MAGDALENA HERRERA
No lo detiene ni el mayor temporal de las últimas décadas. Montevideo fue arrasada por vientos de más de 150 kilómetros por hora pero, a la mañana siguiente, allí estaba con sus 83 años a cuestas, fumando un habano en su oficina de la calle Reconquista, en mangas de camisa y una corbata que por cierto no pasaba desapercibida: toda estampada en dólares.
Sobre su escritorio se amontonan papeles, libros y una pila de revistas, entre las que se encuentran varios números de Don Dinero. "Tiene buenos artículos", asegura el contador José Pedro Damiani. A sus espaldas, una gran biblioteca cobija decenas de libros y muchísimas fotografías que atestiguan una esposa y varios hijos, 20 nietos, muchos amigos de las altas esferas políticas, deportivas e internacionales, pero por sobre todas las cosas delatan una vida dedicada a la institución aurinegra, que preside desde hace 16 años, con glorias, trofeos y frustraciones.
Esas fotografías también revelan que alguna vez Damiani fue boxeador, que tuvo su cuarto de hora en el básquetbol de primera división —incluidas medallas olímpicas— y que supo jugar al fútbol en la Liga Universitaria por muchos años. En una de las paredes, cuelga su título de contador que consiguió sin demasiado esfuerzo, según aclara, matizándolo con deporte y trabajo desde muy chico. "Quedé huérfano a los 7 años, y muy joven salí a trabajar de cadete en una compañía marítima en la calle Solís. Ganaba 15 pesos, de los cuales 2,06 eran para el abono, y el resto se lo entregaba a mi madre. En esa época un dólar valía un peso". La biblioteca guarda, asimismo, documentos gráficos de su pasaje por la presidencia de Sporting, al cual se refiere sin falsa modestia: "todo lo que se hizo en ese club, en infraestructura, fue mientras yo estaba".
En el 50 del Maracanazo, Damiani no solo pasó por el registro civil luego de siete años de noviazgo, sino que ya era delegado de Sporting. "Fui encomendado por la Sociedad Uruguaya de Básquetbol para ir a Buenos aires a impugnar el campeonato mundial, porque no dejaban entrar a los periodistas. Eran tiempos de Perón", recuerda.
—Por lo que se ve en los noticieros, parecería que usted no tiene una muy buena relación con el periodismo.
—Si yo fui periodista. Escribía crónicas de básquetbol, cuando jugaba para Defensor. Me pagaban dos pesos la nota. También fui corresponsal de un diario de Panamá en el mundial de fútbol de 1978, en Buenos Aires. Yo presidía un banco en ese país, y viajaba permanentemente allí. Tenía muchos contactos, y me pidieron que cubriera el campeonato. Y ahora, tengo una audición radial, Peñarol Verdad, todos los días a las 12 horas que no es oficial del club, pero que comenzó justamente por un problema con el periodismo. Un problema que fue artificial, por supuesto. Cuando se inauguró Las Acacias, muchos periodistas criticaron la cancha porque no tenía comodidades para ellos. Entonces, contraté cuatro perros Policía para que los cuidaran. Pero en un partido se armó lío, y los guardias se fueron con los perros para otro lado y dejaron a los periodistas solos. Quién más había atacado el tema de Las Acacias había sido el señor Máximo Goñi. Bueno, cuestión que en esos días se comenzaron a repartir volantes que decían: "Goñi y compañía no vengan, váyanse". Me atribuyeron esa volanteada a mi, y no tuve más acceso a prensa. Entonces, comencé con la audición radial.
—De todas maneras, por televisión, se ha visto que muchísimas veces los periodistas lo intentan entrevistar y apenas le sacan tres palabras.
—Yo le voy a explicar. Por algo el Creador le dio al hombre dos orejas y una boca: para escuchar más y hablar menos. Pero además, en el tiempo actual está todo muy confundido con esto de jugadores que se van, de los empresarios, los clubes fundidos que no pagan, la gente que no va al fútbol, y no se consiguen logros deportivos.
—Se ha referido a varios problemas del fútbol, deporte al que usted le ha anunciado la muerte. ¿Quiénes son los culpables de esa muerte?
