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BOMBA DE TIEMPO
Tensión étnica y social en Europa
LA AGITACIÓN Y VIOLENCIA EN FRANCIA ESTREMECIERON A TODO EL CONTINENTE. INMIGRANTES E HIJOS DE ÉSTOS NACIDOS EN EUROPA TIENEN SU SUEÑO FRUSTRADO

NEWSWEEK | PARIS

El número de autos incendiados tuvo fuerte descenso la semana pasada en Francia. Tan amplia fue la orgía de incineración, que 1.000 vehículos fueron quemados noche tras noche, a medida que bandas emboscaban a bomberos y policías, protestando de manera violenta contra el gobierno y la sociedad de Francia. La situación llegó a tal extremo que cuando prendieron fuego a "solo" 15 automóviles en una noche en el departamento administrativo de Seine-St-Denis, donde estalló la violencia, el Jefe de la Policía Nacional comentó que la situación estaba retornando "a la normalidad".

Quizás haya sido así desde el punto de vista estadístico. ¿Normal? En cientos de complejos habitacionales franceses y barrios poblados principalmente de inmigrantes musulmanes árabes y africanos, sus hijos y nietos nacidos en Francia, lo "normal" ha sido durante años una suerte de Intifada crónica, aunque fuera invisible para la mayoría de los franceses y el resto del mundo. De acuerdo con investigaciones realizadas por la red de inteligencia interior del gobierno —Reinsegnements Generaux— la Policía francesa no se aventura a ingresar a ciertas "zonas prohibidas" alrededor del país, salvo que cuente con por lo menos 150 efectivos de refuerzo. Esa ya era la situación antes de la ola de violencia que comenzó el 27 de octubre.

De manera tardía, el primer ministro de Francia, Dominique de Villepin, invocó una ley que tiene vigencia desde los tiempos de la lucha francesa en Argelia hace 50 años, que permite a los gobiernos municipales declarar toque de queda. No se permitirán más zonas prohibidas, indicó.

TEMOR. El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy se comprometió a deportar a los extranjeros procesados por participar de la violencia, lo que sonó mucho más duro de lo que es, debido a que 92% de las personas detenidas son ciudadanos franceses. Temperaturas más bajas en el otoño del hemisferio norte, marchas que reclaman paz y el hecho de que ningún policía ni ninguno de los agitadores hubiera muerto ayudó a reducir los alcances de la violencia la semana pasada. Pero un giro hacia lo peor se temió cuando la Policía interceptó mensajes telefónicos alentando a provocar disturbios en el centro de París, en tanto hubo un enfrentamiento breve a pedradas y una quema de contenedores de basura, en el corazón de Lyon.

El impacto de la violencia ha suscitado interrogantes no solo sobre Francia, sino también respecto del débil status quo en ciudades a lo largo de la Unión Europea. Si la mayoría quedó a salvo por el momento —solo hubo incidentes menores en Berlín, Bruselas y Atenas— en realidad, pocos gobiernos pueden estar tranquilos. En Italia, el líder a la oposición, Romano Prodi, dijo a los periodistas: "Tenemos los peores suburbios de Europa. No creo que la situación sea muy diferente a la de París. Solo es cuestión de tiempo".

Similares advertencias fueron formuladas por trabajadores sociales en España, Irlanda, Holanda y Alemania.

REALIDAD. El cerno del problema es la demografía y el detonador es el racismo. Las poblaciones oriundas de la Unión Europea —la población blanca— se reducen lentamente y envejecen con rapidez. Sin continua inmigración —de acuerdo con estimaciones de la Unión Europea y Naciones Unidas— en 2050 el número de alemanes se habrá reducido de 83 millones a 63 millones y los italianos de 57 millones a 44 millones. En el mismo periodo, en los países del Norte de Africa y de Medio Oriente más cercanos a la Unión Europea, las poblaciones se duplicarán.

En la actualidad, en el extremo Sur de la Unión Europea, personas que quieren ingresar a territorio europeo a trabajar, a veces, toman por asalto los puestos de entrada. En setiembre y comienzos de octubre, africanos que habían caminado durante semanas a través del Sahara, arremetieron juntos contra la doble hilera de cadenas y vallas en torno de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en la costa marroquí. Alrededor de un tercio logró su objetivo, pero 14 murieron y miles resultaron expulsados por las fuerzas de seguridad de Marruecos. Trabajadores sociales que están en la zona no dudan que volverán. "La muerte de sus compañeros está fresca en sus mentes", señaló Carlos Ugarte, de la organización Médicos sin Fronteras. "La gente va a esperar dos o tres meses a que la situación se enfríe y después intentará de nuevo". Muchos de los que buscan emigrar se aventuran en el Mar Mediterráneo en frágiles embarcaciones de madera o de herrumbroso metal. En los tres primeros días de noviembre, la Guardia Costera de España interceptó más de 400 personas en seis intentos separados de cruzar el Mediterráneo.

