Viernes 31 de diciembre de 2004 | Año 87 - Nº 29955
Internet Año 9 - Nº 3066 | Montevideo - Uruguay
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EL EMIGRANTE PROMEDIO TIENE MAS DE NUEVE AÑOS DE EDUCACION FORMAL
Expatriados poseen un nivel educativo más alto que el del uruguayo medio
La sobrerrepresentación de la emigración calificada uruguaya es importante si se la compara con la población residente en el país

El mayor nivel de educación es la diferencia principal que se observa entre los emigrantes que partieron en 2002 y aquellos que se fueron antes de esa fecha. Esa es una de las conclusiones del estudio "Uruguay: La emigración reciente" realizado por la demógrafa Adela Pellegrino y la economista Andrea Vigorito. Entrevistadas por ECONOMIA & MERCADO, las autoras explicaron que como no se previeron mecanismos a nivel oficial que permitiesen evaluar precisamente la fuerte oleada emigratoria registrada a partir de 1999 ni tener un perfil de estos emigrantes recientes, la única información objetiva con que contaron es la que surge de los resultados de la Encuesta de Caracterización Social (ECS) efectuada por el Banco Mundial en diciembre de 2002. En un muestreo que cubrió más de 2.500 hogares, se incluyeron algunas preguntas formuladas a los familiares de los emigrantes, que estaban orientadas a recoger información sobre el impacto de dicho fenómeno en los hogares y sobre algunas características de los uruguayos que se fueron del país en los últimos años. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

—¿Desde cuándo existe un fenómeno de emigración de grandes proporciones en Uruguay?

Adela Pellegrino —A mediados de los años sesenta comienza a manifestarse un fenómeno de emigración en Uruguay, pero esa tendencia es general en toda América Latina. Para ello no sólo influyen los problemas internos de los países de la región, sino también la demanda de mano de obra de los países desarrollados. Es durante esa década que se producen cambios importantes en la legislación migratoria tanto de Estados Unidos como de Canadá y en ambos casos resulta en un aumento de la inmigración proveniente de América Latina. Por entonces las corrientes tradicionales de inmigración europea iban perdiendo importancia. La demanda de trabajadores para una industria en expansión en Norte América abría el reclutamiento hacia otras regiones diferentes a las que tradicionalmente habían abastecido su fuerza de trabajo.

La "diáspora" uruguaya se acelera en la década siguiente, en particular en 1974 y 1975, como consecuencia del Golpe de Estado, agregándose las causas políticas a las económicas. En la década siguiente hay un nuevo empuje emigratorio como consecuencia de la crisis económica resultante del quiebre de la "tablita".

—¿Cuántos emigrantes uruguayos estima que hay en el mundo y qué porcentaje representa la emigración reciente, es decir a partir de 1999?

AP —De acuerdo con la estimación que realizamos en el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR, hay entre 430.000 y 450.000 uruguayos residiendo en el exterior, lo que equivale aproximadamente al 13% de la población total del país. Desde 1996 hasta fines de 2002 estimamos que se fueron casi 100.000 personas, siendo esta una cifra muy alta para Uruguay.

—¿Cómo se calcula esa cifra?

AP —La estimación global surge de los uruguayos que se fueron a partir de 1963 —fecha en que se efectuó un Censo Nacional de Población y Vivienda— hasta 1996 cuando se efectúa otro Censo. Para calcular la población faltante durante ese período se proyecta la cantidad de personas que deberían residir en el país de acuerdo con la tasa de crecimiento natural, es decir sumando nacimientos y restando defunciones en cada período intercensal. Si la cifra de habitantes registrada en el Censo no alcanza los niveles resultantes de dicha proyección, entonces la diferencia se atribuye al saldo migratorio que en el caso de Uruguay fue negativo durante todos esos años. Por su parte, el cálculo de migración entre 1996 y 2002 —período en el que no se realizó ningún censo poblacional— se basa en la diferencia entre entradas y salidas por el Aeropuerto de Carrasco, que constituye la única aproximación posible a la estimación de la emigración reciente. Al saldo resultante del movimiento de pasajeros por el aeropuerto le sumamos una estimación del número de personas que saldría por otros puestos fronterizos.