—Acá hay un monopolio de televisación. Yo voté en la Asociación Uruguaya de Fútbol ese contrato y lo fundamenté diciendo que tenía un valor agregado que era que detrás de eso estaba el señor Casal, el que vendía jugadores. Pero hay cosas que tienen ciertos límites. Y se pasó de la raya. Ese monopolio en lugar de ser beneficioso para el fútbol, es perjudicial. Ahora los clubes están cada vez más pobres y, evidentemente, uno ya no puede ni pensar en relativizar lo que gana un jugador en Europa con lo que ganan uno en este país. Ni en términos relativos, valga la redundancia, esas diferencias abismales son coherentes. Así como tampoco lo es lo que vale una entrada a un partido aquí comparada a lo que cuesta en Europa. Me dijeron los muchachos, que acaban de llegar de España, que las populares valían 30 o 40 euros. Los problemas del fútbol son los mismos que los de la sociedad en su conjunto. En definitiva, si no hay poder económico no hay poder deportivo.
—¿Se arrepiente de haber votado el contrato de televisación?
—Lo hice, qué le voy a hacer. Ahora tiene el carnaval, y el básquetbol que, como es platita chica, tuvieron que cancelar porque estaban atrasados en los pagos.
REBELDES
—Para quien está por fuera resulta difícil entender cómo habiendo tantos intereses y dinero de por medio, no logran sentarse todos juntos y ponerse de acuerdo. Porque a Casal tampoco le debe interesar un fútbol uruguayo empobrecido. ¿Cómo fue exactamente el problema con Peñarol y los jugadores en rebeldía?
—A Peñarol desde hace tiempo le quieren comprar un paquete de tres jugadores. Antes los jugadores se vendían de a uno, y de club a club. Pero ahora se negocia con empresarios. Y nosotros entendemos que deben cobrar comisión, pero no sobreprecio.
—¿Usted se negó a vender a los jugadores entonces?
—Yo me negué a vender el paquete, apoyado por la reglamentación de FIFA. Cuestión que hace siete u ocho meses querían comprar tres jugadores. Después se hizo un "paquetito" y sacaron a uno. Yo quería saber a qué club iban, y me negué a venderlos juntos. Cada uno vale tanto y punto. Pero se dio un caso muy singular: el que tiene el monopolio del fútbol, porque cuenta con la televisión y todos los jugadores, habla con este chico (Carlos) Bueno, y lo convence. Yo lo tenía vendido al Mónaco por tres millones de dólares, y el jugador cobraba 600 mil. Lo estaban esperando para ir con un dirigente de Peñarol, con pasajes comprados, desde San Pablo. Pero su representante le dijo que no aceptara porque iba a salir una oferta mejor. Y no fue, y no fue. Se perdió los 600 mil y Peñarol los tres millones constantes y sonantes. A diferencia de otros que hablan de "a pagar" y después ¿a quién le pagan? ¿Cómo se cobra? Estamos haciendo un juicio a un club italiano porque tenemos un jugador, Alvarez, que vendí pero que no se le pagó a Peñarol.
—Ha dicho que Bueno era como su veintiún nieto.
—No solo lo era sino que le perdoné la vida por inconductas flagrantes. Una vez lo llamé para decirle que determinado hecho lo íbamos a hacer público y me dijo: "perdóneme abuelo, es la última vez". Y ahora parece que a Peñarol, Bueno lo llama "Damiani Fútbol Club".
—¿Le duele?
—No, no, no por mi. Me duele por él porque pueden ser rastros de lo que andaba mal, pero no corresponde que yo hable del tema.
—¿Cómo cree que terminará toda esta historia? ¿Será posible ganar un juicio a Casal o al club correspondiente?
—Mire, en realidad, es muy gracioso todo esto que ha hecho. Me gustaría mostrarle la cantidad de mails y llamadas que recibo de gente que me apoya por esto de Casal. Porque ahora es un tema bifocal, se convirtió en un tema mío con Casal. Pero no es así, es un problema de Peñarol. Yo no defiendo nada de lo mío. Porque lo más fácil para mí, que soy garantía de dos millones de dólares, sería vender a los jugadores, pagarle a la línea de crédito y chau. Yo defiendo al club porque los jugadores valen más de lo que Casal quiere pagar.
