Una política para erradicar el trabajo adolescente en Uruguay implicaría una inversión de entre 30 y 40 millones de dólares anuales, estimó ayer el consultor de Unicef, Gustavo de Armas, en su exposición realizada en el seminario "Por un futuro sin trabajo infantil" organizado por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
De Armas aseguró que ese monto representa un tercio del uno por ciento del PBI en Uruguay y que ese es un dato que el Estado debe tener en cuenta, "ya que en otras partes del mundo resolver este problema implicaría un porcentaje mucho mayor". "Resolver esta situación aquí no es un problema de caja sino de toma de decisión", enfatizó.
El sociólogo y consultor hizo esa afirmación en base a una serie de datos presentados durante su exposición según los cuales más de 20 mil adolescentes que han abandonado los estudios y trabajan por un salario promedio de 1.260 pesos mensuales. A eso le añadió que para reincorporarse a la educación sería necesario un gasto de aproximadamente 500 dólares anuales por alumno, según los estimativos arrojados por los estudios de las autoridades de la enseñanza sobre el costo promedio por estudiante de la Educación Media.
De Armas puntualizó que según los datos que manejan en Uruguay hay más de 50 mil niños y adolescentes que desempeñan actividades laborales, la mayoría de los niños de entre 5 y 13 años trabajan dentro de sus hogares o con familiares, en tanto los que se encuentran entre 14 y 17 años tienen trabajos remunerados.
El número de los adolescentes que trabajan asciende a 36 mil, de los cuales 20 mil aproximadamente han abandonado los estudios, explicó. En el caso de los que no estudian el número de horas de trabajo supera las siete, mientras que los que estudian trabajan hasta cinco horas.
El especialista señaló que para alcanzar "la erradicación del trabajo infantil es necesario trabajar en tres dimensiones, el apoyo económico a las familias, y el apoyo a la familia en general, trabajar sobre el sistema educativo para garantizar la reinserción de los niños y adolescentes que han abandonado la educación y esto implica repensar la oferta educativa y en tercer lugar trabajar en la concientización de la opinión pública en campañas destinadas para sensibilizar sobre este tema".
Señaló que en lo que refiere al fenómeno de la "mendicidad" y los niños que trabajan en la calle aún no existen datos precisos de la influencia que pueda tener en la deserción del sistema escolar, pero que hasta 1999 eran porcentajes muy menores.