CARINA NOVARESE
En Tacuarembó todo el mundo habla de mística. Gardel nació ahí, dicen todos sin excepciones. Además, la Patria Gaucha sobrevive ahí, agregan. En los últimos años a la mística de la tradición se le agregó la de la eficiencia. Desde hace tiempo los tacuaremboenses hablan con orgullo del Hospital Regional de Tacuarembó.
No es "el hospital" y no es "Salud Pública". Por una inusual conjunción de elementos –que incluyen desde el factor humano hasta la tecnología médica, entre muchos otros– en Tacuarembó se gestó la receta de un hospital público que, sin embargo, no parece público. El juicio es repetido todo el tiempo por usuarios, funcionarios y visitantes que llegan hasta el centro de salud y las razones comienzan en la puerta.
El hospital de Tacuarembó se levanta en un edificio que data de 1927, aunque de aquella época quedan solo las bases de piedra que se ven en el exterior. Los viejos edificios fueron remodelados y a ellos se le agregan ahora varias alas nuevas, muchas unidas con las anteriores por puentes.
El centro está prolijamente pintado de verde claro, sus jardines y patios meticulosamente cuidados y cada pocos pasos sus puertas de vidrio ostentan el logo del hospital, una enorme H entrelazada con una T de color celeste.
La imagen corporativa es sólo la cara externa de un centro que atiende a más de 50.000 personas y cuya área de influencia llega a 350.000 habitantes de la región norte del país.
Es un hospital público que subsiste con un presupuesto igual o menor que el que manejan otros centros similares pero que ha encontrado mecanismos de todo tipo para superar las cortedades económicas pero también los problemas tradicionales de la salud.
El Hospital de Tacuarembó fue el quinto en monto presupuestal entre los seis centros de salud pública de la región norte. Esto implica que en 2003 gastó 2.434.000 dólares, de los cuales casi un 1.100.000 fueron destinados a gastos operativos e inversiones y el resto, 1.350.000 dólares, se utilizó en el pago de los recursos humanos del hospital, en donde trabajan 360 funcionarios de todo tipo.
Estos números quieren decir que por mes el hospital gastó unos 200.000 dólares en su operativa. Si se considera que son unos 50.000 los usuarios que acceden al centro (sin contar los pacientes de alto costo tales como los del CTI de adultos y de niños, así como las neurocirugías), el gasto por persona y por mes oscila en cuatro dólares. "Es seis veces menos que una cuota mutual y un tercio de lo que gasta Salud Pública en Montevideo. Pero esto no implica necesariamente que la solución sea más dinero. La solución es siempre más eficiencia", opinó Ciro Ferreira, médico cirujano director del hospital desde 1992.
COCTEL. La receta, cuyos ingredientes ni siquiera el director del centro puede precisar, consta de innumerables elementos pero sobre todo de una suma de factores que lo convierten en paradigma de todo lo que Salud Pública no ha podido lograr en la mayoría de sus hospitales.
El proceso comenzó en 1987 y contó desde el principio con la coordinación del hospital y la Intendencia, con el apoyo de la agencia de cooperación internacional GTZ y la Facultad de Medicina.
Tal como señaló el actual intendente de Tacuarembó, Wilson Esquerra, la comuna ha colaborado desde el inicio con recursos económicos pero también con más de 20 funcionarios, pagos por la administración municipal pero que trabajan en el hospital.
El objetivo en ese momento fue reforzar la atención primaria de la Salud, concebida como la prevención y detección temprana de las enfermedades, sobre todo de dos males de fuerte incidencia en la zona: Chagas e Hidatidosis. Junto con estos controles se extendieron casi naturalmente otros como el de niños, embarazadas o distintos tipos de cáncer femenino.
PIRAMIDES. En los 80 el hospital era una pirámide casi sin base, en la que la atención primaria estaba constituida por unas pocas policlínicas dispersas por el gran territorio de Tacuarembó. En el segundo nivel estaba un hospital "donde se hacían algunas cosas bien pero deprimido", consideró Ferreira, que en ese momento era subdirector del centro. El nivel terciario, que corresponde a las tecnologías, era casi inexistente.
