CONSULTORA SERAGRO
Han pasado dos años desde que el peso argentino, disfrazado de dólar se hundió, arrastrando en su remolino a la falsa estabilidad económica y al pretencioso aparato financiero de nuestro país. En la caída, los ingresos de los uruguayos se resintieron gravemente, y aún no se han recuperado; a lo más, puede decirse que recién ahora se ha detenido la baja.
En la gráfica que acompaña la nota puede observarse la evolución que han tenido algunos de los principales rubros de la canasta familiar, así como los salarios, el dólar, el índice general de precios, y el que nuclea a los alimentos, entre enero del 2002 y diciembre del 2003 —que es el último dato divulgado por el Instituto Nacional de Estadísticas—.
Tomamos ese período como representativo de la inestabilidad, porque antes de enero del 2002 la inflación era mínima —inferior al 3 % anual—, así como la devaluación que marcaba la tablita sui generis que regía en esos tiempos, y mal que bien, los salarios medios acompañaban la evolución de los precios. No obstante, ya se registraba un aumento acelerado de la desocupación, y en determinados sectores de la actividad privada los salarios bajaban fuertemente.
En este mes de enero de 2004 que estamos transcurriendo, han ocurrido algunas novedades que refieren a estos temas, pero no cambian sustancialmente la situación. Así cabe destacar el aumento de salarios que se anuncia para el sector público, la suba de tarifas de los entes estatales, la rebaja del precio del asado y la suba de las pulpas, los cambios que provoca una temporada turística movida (en algunos precios de bienes y servicios, y en el nivel de ocupación), introducen algunas variaciones, pero cuyo impacto aún es prematuro evaluar.
INFLACION Y DEVALUACION. El Indice General de Precios al Consumo (inflación) subió 37,6 en ese período de dos años, mientras que el dólar aumentó 103,6 % (devaluación). Esto significó una importantísima corrección del atraso cambiario que se había acumulado en los años previos, el que pesaba gravemente sobre la rentabilidad de las empresas exportadoras, y de las que compiten con las importadoras en el abastecimiento del mercado interno. La suba en el tipo de cambio real entre las puntas del período es de 48 %.
Los precios internos subieron sobre todo en los primeros 18 meses del tumultuoso período considerado, para luego estabilizarse en el último semestre.
En conclusión: la devaluación fue mucho mayor que la inflación, y ésta no se disparó. Eso es lo que ocurrió en nuestro país, pero también en Argentina y en Brasil, cuando éstos se desembarazaron del pesado lastre del atraso cambiario, dejando flotar sus monedas respecto al dólar.
De ese modo se aventa el principal cuco que se agitaba para contener los reclamos de ajuste del tipo de cambio que se formulaban desde medios empresariales y (en mucho menor medida) técnicos, en los años anteriores; cabe esperar que el tema haya quedado laudado, y no volvamos a escuchar que no se puede corregir el dólar cuando queda atrasado, porque genera inflación, y ésta esteriliza cualquier aumento. La experiencia nacional y regional vuelven a demostrar lo contrario.
EL PRECIO DE COMER. Si bien el índice general subió 37,6 %, el que nuclea al rubro "Alimentos" subió bastante más: un 50 %. Esto afecta sobre todo a los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción relativamente mayor de sus ingresos a atender este rubro.
Dentro de los alimentos, el que más subió es la carne vacuna (pulpa de nalga o cuadril), que promedió un aumento de más del 96 % en el período, generando los trastornos conocidos entre la población, altamente carnívora.
El aceite de girasol, con casi 74 % de aumento, y los lácteos con 45 % son otros rubros que tienen influencia del mercado exterior, por cuanto se exportan, o eventualmente se importan, ya sea como producto o como materia prima. No tiene sentido decir (como ha sido dicho en algunos medios), que son productos de origen nacional y por lo tanto no se rigen por el valor dólar, porque si el mercado interno no pagara lo mismo que el exterior, simplemente se exportarían.
VERDURAS Y SALARIOS. Lo único que bajó fueron las verduras; la principal es la papa, y es la que más bajó en estos dos años. Problemas para los paperos y otros horticultores, pero una buena solución para la olla familiar, que aumentó sustancialmente su consumo de estos productos, al tiempo que restringía en proporciones similares el consumo de las carnes y otros alimentos que se encarecieron.
El quid de la cuestión, lo que expresa la crisis en toda su magnitud, está en el estancamiento de los salarios, que subieron apenas 8 % en estos dos años, lo que implica que perdieron un 22 % de su poder de compra general, y que los alimentos se le encarecieron un 28 % en términos reales.
Carne, entre abasto y la exportación
La carne subió porque es un producto orientado a la exportación, que se cotiza en dólares, y que se destina en proporciones cada vez mayores a los mercados del exterior; esta tendencia se acentúa con cada aumento de precios que se registra, que provoca nuevas retracciones en el consumo. Como los precios de la carne que se exporta han seguido subiendo, el reflejo en el mercado doméstico es instantáneo, alimentando un círculo de estrechez creciente, con precios en alza frente a una demanda declinante.
Recién esta semana se dio un fenómeno que había sido anunciado sin suerte desde hace tiempo: la faena entonada genera algunos productos que no tienen fácil colocación en el exterior, y esos excedentes se vuelcan a precios bajos al abasto; tal es el caso del asado en la actualidad. Como es un corte de muy bajo rendimiento al desosado —por su alta proporción de hueso y grasa—, cuesta colocarlo en los mercados fuera de la región, donde la carne debe ir necesariamente desosada, por restricciones referidas a la aftosa. Por eso se trata de un producto típico para el mercado interno, y también para vender en Argentina (con mucha exigencia de calidad), y en el Sur de Brasil, mercados ambos que tienen un perfil de consumo similar al nuestro. Con todo, los precios de EE.UU. son tan buenos, que en los últimos meses buena parte de los asados fueron a parar a ese país, con los costos de desosado compensados por la diferencia en los valores respecto a los que se pagan acá.
Bastó una pestañada en los mercados regionales, y quedaron muchos asados sobrantes, que los frigoríficos exportadores rebajaron entre 10 y 15 % a los carniceros, los que seguramente trasladarán un porcentaje similar de baja al público, para contribuir al festejo popular. Los asados —que representan cerca del 20 % del peso total de la carcasa—, también son usados por los exportadores para sacar presión a la demanda de carne local, para alejar la competencia en el mercado de haciendas por parte de los abastecedores netos. Al mismo tiempo, los frigoríficos subieron los cortes de pulpa, lo que se corresponde con la demanda externa por estos productos, que sigue siendo muy buena.
A la hora de caracterizar la suba de la carne, debe observarse que subió menos que el dólar (96 % frente a 103 %), por lo que estrictamente bajó en términos de esa moneda. Lo que genera el desfasaje con el poder de compra de la población es que los salarios bajaron en dólares un 47 %.