—¿Cómo ha evolucionado la corriente migratoria hacia el exterior en el último año?

AP —En el año 2003 el saldo fue negativo en 23.400 personas, siendo algo más bajo que en 2002, que fue el año con el mayor número de emigrados (27.400) de los últimos tiempos. La exigencia de visa de turista para ingresar a los Estados Unidos seguramente detuvo o disminuyó el flujo hacia ese país. Es aventurado hablar de un cambio de tendencia, pero es probable que se esté produciendo un agotamiento de la gente con voluntad emigratoria al tiempo que algunos síntomas de recuperación y la perspectiva de cambios políticos pueden estar generando condiciones que alientan a no emigrar. De todos modos, no debemos olvidar que las cifras son aún muy elevadas para un país con unos 3.3 millones de habitantes.

Características

—¿Cuál es el perfil del emigrante reciente?

AP —Entre los emigrantes recientes hay una mayoría, aunque no muy grande, de hombres, que representan el 54.3% del total de uruguayos que se fueron del país entre 1999 y 2002, y la cantidad de jóvenes es superior a la de otros grupos etarios. Los datos recogidos por la ECS confirman un perfil de los emigrantes actuales similar al que fuera registrado por la Encuesta de Migración Internacional de 1982. Existe, no obstante, una sobrerrepresentación de mujeres (66.7%) en el grupo de sesenta y más años debido, presumiblemente, a procesos de reunificación familiar. En ese sentido, ya se observaba en trabajos de períodos anteriores que las parejas jóvenes con hijos tienden a convencer a sus madres de la necesidad de reunirse con ellos en el lugar de destino. En dichos hogares en el exterior, las abuelas juegan un papel importante en el cuidado de los niños y del hogar, mientras que las parejas jóvenes dedican la mayoría de su tiempo a trabajar fuera del hogar.

—¿Cuáles son las características más relevantes de los emigrantes uruguayos de la última oleada?

AP —Los emigrantes fueron clasificados en dos grandes grupos: aquellos que partieron en el último año relevado (2002) y quienes se fueron antes de esa fecha. La diferencia principal que se observa entre ambos está relacionada con el nivel educativo. Mientras que este indicador se mantuvo estable en las décadas de los setenta y ochenta, la presencia de personas que terminaron los estudios universitarios aumentó de 15.7 % a 26.4% en 2002.

En general, el nivel educativo promedio del uruguayo que emigra es bastante más alto que el promedio de la población del país. El emigrante promedio tiene más de nueve años de educación formal, o sea que ha cursado total o parcialmente el Bachillerato. Esto significa que hay una selectividad hacia los más educados, lo cual ha sido tradicional en la migración uruguaya. De todas maneras, la masificación de la corriente migratoria de los últimos años permite apreciar que se ha ido gente de todos los sectores sociales ya que la demanda de trabajadores inmigrantes en los países desarrollados se orienta a los dos extremos del mercado de trabajo.

—¿Guarda una cierta uniformidad ese perfil educativo relativamente alto del emigrante uruguayo cualquiera sea el país de destino?

AP —No. La corriente migratoria uruguaya hacia Argentina, que era muy fuerte en los años setenta, funcionaba como si fuera una migración interna, o sea que la población que optaba por irse a vivir al vecino país contaba con un nivel educativo similar al promedio del ciudadano medio de Uruguay. A su vez, quienes emigraban a Estados Unidos tenían un nivel más alto. De todos modos, la migración siempre es selectiva hacia arriba en materia de educación.

—¿Es comparable en sus características la emigración uruguaya reciente con la de otros países centroamericanos, como El Salvador, que tienen una fuerte tradición en este tema?