La pirámide ahora es real. En la base más ancha hay un gran sistema de atención primaria, centrado en una oficina especial llamada DAPS (Desarrollo de la Atención Primaria de la Salud), que funciona descentralizadamente con su propio presupuesto y se encarga de la atención suburbana y rural por medio de 70 policlínicas.
MIXTO. El manejo de la tecnología médica también aparta de Tacuarembó del resto. "En muchos lados se suman recursos. Un ejemplo son los cinco o seis tomógrafos en el área del Obelisco de Montevideo. Acá, en cambio, decidimos dividir funciones", dijo Ferreira.
La mutualista de Tacuarembó, COMTA, tiene tomógrafo pero no cuenta con CTI. La ecuación parece sencilla y sin embargo no es la usual en Salud Pública: la mutualista hace las tomografías para los pacientes del hospital y éste se encarga de la atención de los usuarios privados que necesiten CTI, algún tipo de neurocirugía o cualquier servicio de hematología.
Para Nelson Ferreira, presidente de COMTA, esta fue la única manera de lograr una mejor calidad del servicio. "Por el número de habitantes y por los números que manejamos, no podemos darnos el lujo de superponer esfuerzos".
El lunes pasado, en la Casa de la Hospitalidad (ver recuadro), una decena de personas esperaban noticias de sus seres queridos internados en los CTI de adultos y niños del hospital. Entre ellos estaba una joven pareja de Rivera, que había viajado siguiendo a la ambulancia que trasladó a su hijo recién nacido, Maximiliano. El bebé nació en la semana 29 de gestación y apenas sobrepasó el kilo de peso.
A pocas cuadras de donde estaban sus padres, Maximiliano era atendido en el CTI por Daniela, una de las nurses encargadas. Ella, como tantos otros funcionarios, hablan de "cierto espíritu especial que hace trabajar a la gente en equipo y tirar siempre para adelante".
Cerca del bebé se recuperaba un niño de 12 años, a quien habían operado de un tumor cerebral benigno que lo había dejado ciego de un ojo desde la niñez. Los padres descubrieron el problema poco tiempo atrás. Sebastián, de 13 años, fue intervenido por el equipo de neurocirugía y recuperó la vista del ojo afectado por el nervio oprimido.
"Acá tiramos todos para adelante igual", dijo el portero y "arregla-todo", Luis Silva, que trabaja en el hospital desde hace 22 años. Del mismo modo el médico anestesista Luque, recién salido de una neurocirugía, explicó que el cambio fue de concepto: "cuando entré, en 1982, el hospital se guiaba por la internación, todo era eso. El cambio fue que se abrió hacia la sociedad y pensó en lo que faltaba, que era mucho. Ahora casi todo se puede resolver acá".
En el hospital de Tacuarembó no hay servicios descentralizados y todas las funciones que en otros nosocomios suelen hacer empresas privadas allí son realizadas por un equipo de mantenimiento que se encarga desde los caños hasta los jardines. Incluso la limpieza y la vigilancia son realizadas por funcionarios presupuestados.
Para el director la clave no siempre es el dinero, aunque pesa. "Un auxiliar de servicio gana unos 6.000 pesos, un sueldo que no es malo si se lo compara con otros. Las gratificaciones no son solo económicas. Estás los objetivos compartidos y los reconocimientos", dijo Ferreira.
Las referencias a "trabajo de equipo" se repiten constantemente. Para Ferreira "esto es un equipo donde todos se van contaminando para bien. Además acá no tenemos más remedio que aterrizar las políticas nacionales a nuestra realidad, porque estamos a 400 kilómetros de la capital. Por eso hemos logrado que el hospital sea cada vez más descentralizado y por eso a veces tomamos decisiones considerando las normas muy ampliamente".
MANANTIAL. Además de la mística y de la magia de la que hablan en Tacuarembó, el hospital tiene cifras duras que demuestran el éxito de su gestión. El departamento tiene una mortalidad infantil de 10 niños por mil, muy por debajo del promedio de 15 por mil de todo el país pero sobre todo muy por debajo de lo que fue la realidad de Tacuarembó sólo una década atrás, que llegaba a 23 por mil.
