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SELECCION | PUA PASO DE "TECNICO DEL PUEBLO" AL "GORDO QUE NO SABE NADA"
Puente roto
Sub 23: ¿es un hecho aislado o con efectos colaterales? Si Carrasco no capta algunas señales, está "en el aire"

JORGE SAVIA

Terminó la participación de Uruguay en el Preolímpico y quedó flotando como una resaca la interrogante de si este mini ciclo que acaba de culminar con la eliminación en Concepción el jueves pasado tendrá alguna consecuencia, o alguna influencia, sobre el otro gran proceso que desde principios de mayo de 2003 viene cumpliendo la selección mayor, con Juan Ramón Carrasco como técnico, en el largo camino que tiene como meta de llegar al Mundial de 2006 en Alemania.

GRANO. El último sábado, el técnico —en un análisis muy simplista, superficial y rápido, aunque también cortante— dijo que no; separó los tantos. Y, la verdad sea dicha, no utilizó un razonamiento traído de los pelos, ni caprichoso, o aparentemente equivocado. Al contrario: fue al grano. "Son otros jugadores", argumentó; y les recordó a los periodistas que con ese otro grupo, que obvio es decirlo tiene figuras de otro nivel, o como mínimo más experimentadas, "ustedes ven que lo que se trabaja acá, después sale", para agregar en otro tramo de sus declaraciones que "allá (Concepción) fuimos y jugamos a la pelota, de lo que hacíamos acá no salió nada o casi nada".

Es cierto. Eso que dice Carrasco, sin dejar de lado —porque tonto no es— que los rivales con los que se trabajó en lo previo a la participación en el Preolímpico no permitían establecer ningún parámetro real sobre el funcionamiento y la eficacia que podía alcanzar la Sub 23 a la hora de la verdad "más allá de los Andes", es palpable; aunque debería dejarle, eso sí, una primera gran enseñanza: que no siempre es como dice él, que la idea está por encima de todo, es lo que vale, lo que manda, y el técnico puede citar jugadores que no están en la mente de casi nadie, o ubicar a los que está "cantado" que debe convocar pero para jugar en puestos distintos a los que ocupan en sus cuadros, e igual va a obtener los mismos resultados.

COMPARACION. En este caso también parece claro algo que el entrenador captó, aunque fiel a su estilo, al hablar el otro día con el periodismo lo utilizó más como arma de contraataque para salir al paso de los cuestionamientos que se le formularon por una realidad que rompía los ojos cuando conformó definitivamente el plantel para el Preolímpico y quedó grabada a fuego antes del último partido de la serie, cuando no le quedó ni un solo defensa en el banco de suplentes para enfrentar a un equipo contragolpeador y agresivamente ofensivo, como son siempre los paraguayos: Carrasco dijo que "critican que llevé pocos defensores y demasiados delanteros, y justamente el déficit estuvo en el ataque", y es notorio que el fracaso mayor estuvo adelante; partiendo de la base de que la idea futbolística es la misma, basta con armar un cuadro comparativo con los indicadores que dejó el funcionamiento de la selección mayor y el de la Sub 23 (ver infografía aparte) al cabo de los cuatro partidos oficiales (por las Eliminatorias una y por el Preolímpico la otra) disputados por ambas, para darse cuenta que la cantidad de goles en contra que sumó una y otra representación celeste (8 la de las Eliminatorias y 7 la del Preolímpico) fue más o menos la misma; la diferencia estuvo en los goles (11 la mayor y sólo 3 la Sub 23) que pautaron la producción del ataque uruguayo.

Sin embargo, hay algo que sí debería analizar y procesar Carrasco por el bien del éxito, y hasta de la continuidad de su trabajo, y es que las interrogantes que dejó plantedas la participación de la Sub 23 en el Preolímpico no se agotan, o se circunscriben, a lo que hizo o dejó de hacer el equipo adentro de la cancha. Ahora hay otros elementos en juego, que no parecían ser tenidos en cuenta antes por nadie, y que tienen que ver con el "modus operandi" con que, para determinados aspectos de su labor, se maneja Carrasco.

PUA. El técnico no debería dejar de lado, por ejemplo, que igual que como aconteció con Púa cuando renunció Passarella, y al influjo de lo que había expuesto la selección juvenil al lograr el vicecampeonato mundial en Malasia, él fue electo por ser "el entrenador del pueblo". El que quería la gente, porque sus equipos practicaban un fútbol que gustaba. Por eso, porque si se quiere —también como en el caso de Púa— para los dirigentes era "la más fácil" nombrar a Carrasco, ya que si ganaba estaba todo bárbaro y si perdía nadie tenía derecho a protestar demasiado, resultó nominado, pese a que la empresa Tenfield no postuló ningún candidato "extraoficial", a que a "Paco" le pudo resultar simpático pero no tanto como para colocarlo con un dedazo, y a que en el ámbito político de las decisiones en la sede de la calle Guayabo contó con un solo voto entre los cinco neutrales: el de Juan Pedro Damiani.