AP —El Salvador y Uruguay pueden ser comparados como países que cuentan con una parte muy importante de su población viviendo en el exterior. La emigración uruguaya tiene un nivel educativo mayor como también lo es Uruguay en su conjunto con respecto a aquel país centroamericano. Sin embargo, no se puede identificar totalmente el nivel educativo de la "diáspora" uruguaya con los de Argentina, Brasil y Venezuela, países que tienen una emigración muy calificada. De acuerdo con los datos que proporcionan los censos de Estados Unidos, se comprueba que los emigrados uruguayos ocupan una posición media en el concierto latinoamericano en cuanto a niveles de calificación profesional.

Destinos

—¿Qué destinos atraen a la mayoría de los emigrantes recientes?

AP —Es clarísimo que la migración de los últimos años se ha dirigido preferentemente a Estados Unidos (33.3%) y España (32.6%). Luego las opciones más importantes que siguen, aunque a mucha distancia, son Argentina (8.5%) e Italia (4.7%). Esta distribución geográfica es muy diferente a la observada entre los emigrantes de la década de los setenta, cuando casi el 50% se dirigió a la Argentina, 11% a Estados Unidos, 7.4% a Australia, 7.2% a Brasil y 4.8 % a España.

Las razones de este cambio en la orientación de las corrientes migratorias se debe posiblemente al escaso atractivo de los países de la región en virtud de las crisis económicas que han experimentado en los últimos años. Argentina, que fue históricamente el principal receptor de emigrantes uruguayos, presenta altas tasas de desempleo y un panorama económico difícil; la situación económica en Brasil, aunque menos grave, ha sido también compleja.

Australia, otro destino importante en la década de 1970, ha cambiado su política migratoria ya que ha dejado de funcionar un programa oficial destinado a captar emigrantes de determinados países, entre los cuales se hallaba Uruguay. Hoy la obtención de una visa con permiso de trabajo se ha vuelto difícil para los trabajadores uruguayos en ese país.

En cambio, Estados Unidos y España se convirtieron en los principales focos de atracción de los trabajadores uruguayos y de toda América Latina en la década pasada. La población uruguaya en Estados Unidos creció de 18.000 personas registradas en 1990 por el Censo de Población de ese país a 73.000 en el año 2000. De acuerdo con estos datos, la tasa de crecimiento de la población uruguaya en Estados Unidos durante el período 1990-2000 se ubicó entre las más altas de todos los países latinoamericanos al tiempo que la tasa de crecimiento de la población de Uruguay se ubicaba entre las más bajas. Por su parte, los uruguayos radicados en España en 2001 sumaban 24.626, de los cuales 13.722 eran españoles y 10.904 estaban clasificados como "no españoles", según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de España.

Predisposición

—¿Cuáles son la principales razones que aducen los uruguayos para emigrar en el período reciente?

Andrea Vigorito —Las razones declaradas se relacionan estrechamente con la situación del mercado de trabajo local, tanto por los bajos ingresos como por el desempleo, y esto es válido para todos los grupos educativos. A medida que el nivel educativo aumenta, la probabilidad de estar desempleado disminuye y aumenta el peso de la insuficiencia de ingresos en la decisión de emigrar. La búsqueda de una calidad de vida mejor también fue indicada por un grupo importante de hogares, hecho que puede estar asociado, también, a la disconformidad con las posibilidades de empleo (Ver Cuadro Nº I).

La situación del mercado laboral es también una razón de emigración relevante para todos los grupos etarios, aunque existen diferencias según la etapa del ciclo de vida en la que las personas se encuentren. Aun así, los problemas relacionados con el mercado de trabajo son mencionados también en el caso de los adultos mayores, poniendo en evidencia que los temas del empleo y los ingresos son también agudos en estas edades. No obstante, los emigrantes más jóvenes y más aún los adultos mayores son los que cambian de país por razones familiares.

—¿Qué predisposición migratoria existe entre los uruguayos en este momento?