—Casal ha logrado que muchos jugadores estén en Europa ganando fortunas en los mejores equipos. ¿Eso no tiene valor?
—El tema es que los clubes no podemos vender jugadores. Nos tiene bloqueados y estrangulados económica y deportivamente. Fíjese el caso de Bizera: lo dieron de alta para jugar al fútbol, lo llamamos y pidió un sueldo de 340 mil pesos, en este país, República Oriental del Uruguay, donde el presidente Tabaré Vázquez según declaración que ha hecho, gana 170 mil. Un jugador de fútbol pide 340 mil pesos para dar un espectáculo, en el que se necesitan 10 jugadores más, y al que la gente no va.
EL PERFUME
—Si Casal viniera a hablar con usted, ¿lo recibiría?
—Yo nunca tuve ningún problema con Casal. La última vez que estuvo acá tuve un problema con mi señora. Porque usa perfumes muy adherentes y me dio tantos besos, que cuando llegué a mi casa mi esposa me dijo: "¿de dónde venís?" Esa fue la última vez que lo vi.
—¿Pero hoy lo recibiría?
—Depende del tema que quiera hablar. Lo de los tres jugadores ya creo que está en otra órbita.
—¿Cree que Peñarol la va a ganar en este tema puntual?
—Lo que sé es que no la vamos a perder. Por ahí la empata.
—¿Cómo se puede empatar en este caso?
—Que me los paguen y se vayan. Porque después de este lío, estos jugadores ya no tienen cabida en Peñarol.
—¿Por qué no?
—Porque han sido mandados a hablar demasiadas cosas.
—¿Por Casal?
—Y claro. Es lo mismo que los periodistas, están los dependientes y los independientes. La gente sabe quiénes son empleados y quiénes no. El periodismo debe ser independiente y decir lo que siente, como lo hacen personas como (Alfredo) Etchandi, (Amadeo) Ottati, (Daniel) Ordóñez.
—¿Da Silveyra?
—No lo escucho. No lo sé. Pero, me indigna cuando suceden cosas y los periodistas callan. Hubo un futbolista que vino de Europa para Cerro, no jugó ni un sólo partido y volvió para Europa, sin pagar ningún impuesto ni nada. Nadie habló de ese tema en los medios de comunicación. (Levanta la voz).
—Demasiada pasión todavía, Damiani, ¿usted se va a presentar de vuelta como candidato?.
—No me diga eso. Depende también de la salud. Le dedico más tiempo a Peñarol de lo que la gente piensa. Y estoy bastante limitado por un problema en la cadera. No me pueden operar por el riesgo de la anestesia.
—¿Le tiene miedo a la muerte?
—A la muerte no. Lo que no quisiera es morir sufriendo dolor.
—Anunció la muerte del fútbol, ¿todavía se puede salvar?
—El fútbol murió. Ahora hay que hacer una clonación de los años 30, donde todos comían ravioles al mediodía y luego iban a jugar. Para que el fútbol viva, la gente tiene que ir a la cancha.
"NO PUEDO DEJAR A PEÑAROL A LA DERIVA"
Hace 16 años que ocupa el sillón presidencial aurinegro. Antes fue delegado opositor pero derecho, asegura. "Allí, mire, hay un dibujo mío como bombero. Fue en época de Cataldi que me lo regalaron porque yo apagaba los incendios. Hasta que me nombraron tesorero y la verdad que resolvía todos los temas. Y además soy presidente honorario porque el señor Cataldi tuvo la gentileza de nombrarme cuando los 100 años del club. Hay dos, el señor Julio María Sanguinetti y yo. Ahora, cuestión que nadie quiere bajarse del barco. Y hay como cinco candidatos presidenciables, que parecería que están desinformados porque esto es realmente un hierro caliente, y ellos, en campañas electorales, idealizan sobre lo que debe ser el club en todos los deportes. Yo no puedo dejar a Peñarol a la deriva".
