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TORNEO APERTURA | Locura total en el estadio "Mario Sobrero" gracias a la obtención del título | Sufrieron un montón, pero después hasta una vaca dio la vuelta olímpica con los hinchas
Por primera vez en la historia hay un campeón del interior
Después del golazo de Magureguy nació el grito de "¡dale campeón!"

ROCHA | JORGE SAVIA

Sufrieron. Seguramente, a lo largo de todo el partido, sufrieron mucho más rato del que gozaron. Porque recién después del golazo de Magureguy —el primero, con terrible cabezazo—empezaron a cantar el "¡dale campeón! Dale campeón!" primera vez en toda la tarde. Ni siquiera cuando por los altoparlantes un locutor gritó que Miramar Misiones le iba ganando a Nacional en el estadio, se animaron a cantar victoria por anticipado.

Sufrieron. Seguramente, a lo largo de todo el partido, sufrieron mucho más rato que el que gozaron. Pero después, cuando ya presintieron no sólo el triunfo sino también la consagración, el beso tibio del milagro sonrojándoles las caras, dieron rienda suelta a lo que tenían adentro.

La primera manifestación rebelde, tal vez, no fue gritar con locura el último pitazo de Martín Vázquez, sino arrimar a un corner, siempre afuera de la cancha, pero pronta para entrarla, a una vaca que estaba enfundada en una camiseta con los colores que en Rocha todos llevan prendidos en el alma.

Era, al fin de cuentas, la vaca sagrada. La que simboliza a los dioses rochenses y su hazaña. Una especie de respuesta a una filmación que días atrás los sorprendió entrenando en un campo donde había varias reses, lo que dio lugar a que la noticia recorriera primero el Uruguay, luego el mundo, resaltando que el club chico que estaba por salir campeón del Torneo Apertura entrenaba "entre las vacas".

Chanza o venganza, ellos lo celebraron así. En comunión. El público acercando la vaca para hacerla entrar luego a la cancha. Y los jugadores, saltando después en el vestuario, cantando —y preguntando— "!dónde está, ¿el premio dónde está?".

El premio, como se sabía, será la recaudación de ayer de tarde. Unos 120.000 o 150.000 pesos para repartir entre los 18 jugadores, si acaso. ¿Es poco? ¿Es mucho?. Ayer, al menos, para los de adentro y los de afuera, lo único que contaba era la hazaña. César Mansilla, el gerenciador argentino, esta vez no se vino en avión privado: se trajo desde Pilar a un montón de amigos, presintiendo lo que podía pasar, y así como viajó en Buquebus vía Montevideo, anoche decía que esta vez no sabía cuándo regresaba a Buenos Aires, "porque ahora nos vamos a La Paloma, a festejar con los jugadores, a comer todos juntos un asado".

Por supuesto. A la parrilla no marchó la vaca sagrada, sino otra, que al fin y al cabo sufrió más que todas aquellas voces que en los minutos finales se desesperaron esperando el pitazo del juez.

Rocha campeón. Sufrió. Tal vez más de lo que gozó, Pero entró en la historia grande del fútbol uruguayo.

La locura de los hinchas, de la gente, de toda una ciudad tras el pitazo final de Martín Vázquez. Rocha Campeón y el festejo fue con todos

­ Los once hombres que entraron en la mejor historia del fútbol uruguayo. Los que hicieron posible el sueño de ganar el Apertura.

Uno de los héroes de la tarde, el festejo con el alma, con el puño cerrado apuntando al cielo tan celeste como la camiseta de su equipo. Ahí está el grito interminable de Mauro Aldave, el goleador del campeón, una de las figuras de los rochenses.

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