MINISTROS. Es más, la ola fue tal, que hasta del propio gobierno —desde el Presidente hasta un par de secretarios de Estado— surgieron voces diciendo que, en otras áreas de la actividad nacional, "el país precisa jugar a lo Carrasco". Pero, cuidado; no está de más volver al ejemplo de Púa: para la gente, en la calle, con el sufrimiento de los últimos partidos de la Eliminatoria pasada y el repechaje frente a Australia, más los tres encuentros del Mundial de Corea y Japón, pasó —grosera e injustamente— de ser "el técnico del pueblo" a "un gordo que no sabe nada".

En esto, en suma, siempre hay un antes y un después. Y en el medio, un puente y momentos —a veces imperceptibles— en los que el puente, aún sin llegar a romperse del todo como para que quien lo atraviesa se caiga, comienza a agrietarse.

VOMITOS. Esto último, ocurrió con Púa, muchísimo antes que quienes lo habían elevado al Olimpo de los dioses populares lo descalificaran. Incluso, aunque parezca asombroso, desde los tiempos de Malasia. Esto es: Púa hizo de las selecciones juveniles "equipos diferentes", que llegaron en los cuatro primeros lugares de los mundiales que disputaron bajo su mando, por un rigor en sus métodos y exigencias de trabajo, adentro y afuera de la cancha, que no conoce casi nadie. Si los botijas tenían una dinámica ajena a la media del fútbol uruguayo, es porque en la corta, en la anónima de todos los días, hubo más de un muchacho que volvió por las suyas a su equipo de origen, diciendo que no quería ir más a la juvenil, porque había jornadas en las que algunos terminaban vomitando. Y eso se fue transmitiendo en el boca a boca, hasta llegar a los mayores, incluso a los más grandes, que estaban en el exterior, y que por ahí sentían que su nivel ya estaba más allá de sacrificados métodos de trabajo como el que impuso Púa en Malasia, donde para conseguir que los celestes se adaptaran mejor el intensísimo calor que sus rivales, el técnico prohibió la utilización del aire acondicionado del hotel de treinta y tres estrellas donde estaban alojados.

DIVISION. Poco a poco, por lo tanto, se fueron separando las aguas: estaba la generación de Púa, dispuesta a aceptar las reglas del formador con quien consiguieron tan buenos resultados, y la otra; si no rebelde, más excéptica y menos maleable. Púa lo sabía. Por eso —y lo dijo públicamente— su ideal era agarrar la selección mayor recién después del Mundial del 2002. Cuando fuera tiempo de un recambio y pudiera ingresar al ruedo con "su" generación de Malasia. Pero la renuncia de Passarella y su condición en ese momento de "técnico de la gente", impidieron que lo concretara. Se adelantaron los plazos. Se mezclaron los tantos. Y, "sotto voce", incluso por la espalda, empezaron a surgir señales de duda, si no de desacato, como las que El País escuchó, por ejemplo, en la soledad del Complejo "Uruguay Celeste" el sábado pasado.

Como se estableció en la edición de la pasada jornada, un jugador —de nombre— se despidió de otro también importante, diciéndole que no esperaba que le devolvieran sus zapatos porque "me quiero ir; éste se pasa. Resulta que cuando ganamos, ganamos todos, y cuando perdemos, perdemos nosotros. No lo aguanto. Y me voy tranquilo, porque se lo dije en la cara".

Más allá de que el jugador tenga razón o no, si Carrasco no toma nota de estos detalles, el puente que empezó a atravesar después de la eliminación de la Sub 23 en el Preolímpico, es colgante. Y no por la forma de su estructura, sino porque el técnico está en el aire.

Un caso aparte

BUSCADO

Si por algo se ha caracterizado Carrasco, es por su rigurosidad con los jugadores que han merecido tarjeta amarilla o roja de los árbitros. El caso de un referente de esta selección Sub 23 que jugó el Preolímpico, como era Ruben Olivera, ameritaba una pregunta; cuál es ahora la visión y actitud del técnico frente a las situaciones protagonizadas por el "Pollo": "le hablé, tocamos el tema, lógico. Pero yo creo que lo del "Pollo" es un caso aparte, porque era la figura y por ahí él miraba al juez y ya era como que le daba lugar a que lo observara. Si ustedes vieron los partidos, habrán visto que le cobraban faltas a él que eran al revés, que se las hacían a él, como buscando a ver si reaccionaba..."

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