—¿Qué quiere decir?
—Yo siempre digo que tengo crédito pero no tengo dinero. Porque es con mi garantía que Peñarol está subsistiendo.
—Justamente a eso se refirió Ricardo Scaglia públicamente, hablando sobre la transparencia de las finanzas y el crédito. ¿Lo tomó como algo personal?
—De eso sí que no se puede hablar porque la transparencia es total. La garantía de los créditos soy únicamente yo, no firma ningún otro.
—El ex presidente Julio María Sanguinetti apoyó públicamente a Scaglia. Usted ha sido colorado toda su vida, ¿cómo le cae eso?
-—Sanguinetti es el presidente de la Asamblea Representativa de Peñarol. Es un tema político, su candidato es del Foro. Por más que yo también voté al Foro, pero no por colores, yo voto personas.
—El ex presidente dijo algo así como que todo tiene su ciclo, que hay que buscar renovación. ¿Usted cree haber cumplido el ciclo?
—Algunos dicen que hay que renovar, pero otros aseguran que todo tiempo pasado fue mejor.
—Su hijo es otro de los potenciales candidatos. ¿Cómo lo ve?
-—Mi hijo conoce muy bien toda la historia del fútbol porque desde muy chico anduvo conmigo. El está muy interiorizado de la situación de Peñarol, y se da cuenta que los candidatos proponen todos esos proyectos impresionantes en todas las áreas porque saben que no van a ganar. Los candidatos idealizan porque saben que no serán presidentes.
—Pero en definitiva, ¿será presidente o no? ¿Lo acompañará su hijo?
—En definitiva, todavía no sé nada. Me asombran muchas cosas que hablan algunos presidenciables, porque ya son como cinco. Scaglia es el quinto porque también está el grupo de Atijas que ya hasta tiene casa y comité. También está un señor Marturet de Coca-Cola, entre otros.
—¿Por qué le llama la atención?
—Me llama la atención porque posiblemente quieran algún lugar en la directiva.
—¿Cree que se está buscando más representatividad en oposición a usted?
—Yo no creo en las mayorías o minorías. Para mi, ningún peñarolense es mejor que otro peñarolense. Pero parecería que los tiempos cambiaron.
LO DIJO EL CONTADOR DAMIANI
PEÑAROL. "No es un equipo de fútbol, es una institución con 106 años de vida".
SLOGAN. "Obras, triunfos y balance. Compré y pagué el terreno de la calle Cerro Largo y además de una manzana para el club, se hizo el museo de Peñarol. No contábamos con cancha y ahora la tiene para once mil personas. Y los balances siempre fueron buenos hasta que vino la crisis del 2002, que también nos perjudicó. En la actualidad, tenemos cuatro acreedores: Bengoechea, Cedrés, a quien me debo, Gregorio Pérez y Aguirre, a los cuales les cedimos el 20 % de las transferencias de los jugadores".
ESPAÑA. "No les fue bien pero fuimos para mover el cuadro, por un tema deportivo, y no para ganar plata".
MORENA. "Con esfuerzo, sacrificio, sangre, sudor y lágrimas, le compramos a Fernando Morena, nuestro técnico, todos los jugadores que nos pidió. Desde España, estando en La Coruña para este campeonato, pidió a Jesús García, y en esa misma tarde se estaba firmando el contrato. Está trabajando, armando el equipo. Los que no están conformes son los que piensan que un equipo se arma de un día para otro".
FOSSATI. "Lo traje yo a Peñarol, y salió campeón en el quinquenio. Ahora, en la selección, no sé si está sujeto a presiones o qué. Este tema de reservar jugadores es bastante conflictuado".
GOBIERNO. "Nunca hubo tanto conflicto como en los últimos tiempos porque todo el mundo pensaba que Tabaré Vázquez venía con la varita mágica. Todo requiere un tiempo de acoplamiento y también no hacer promesas que no se pueden cumplir en campañas electorales. ¿Astori? Es un gran ministro. Está cumpliendo con los códigos sin importarle mucho el cargo sino el país".