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MASACRE EN MADRID | ESCENAS DESGARRADORAS EN LAS TRES ESTACIONES LOS TESTIGOS ESTABAN CONMOCIONADOS: "LA GENTE TENÍA LA CARA ENSANGRENTADA, LLENA DE CRISTALES CLAVADOS"
"Fue una carnicería a escala brutal"
Las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia fueron presa del pánico en la hora de mayor aglomeración

MADRID | AFP, AP y EFE

Escenas dantescas y de horror se vivieron en Madrid tras las explosiones, que dejaron a varios convoys de tren reducidos a amasijos de hierros con cadáveres calcinados en su interior.

"Fue una carnicería a escala brutal", afirmó el inspector de los bomberos madrileños Juan Redondo. "Esta catástrofe está más allá de lo imaginable".

"Parecía una plataforma de muerte", indicó y agregó que un cadáver tuvo que ser sacado del tejado de la estación. "Nunca vi algo parecido. La recuperación de los cadáveres fue muy difícil. No sabíamos qué recoger".

En los alrededores de las estaciones de tren afectadas, riadas de personas ensangrentadas corrían en busca de los servicios sanitarios.

"Había cadáveres por los vagones, las vías e incluso algunos de ellos carbonizados en los asientos", relataban los viajeros, muchos de ellos trabajadores que acudían a Madrid y estudiantes que se dirigían a la Universidad en Santa Eugenia.

"A la entrada de Atocha no ví nada, todo se borró de golpe, se me cayó el techo encima y no me acuerdo si era por la puerta o la ventana, pero sé que salté sobre las vías. Tengo el tímpano perforado, tengo algo en la pierna y los ojos quemados, pero estoy bien, comparado con otros...", decía otro viajero.

DRAMA EN HOSPITALES. Decenas de socorristas concentrados frente a la estación de Atocha sabían que les esperaban muchas horas de trabajo para sacar los cadáveres del tren, que sufrió tres explosiones. Veinte minutos después del atentado la policía evacuó el edificio y acordonó toda la manzana.

Cerca de allí, en la Puerta del Sol, la gente hacía cola para donar sangre.

"Vine corriendo cuando oí que se necesitaba sangre para los heridos", dijo a la AFP Fernando Lavarga, un informático que esperaba ante una unidad móvil.

Mientras tanto, los hospitales de Madrid vivían una de sus jornadas más laboriosas, intensas y dramáticas.

Paqui Fernández, una enfermera que trabajó en el lugar del atentado en Atocha, relató: "Las víctimas eran, en su mayoría, jóvenes. Lo que más me impresionó es que los teléfonos móviles de los muertos no dejaban de sonar".

Según un hombre que vive enfrente de la estación de Atocha, Rafael Martín, el lugar estaba "lleno de trozos de carne por doquier.

"Había sangre por todas partes, amputaciones, mucho miedo, terror y pánico", comentó.

"Había gente tirada por el suelo, vi muchos heridos ensangrentados y un señor muerto", relató todavía aturdido Francisco Alberto, un dominicano de 25 años que vio cómo estallaba el tren que estaba entrando en la estación madrileña de Atocha.

"Había gente tirada por el suelo. Gente tapándose la cara ensangrentada y un chico con un tubo atravesado", relató el dominicano.

BUSQUEDA. A metros del Paseo del Prado, donde se alza la estación, y en medio del ulular de ambulancias y coches de policía, el peruano Iván Paico intentaba que alguien de las fuerzas de seguridad le ayudara a localizar a su sobrina.

Paico llegó a Atocha poco antes de las 9.00. "Me llamó a las ocho y cuarto para avisarme que estaba en Atocha, herida y que no podía respirar", se lamento Iván.

Su sobrina, Meline Hinojosa, de 28 años "suele subirse en el primer vagón para bajar enseguida", explicó Iván, mientras se le desfiguraba la cara imaginando lo peor, al escuchar que alguien comentaba que una de las bombas había estallado en el primer vagón y otra en el último.

En la estación de Santa Eugenia, enclavada en el corazón de la barriada obrera de Vallecas, el socorrista Enrique Sánchez, todavía sentía el impacto de la primera impresión: "La gente tenía la cara llena de cristales y ensangrentada", explicó con voz entrecortada. "No encuentro palabras para describir esta masacre", dijo.

Uruguayos se salvaron de milagro

MADRID

Manuel García, un uruguayo que viajaba en uno de los trenes afectados por los bombazos, se salvó ayer de milagro.

"Estaba en el primer vagón del tren que estalló en la estación de El Pozo. El tren había arrancado y a los diez metros se produjeron las dos explosiones; en ese momento se detuvo", contó García.

García tiene 30 años, vive en Madrid desde 1992 y es estudiante de publicidad en la Universidad Complutense.

"Pensé, y supongo que también el resto de los pasajeros que estábamos en ese momento en el vagón, que se trataba de una avería; pero inmediatamente comenzamos a ver cómo gente de otros vagones bajaba despavorida. Se produjo una sensación de pánico, toda la gente intentó en ese momento descender rápidamente, saltar de los vagones, y entonces percibí que se trataba de algo muy grave", añadió.

Según García, cuando logró salir del vagón y de la estación, "caminé un poco para ver qué había sucedido. La propia estación estaba bastante dañada, un muro había sido derribado por la onda expansiva... Un panorama bastante dantesco. Al mismo tiempo empecé a ver que el resto de la gente que bajaba estaba bastante desorientada, llorando".

"Salvando las distancias, obviamente, me recordó los atentados del 11 de setiembre, donde veíamos gente que pensaba que lo que estaba viendo era una película".

Por su parte la doctora María Inés Méndez, nacida en Uruguay pero que hace tres años que vive en España y trabaja en los servicios de emergencia de la Comunidad de Madrid, también sintió cerca la tragedia.

"Pensaba tomar el tren y bajar en Atocha para hacer una serie de trámites en Alcalá. Después me iría al trabajo", dijo la doctora Méndez, que aún no puede creer lo que pasó esa mañana.

Como se durmió, optó por tomar el ómnibus hacia su tra- bajo.

Allí se enteró del atentado terrorista.

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