Con la creación de los CTI se ha salvado muchas vidas que antes pendían de pocos hilos mientras eran trasladadas a Montevideo en un proceso que podía llevar hasta 10 horas. En el caso de los niños esto es aun más significativo: antes de que existiera un CTI pediátrico llegaron a morir ocho niños de la región en un solo mes, debido a que no resistieron los traslados
Los logros pronto se traducen en nuevos proyectos. El más cercano será la construcción de un centro oncológico especializado en la mujer, que cubriría las necesidades de una amplia población al norte del Río Negro, la mayoría de la cual debe viajar a Montevideo para someterse a tratamientos de radiología.
Si bien el hospital de Tacuarembó y otros de la zona suelen realizar tratamiento de quimioterapia, las radiaciones indicadas para muchos tipos de cáncer sólo se ofrecen en la capital. De todo el interior, sólo Salto tiene un servicio de este tipo y es privado.
Para construirlo se necesitan unos 60.000 dólares, que Ferreira y su equipo están seguros podrán recolectar en la fiesta Manantiales de Canto y Jineteada, cuya segunda edición se realizará el 11 y 12 de diciembre próximos.
El año pasado se recaudaron 30.000 dólares que se utilizaron en la construcción de un nuevo CTI de adultos. El trabajo de "marketing" ya comenzó y toda la gente de la zona sabe que en diciembre será hora de vaciar los bolsillos en beneficio del hospital.
Como el año pasado, los benefactores recibirán un certificado de "Productor solidario", que agradece la ayuda.
LA PATA. El director del hospital es otra de las patas del fenómeno, probablemente una con mucho peso. Ferreira, de 49 años, asumió la dirección en 1992 y hasta el día de hoy continúa al frente del hospital, con un paréntesis de un año en el hizo un polémico pasaje por la Administración de Servicios de Salud del Estado.
De vuelta en Tacuarembó, el médico cirujano asumió la dirección luego que se juntaran cerca de 17.000 firmas en la comunidad. En la ciudad todo el mundo lo conoce como Ciro y están acostumbrados a su dinámica avasallante. Los médicos incluso dicen que a veces tienen que pararlo porque no dan abasto ante tanto impulso.
Ferreira es particularmente adepto a repetir frase de hombres famosos. Entre ellas y mechadas a lo largo de una larga conversación, cita a un marino estadounidense que dijo que "para lograr los objetivos hay que insistir en eso, en eso y otra vez en eso", o a Churchill con su famoso "este es el principio del fin".
El doctor Ciro Ferreira también tiene frases de su propio repertorio. No se cansa de decir que una de las claves del éxito es que su gestión se transformó en "política de Estado" para la Intendencia municipal pero nunca en un "tema político partidario".
Desde fines de los 80, las sucesivas administraciones blancas del departamento (herreristas y de otras corrientes del Partido Nacional) se identificaron con la eficiencia del hospital y colaboraron activamente para que siguiera ese rumbo.
En los últimos días, sin embargo, el hospital ha formado parte de la política partidaria, al menos en los discursos de casi todos los candidatos. El presidenciable Jorge Larrañaga (cuyo primer candidato al Senado es Eber Da Rosa, hasta hace pocos días intendente de Tacuarembó) eligió el departamento para lanzar su plan nacional de salud y no se olvidó de felicitar al hospital. Algo similar hizo Tabaré Vázquez hace poco más de una semana, luego de caer de improviso por el centro de salud a recorrerlo. Horas después, en un acto partidario, dijo: "felicito a todo Tacuarembó por ese maravilloso hospital que tienen".
El doctor Ferreira advierte que lo que pasó en Tacuarembó no es fácil de recrear en otras partes, tal como él mismo lo comprobó cuando fue jerarca del Ministerio de Salud Pública.