ADVERTENCIA. Los que llegan a la costa, con frecuencia encuentran trabajo. El déficit demográfico europeo los reclama. Para que España pueda mantener su crecimiento económico a la tasa robusta en que lo ha hecho en la última década, necesita un millón de nuevos trabajadores inmigrantes por año. Pese a algunas reacciones de la derecha por parte de personas que se sienten amenazadas o abrumadas, la primera generación de inmigrantes causa muy pocos problemas en países como España, Irlanda e Italia, que hasta un par de décadas atrás tuvieron más emigración que inmigración. "Estas personas todavía tienen en la mente las situaciones en las que vivieron en sus países de origen", manifestó Ugarte. "Es demasiado temprano para que nuestros inmigrantes en España sientan el tipo de resentimiento que detonó la violencia en Francia. Pero, si cometemos los mismos errores que Francia, ocurrirá".

Recién en el corriente año, la Asamblea Nacional Francesa —no tiene ningún miembro de descendencia africana o árabe— aprobó una ley que establece que el sistema de educación debe realzar el "papel positivo de Francia en el exterior, y especialmente en el Norte de Africa".

El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy ha propuesto lo que denomina "discriminación positiva". Los estadounidenses lo llaman "acción afirmativa". El problema es que ello no condice con la ideología igualitaria de la República Francesa. Jack Lang, uno de los líderes del opositor Partido Socialista, indicó la semana pasada que se oponía con firmeza a la cuotas pero admitió que hasta en su partido de izquierda había pocos dirigentes en ascenso con antecedentes de inmigración. Richard Descoings, director del prestigioso Instituto de Estudios Políticos, decidió en 2001 que tomaría la iniciativa de incorporar a jóvenes de Seine-St-Denis y otras zonas problemáticas. En la actualidad, 200 de los 6.500 estudiantes del instituto provienen esencialmente del mismo ámbito de quienes generan la agitación y la violencia en estos días. "Tenemos que apartarnos de las grandes teorías francesas", dijo Descoings. "Es importante dar ejemplos exitosos".

NUEVO PROBLEMA. A medida que la UE intenta abordar con renovado enfoque el complejo problema social y el racismo del pasado, surgen nuevas fuentes de confrontación. Por ejemplo, ya están arribando inmigrantes blancos procedentes de Europa Oriental para competir con personas de descendencia africana y asiática que creyeron que habían encontrado lugar en el mercado laboral.

El presidente de la Comisión de Igualdad Racial de Gran Bretaña, Trevor Phillips, consideró que su país camina como sonámbulo hacia la segregación, a medida que sus diferentes grupos étnicos quedan más aislados dentro de sus propias comunidades. Reconocer el problema no equivale a darle solución, pero ignorarlo es alentar el desastre.

En Francia, donde el estado proclama que es daltónico, la sociedad no lo es. Sucesivos gobiernos se negaron a enfocar directamente el tema del racismo lo que generó zonas prohibidas en las ciudades, donde la ira y la violencia pasaron a ser lo "normal" y derivaron en las noches de violencia que estremecen a todo el continente.

PROBLEMA DEAPELLIDO YDE COLOR

El problema en países de la Unión Europea está planteado por la segunda y tercera generaciones y hasta por la cuarta. Las grandes olas inmigratorias a Francia, Alemania y Gran Bretaña llegaron hace más de 30 años. Sus descendientes crecieron pensando que deberían tener exactamente los mismos derechos y oportunidades que el resto. Pero, descubren que su religión, su cultura, su color de piel y su apellido los siguen dejando al margen del sueño europeo. Hace apenas cinco años que Alemania alivió el acceso a la ciudadanía de personas que no son de sangre germana. Desde ese momento, casi un tercio de los 2.6 millones turcos que residen en territorio alemán accedió a la ciudadanía.

Gran Bretaña favorece la multicultura, alentando a los ciudadanos con raíces en sus antiguas colonias a mantener sus identidades étnicas y sociales.

Francia insiste que para ser ciudadano se requiere total asimilación lingüística y cultural.

Sin embargo, todos han creado enormes subclases de minorías profundamente desarraigadas. "Estamos en el ojo de un huracán", sostuvo Azouz Begag, ministro de Igualdad de Oportunidades, quien es uno de apenas dos miembros del actual gabinete francés de descendencia árabe. "Los franceses que son descendientes de personas de otras zonas sufren debido a sus rostros, sus nombres, sus credos religiosos", dijo Begag a Newsweek. Al hablar de Martin Luther King y del movimiento de defensa de los derechos civiles de la década de los ’60, Begag levantó el tono de voz. "Aquí nadie puede decir: ¡Tengo un sueño!".

NACIONALISMO Y AÑORANZAS

Fuerte crecimiento económico que crea empleos, a lo que se agrega un clima de negocios abierto que abre espacio a pequeños emprendedores, puede aliviar la tensión. (Francia es llamativamente débil en ambos aspectos).

Pero, abordar el problema del racismo es más complejo. La UE puede haber visto muchas oleadas de inmigrantes en el pasado y encontrado la manera de asimilarlos. Sin embargo, ninguna nación europea se ve a sí misma como una nación de inmigrantes. Los nacionalismos europeos están profundamente conectados con las familias, la historia y los credos religiosos que están incorporados a lugares específicos, a los que la gente siente que pertenece y a los que sienten muchas veces que otros no pertenecen. A ello se agrega una herencia colonial sobre la cual, hasta hoy, muchos europeos tienen una actitud de romanticismo.

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