NO hace muchos días se dijo en esta página editorial que el Frente Amplio en el gobierno podría pasar a la mejor historia del país con lograr un solo resultado: cambiar la mentalidad sindical uruguaya, ponerla al día con sus similares que evolucionan como evoluciona el mundo, hacerles ver a sus dirigentes que una cosa es el gobierno del país y otra los sindicatos —que no mandan, que cada vez son menos representativos de los trabajadores porque van perdiendo las adhesiones de aquellos que piensan con su propia cabeza, y por consiguiente se debilitan— y que en definitiva los gobiernos hacen lo que pueden y no lo que quisieran hacer. La apuesta nacional debe apuntar sin ninguna duda a quienes van a ser gobernantes dentro de una línea de moderación, que no van a prometer imposibles, que van a encarar sus funciones con seriedad y que quieren ser eficaces. En eso están Astori, por ahora el presidente electo, y algunos racionales más.
El problema es la compañía que les rodea. Es posible que también esa sea en general y salvo diferencias en algunos aspectos la disposición del MPP, porque los alborotos que provocó hasta la internación de Mujica, fueron por la búsqueda de cargos reclamando posiciones en proporción a los resultados electorales obtenidos y probablemente por el desagrado que no se hubiera aceptado su candidato a la presidencia del Banco de la República.
PERO ahora el ruido proviene de los sindicatos socialistas y comunistas que no están de acuerdo con el respaldo del presidente electo al otorgarle un blindaje completo a Astori y a su equipo. Y ya se han levantado voces de protesta. Informa Búsqueda que el dirigente de AEBU Gustavo Bernini advirtió que en Chile a Allende no lo derribó solamente "la derecha". Juan Castillo —éste mucho más conocido, mucho más mediático, coordinador del Pit-Cnt y diputado comunista electo— previene contra lo que considera un fracaso del gobierno de Felipe González.
Justamente Castillo se queja que las señales que emite el gobierno electo desdibujan las posiciones históricas de la izquierda, y textualmente se preguntó: "si ahora resulta que hay que esperar un mejor escenario en lo económico para recuperar salarios que perdieron el 25% de su poder adquisitivo en el último lustro, si tenemos que cuidar el equilibrio fiscal, si debemos ser muy cuidadosos en el respeto de los organismos internacionales de crédito, si se trata de respetar los contratos de este gobierno, si seguimos amontonando elementos de este tipo ¿para qué luchamos tanto para cambiar?"
ADVERTIRA el lector que el cambio por el que bregaron estos "luchadores sociales", implica —por sentido contrario— descuidar el equilibrio fiscal, pasarse por los bigotes a nuestros acreedores, desconocer los contratos que se obligó a respetar el país (no sus gobiernos). Esta es la demostración de cómo esta gente entiende la moral política, y que llegó al gobierno con los votos de más de un millón de compatriotas. Están en contra de todo lo que sirve para el crecimiento económico, protestan porque se estudia qué hacer y cómo llevar adelante la reforma constitucional del agua (aunque en este aspecto es de los pocos que pueden tener algo de razón), protestan por el ingreso de capitales transnacionales en inversiones de plantas de celulosa, no les gusta cómo se procesó la concesión de las comunicaciones, no están seguros si deben o no hacerse inversiones en el ferrocarril, y observan la falta de definición en materia de derechos humanos.
En pocas palabras le exigen al gobierno electo que cumpla lo que prometió, y si no, este señor Castillo dice preferir a los gobernantes anteriores a quienes califican de "ladronzuelos" pero por lo menos identificables. Dijo también que el Partido Comunista no será opositor al gobierno, pero que no lo va a apoyar sentándose a aplaudirlo, y se manifiesta abiertamente en desacuerdo con la posición que le quiere imprimir Astori al proceso económico.
En síntesis, los comunistas y algunos socialistas que mandan en los sindicatos aspiran, aunque no lo dicen, un gobierno al estilo de Fidel Castro, que en el fondo, es el único elemento que aglutina por admiración a todo el Frente Amplio.
AY Astori, Astori... qué líos que va a tener por delante. Era previsible. Esta será la gran lucha de la izquierda racional, y la gran duda que se nos plantea, ahora dando razón a nuestros temores de siempre, que las alianzas pegadas con saliva son mucho más difíciles de sostener en el gobierno que en la oposición, y cabe preguntarse si este proceso político no terminará en definitiva prendiéndose los salvavidas que se le puedan tirar al gobierno desde los barcos de los partidos tradicionales. No sería malo para la salud y la coherencia política del país, que los ordenamientos políticos se sostengan en ideas y programas de gobierno más o menos comunes en sus lineamientos básicos. Quizá esta aspiración demore un poco en concretarse por la seducción que atrae al poder y ni qué hablar para quienes en definitiva con estos enfoques del mundo en que vivimos, no podrían aspirar ni a una banca parlamentaria.
Entretanto, y ahora que se van mostrando las cartas de cada uno, habrá que cruzar los dedos para que Vázquez siga respaldando al equipo económico que se formó. No es el ideal, pero es lo menos peligroso para los destinos nacionales.
Parece mentira que tengamos que formular esta expresión de deseos.