El doctor Ferreira, de vuelta, ofrece su diagnóstico: "hemos logrado una masa crítica por la que es más fácil trabajar con vientos en contra, para poder seguir construyendo. Podemos tener errores y hasta problemas, pero esto es un proceso irreversible".
Un 91% de "orgullosos"
A encargo del hospital, la consultora Equipos Mori realiza periódicamente encuestas en las que mide el nivel de satisfacción de usuarios así como la opinión local. La práctica comenzó como una de las contrapartes exigidas por la agencia DPZ y luego continuó como forma de "medir lo que se está haciendo". Las últimas encuestas fueron financiadas por la Intendencia.
El 97% de las personas encuestados en abril de este año dijo que la atención que se daba en el hospital era "muy buena" o "buena". Un 91% señaló que el centro de referencia regional "es motivo de orgullo". El 97% de quienes opinaron consideraron "muy buena" o "buena" la colaboración entre el hospital y la mutualista de Tacuarembó.
En 1997 Unicef y la Organización Mundial de la Salud nombró al centro como primer hospital "amigo del niño" en Uruguay, por el resultado obtenido en la lactancia materna.
En 1998 Tacuarembó fue designado por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud como primera "comunidad saludable" del país.
En 2003 el grupo de ginecoobstetras del hospital recibió el premio de la Federación Internacional de Gineco-Obstetricia, por el programa de captación precoz de la embarazada en el área rural.
En el hospital, por convenio con la Facultad de Medicina, hay ocho internos médicos que viven en el centro, así como estudiantes de la Facultad de Enfermería.
Existe un centro de capacitación en coordinación con la Intendencia. En él se forman recursos humanos en el área de la salud, además de otras disciplinas.
De las enormes salas que todavía persisten en muchos hospitales, en el de Tacuarembó se pasó a habitaciones que como máximo hospedan a cuatro personas con su baño privado. También hay cuartos dobles y hasta individuales.
Altoparlante y hogar para familiares de los pacientes
En el Hospital de Tacuarembó se escucha frecuentemente una voz por altoparlantes que recuerda a pacientes y acompañantes cuales son sus obligaciones y derechos. Los mensajes se repiten en un paquete informativo que reciben los pacientes apenas ingresados al centro. Entre los derechos se cuenta el de "ser recibido a su ingreso por personal de Enfermería", "conocer su médico tratante", "conocer su problema de salud y evolución", "exigir buen trato de todo el personal que lo asiste", "estar en una unidad confortable" y "recibir las comidas diarias". Entre las obligaciones se detalla el "mantener el orden y la higiene de su cama, sala y baño", "no tirar residuos ni restos de comidas en piletas ni water", "no fumar ni tomar mate en el área asistencial", "no apoyar pies en paredes, puertas, sillas u otros muebles".
Las directivas derivan de la Unidad de Atención al Usuario, una repartición que fue creada a raíz de la capacitación facilitada por el BID en un proyecto de Mejora de la Gestión Hospitalaria. Para Ciro Ferreira, director del hospital, ésta es la clave para mantener las buenas condiciones del centro. "Cada vez que uno va a un hospital público con zonas en mal estado escucha que eso es así porque la gente no cuida. Pero a la gente se la educa y luego, cuando siente que ésto también es suyo, entonces cuida. Primero arrancaban las flores del jardín, pero luego, lo vieron tan lindo que hasta lo cuidan".
El director recuerda cuando el entonces ministro de Salud Fernández Ameglio dijo que al terminar su administración no quería que nadie más durmiera en los pasillos de los hospitales. "Eso generó gran polvareda. En este hospital hace mucho tiempo que la gente no duerme en los corredores". La llamada Casa de Hospitalidad es una vivienda ubicada a dos cuadras del centro donde pueden alojarse los acompañantes de pacientes que no viven en Tacuarembó y no tienen familia allí o medios para pagar una estadía. La casa, que fue reciclada con la ayuda de todas las fuerzas vivas del departamento, está bajo el cuidado de la Conferencia San Vicente y la Pastoral de la Salud de la Diócesis de Tacuarembó. En ella se han alojado desde 2001 más de 2.000 personas.