrega de los Goya desde Montevideo. "No quería mirar la transmisión, por los nervios. Pero al mismo tiempo sí quería verla, porque el Goya es un premio muy importante", le confesó Pascual a El País. Curiosamente, no esperaba que Whisky ganara: "Si bien la película tuvo muy buenas críticas en España, competía con dos producciones de mucho peso, como Machuca y Luna de Avellaneda".
"Ahora, los que estamos acá vamos a juntarnos para festejar, una vez más", agregó Pascual. No fue posible en cambio, hasta el cierre de esta edición, hacer contacto con los directores Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll y el productor y editor Fernando Epstein, quienes ya habían abandonado Madrid tras recibir el premio y estaban viajando hacia Rotterdam.
En la noche del domingo, empero, los tres llamaron a sus familiares en medio del festejo por el premio obtenido. De acuerdo a lo declarado por uno de los familiares, Stoll dijo también "haberse sentido sorprendido por el galardón". El codirector de Whisky creía que el Goya iría para la película chilena Machuca, en especial por el gran despliegue de periodistas chilenos que asistieron a la ceremonia, que contrastaba con la "nula presencia de los medios uruguayos".
Los Pablos deberían tener empero más confianza en sí mismos, o en los jurados del Goya, que afortunadamente parecen bastante resistentes a los "lobbies" y además no son uruguayos. De hecho no hay que atribuir a ningún lobby la serie de premios que su película ha obtenido a lo largo del año pasado, que arrancó con dos galardones en la sección Un Certain Regard en Cannes y continuó llevándose distinciones en Perú, Gramado, Tokio y ahora España. No "se les dio" el Oscar (la lista de cinco candidatas al premio de la Academia ya ha sido anunciada, y Whisky no figura), pero va a ser casi lo único que les falte. Congratulaciones.