AV —Aproximadamente en el 29% de los hogares relevados se encontraron personas que declararon su interés en emigrar, especialmente a España y Estados Unidos y, en una menor medida, a Italia y Brasil. La preferencia por España está mucho más concentrada entre quienes no han emigrado aún que entre los expatriados. Las razones invocadas por estas personas que viven en Uruguay son, en líneas generales, las mismas que señalaban los emigrantes recientes: bajos ingresos, desempleo y deseos de mejorar la calidad de vida.

Además, varios estudios sobre el tema han coincidido en este tipo de resultados y muchos autores han sostenido la hipótesis de que el hecho de tener familiares o amigos en los países de emigración tiene un efecto dinamizador de la emigración porque permite el acceso a redes sociales y actúa como efecto de demostración. Estos vínculos crean una tendencia a emigrar independientemente de los factores económicos que pueden estar afectando a una persona.

Retorno

—Si bien la mayor parte de los emigrantes declaran al partir su voluntad de regresar a vivir en Uruguay, ¿cuál ha sido la magnitud del retorno definitivo de emigrantes uruguayos?

AP—Todo movimiento migratorio tiene como corolario un porcentaje de personas que retorna. Esa cifra es independiente de que la migración haya sido exitosa o no. En Uruguay se ha registrado un retorno que varía según las épocas. Después de reinstaurado el sistema democrático, la vuelta de compatriotas fue significativa, aunque se esperaba un número mayor ya que la estimación de retornados para el período intercensal 1985-1996 fue de 54.400.

—Si se mira con una perspectiva histórica, ¿hubo un retorno significativo de aquellos españoles e italianos que venían a radicarse en Uruguay a fines del siglo XIX y primera mitad del siglo pasado?

AP —Los retornos también existieron en aquellas épocas. No sólo ocurría en el Río de la Plata, sino que también había un flujo de regreso desde Estados Unidos, donde, por lo general, los emigrantes europeos fueron muy exitosos. También es cierto que en la actualidad los adelantos en los medios de transporte incrementan la probabilidad de que los emigrantes retornen a su país de origen. Con el desarrollo de las comunicaciones la gente permanece mucho más ligada a su patria y esa vinculación puede facilitar el retorno. En cambio, la mayoría de nuestros antepasados que llegaron a América no sabía leer ni escribir y sus contactos con sus familias y pueblos de origen se perdían en una alta proporción con el correr de los años.

Consecuencias

—¿Qué efectos tiene la emigración en la sociedad uruguaya?

AP —La emigración puede constituir una "válvula de escape" en los países que atraviesan etapas de alto crecimiento de la población. Por el contrario, en el caso de Uruguay, la emigración contribuye a acelerar el proceso de envejecimiento de la estructura de edades y a disminuir el ritmo de crecimiento e incluso a provocar el decrecimiento de la población en algunos años. Además, provoca un efecto depresivo sobre la sociedad porque no resulta nada alentador que los jóvenes tengan como proyecto realizarse profesionalmente en otro país. Si la emigración fuera concebida como una etapa o un proyecto transitorio y hubiese un retorno seguro de los migrantes con conocimientos nuevos incorporados, los resultados podrían ser positivos para la sociedad uruguaya.

—Además de una posible reducción en el índice de desempleo, ¿no implica la emigración algunos beneficios para la sociedad?

AP —A pesar de las divergencias en las evaluaciones de los procesos emigratorios, hay dos grandes temas en los cuales suele haber acuerdo en una variedad importante de autores: las remesas pueden ser consideradas como un efecto positivo de la emigración y la pérdida de capital humano como el efecto adverso. En Uruguay, la masificación de la emigración tuvo como consecuencia que todos los niveles educativos están representados entre los emigrantes; sin embargo, la sobrerrepresentación de aquellos con estudios terciarios —o sea la migración calificada— es importante si se compara con la población residente en el país.

Uruguay no es un país receptor de remesas de dinero en grandes cantidades

—¿Cuál es la estrategia migratoria de los uruguayos?

AP —Todo indica que emigran familias completas, aunque suele darse el caso de que primero viaje el jefe de familia y al muy poco tiempo se lleve a su esposa e hijos. Por lo tanto, parecería que es una estrategia diferente a la que prevalece en América Central y otros países latinoamericanos como República Dominicana y Ecuador. Allí suele irse un integrante de la familia a trabajar en Estados Unidos o a Europa a efectos de contribuir a mantener a su familia mediante el envío regular de dinero.

—¿Qué porcentaje de emigrantes remite dinero a sus familiares en Uruguay?

AV —Aunque es muy poca la información conocida sobre los montos de dinero que se reciben en Uruguay, se deduce de los datos disponibles que nuestro país no ha sido tradicionalmente un receptor de remesas en grandes cantidades a pesar de haber tenido una emigración importante desde hace más de treinta años. De acuerdo con los datos recabados por la ECS, los emigrantes que envían remesas de dinero son el 22.7% del total. Los más antiguos son más proclives a enviar dinero que los recientes. Si bien el porcentaje de quienes efectúan remesas a sus hogares es de sólo 15% entre aquellos emigrados pertenecientes al último año relevado (Ver Cuadro Nº 2), se puede suponer que el primer período de inserción en otro país implica dificultades que no permiten ahorrar dinero como para enviar a la familia.

—¿A qué atribuye ese comportamiento de los uruguayos en materia de remesas?

AP —Ese bajo porcentaje de emigrados que envían dinero periódicamente a familiares residentes en Uruguay obedece a que la estrategia migratoria de los uruguayos trata básicamente de emanciparse del núcleo paterno, lo cual no es habitual en la mayoría de los países latinoamericanos. Sin embargo, si se observa la emigración de salvadoreños o mexicanos de clase media, su estrategia se asemeja bastante a la de los uruguayos.

—Según estimaciones efectuadas por el Banco Central del Uruguay en base a encuestas, las remesas de dinero enviadas por emigrantes uruguayos a sus familiares en el país sumaron unos U$S 35.7 millones en el año 2000. ¿Qué comentarios le merece a esa cifra?

AV —Ese monto representaría una remesa anual de alrededor de U$S 90 per cápita siempre que todos los emigrantes enviaran dinero. Es una cifra muy baja en comparación no sólo con las remesas que se giran a otros países de América Latina, sino también con respecto al PIB y el ingreso de los hogares de Uruguay. No obstante, estos valores suelen estar subrepresentados debido a las dificultades de estimar los montos reales de las transferencias familiares.

—¿Contribuían económicamente los emigrantes recientes al sostén de sus hogares cuando vivían en el país?

AV —Mientras vivían en Uruguay, muchos de los emigrantes recientes aportaba al ingreso de los hogares. Sin embargo, la mayoría de ellos no envía dinero actualmente. El nivel educativo y la edad distinguen diferentes actitudes en este tema, siendo los menos educados y los adultos mayores los más proclives a enviar remesas.

—¿Cómo ha afectado a los ingresos familiares la emigración de algunos de sus miembros?

AV —Según los resultados de la ECS, casi el 44% de los miembros que contribuían al mantenimiento del hogar antes de emigrar envía remesas de dinero actualmente. Esto lleva a suponer que la mayoría de los hogares, en donde existe algún miembro radicado en el exterior, ha debido trazar una estrategia de sustitución de esos ingresos. Sin embargo, el 53% de los hogares que experimentó una reducción de ingresos como consecuencia de la ausencia de un miembro no los ha podido sustituir. Hay también un 3% de casos en que otros miembros del hogar comenzaron a trabajar para recuperar los ingresos perdidos.

FICHA TECNICA

Andrea Vigorito, uruguaya, obtuvo una maestría (MSc) en economía en The London School of Economics de la Universidad de Londres. Es investigadora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económica de la Universidad de la República y también docente de dicha casa de estudios, en donde dicta clases de Economía de América Latina y Metodología de la Investigación.

Adela Pellegrino, uruguaya, es licenciada en Historia de la Facultad de Humanidades, habiéndose doctorado en demografía histórica en l`Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Es profesora titular y coordinadora del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

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