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LA NUEVA OLEADA DE EMIGRANTES | ESTIMAN EN 450 MIL LOS URUGUAYOS QUE RESIDEN EN EL EXTERIOR. UN PROGRAMA DE LA UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA BUSCA CREAR EL PRIMER BANCO DE DATOS.
La multitudinaria diáspora uruguaya
A diferencia de épocas anteriores, la actual emigración oriental es más calificada respecto de su formación

LEONEL GARCIA

Cecilia Castaño es investigadora en el área de biología molecular aplicada a la acuicultura. Se trata de una rama de la oceanografía en la cual cursa un doctorado. Está desarrollando su carrera en Tokyo, Japón.

"Excelente", contesta Daniel Bastreri cuando se le pregunta por su actual situación. Es un biólogo marino que ejerce su profesión en Newcastle, Inglaterra.

Mucho más cerca, en Bariloche, Argentina, el ingeniero nuclear Roberto Cervieri trabaja en el soporte logístico de una importante empresa privada. Uruguayo, al igual que Castaño y Bastreri, hace más de diez años que se fue del país.

El asistente del Rectorado de la Universidad de la República (Udelar), Eduardo Fernández, indica que hay un proyecto para calcular cuántos profesionales uruguayos hay desperdigados por el mundo, cifra que aún se desconoce. Fernández representa a la institución en el Programa de Vinculación, un emprendimiento que busca entablar nexos entre uruguayos calificados de la diáspora y su país de origen.

Lo que sí se sabe es que cada vez es mayor el porcentaje de emigrantes con estudios terciarios finalizados en Uruguay.

Muchos de ellos, como Castaño, Bastreri y Cervieri, no barajan por el momento la vuelta a su país como una posibilidad. El motivo esgrimido pasa por la imposibilidad de desarrollar sus carreras —y poder vivir de ellas— como en el extranjero.

LAZOS. Por difícil que parezca, hay algo que tienen en común países como Angola, Liechtenstein, Eslovenia, Malasia, Mozambique, Islandia, Tailandia y Zimbabwe. Aun en la convulsionada ciudad de Bagdad. Y es que al menos hay un uruguayo residiendo y trabajando en esos lares.

Estos compatriotas, y cientos más, están registrados en la base de datos del Programa de Vinculación, coordinado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Udelar y la OIM.

Una oficina de unos diez metros cuadrados, ubicada en un quinto piso con vista a la Plaza Independencia, es el nexo entre los uruguayos radicados en el extranjero que se registran en la página web del programa ( www.vinculacion.gub.uy ), y la realidad del país. No es un emprendimiento caro; la financiación, a cargo de la OIM, asciende a apenas veinte mil dólares por año.

Si los aproximadamente 450 mil uruguayos que viven en el extranjero están radicados en todas partes del mundo, también podría asegurarse que no hay profesión u oficio al que no se animen. En la mencionada base de datos se encuentran 143 ingenieros, 118 empresarios, 126 médicos y 47 analistas de sistemas. Pero también hay registrados cinco ceramistas, un buzo, un barítono, un experto en biofeedback, dos detectives privados y un obispo.

Esa base de datos cuenta hoy con 2.777 uruguayos registrados. 1.865 hombres, 864 mujeres y 48 "sin especificar". Un ínfimo porcentaje del total de integrantes de la diáspora.

En sus inicios, el programa empezó dirigido "exclusivamente" a uruguayos altamente calificados residentes en el exterior. A partir de 2003 se produjo un cambio en esa política. Mariana González, secretaria técnica del emprendimiento, indica que eso se dio "porque por la vía de los hechos nunca le negamos una respuesta a ninguno de los compatriotas que enviaban una consulta o buscaban un contacto" sean profesionales de elite o no.

González dice que lo ideal sería que dejara de ser financiado por un organismo del exterior y "pase a ser parte de una política de Estado".

La secretaria técnica del Programa de Vinculación afirma que la enorme mayoría de las personas registradas en la base de datos son uruguayos que tienen un buen pasar. "Hay que tomar en cuenta que la mayoría de los contactos que se buscan están en los ámbitos empresariales o comerciales, y para eso hace falta que lleven años en el extranjero y ya estén asentados". Según González más de la mitad son profesionales y tienen entre 40 y 50 años de promedio.

Eduardo Fernández, vinculado a este programa desde la Udelar, afirma en la misma línea que "hay una impresión, que no es estadística ni científica, que a la gente preparada que emigra de acá les va bien". Añade que "también depende del lugar donde hayan escogido vivir".

Sobre tal extremo, Fernández sostiene que los lugares elegidos por los uruguayos emigrantes calificados "son muy similares" a los que elige el resto del flujo migratorio. De acuerdo al estudio de Pellegrino y Vigorito (ver nota aparte), éste se ha trasladado preferentemente en los últimos años a Estados Unidos (33,3%) y España (32,6%). Muy lejos se ubican Argentina (8,5%) e Italia (4,7%).

En la base de datos del Programa de Vinculación, el 21,5% del total de registrados se encuentra en Estados Unidos. Luego siguen Argentina (17,8%), Brasil (9,1%) y España en un sorprendente cuarto lugar (8,4%).

Algunos de los contactos, sin embargo, demuestran no ser "profesionales asentados". "A veces parecemos un servicio 0900 de consultas", admite. Las preguntas que llegan a la sede de la OIM pueden estar referidas a la renovación de la libreta de conducir o pedidos de encontrar papeles de antepasados. "Eso te hace pensar que pueden ser ilegales o recién llegados que todavía están haciendo equilibrio", indica.

¿RESULTADOS? González reconoce que no hay una evaluación cuantitativa de los logros del programa. La mayoría de las veces porque luego de realizar los contactos, no se tiene más noticias.

"Muchas veces no nos enteramos de los resultados de los contactos. O recién lo hacemos tiempo después y de casualidad, por más que pidamos a la contraparte uruguaya que nos tenga al tanto. Lo que nosotros tenemos es una respuesta cualitativa: nos llegan muchos e–mails agradeciéndonos nuestra gestión. Más allá que no llevemos registros estadísticos de los vínculos, creo que si este programa no sirviera para nada no se anotarían los profesionales como lo hacen", concluye.

Lo más solicitado desde Uruguay son contactos para exportación. "Desde noviembre hasta ahora", enumera González, "el programa ya ha recibido un medio centenar de pedidos de ese estilo".

Por su parte, los profesionales uruguayos radicados en el extranjero utilizan este programa sobre todo para realizar ofrecimientos comerciales, solicitar información o presentar ideas. Esto a su vez deriva en uno de los problemas más frecuentes de este emprendimiento. "Muchas veces, la contraparte que está acá debería hacer alguna inversión, y no siempre hay dinero disponible". Aclara que lo que hace la oficina es facilitar el contacto, "pero no puede solventar viajes ni instalaciones".

"Las dificultades en los vínculos provienen desde acá", coincide Fernández sobre este último punto. "De todas formas yo estimo que los vínculos van a desarrollarse cada vez más porque la potencialidad es enorme. Todos los uruguayos en el extranjero mantienen su corazoncito en el país", asegura.

Otro de los inconvenientes es lo que González llama "la idiosincrasia uruguaya". Esto es, simplemente, que los ofrecimientos y propuestas provenientes del extranjero muchas veces no son siquiera contestados. "Esto es muy frustrante para el compatriota radicado afuera", asegura.

González enfatiza que la idea del programa se basa en que hay un enorme número de uruguayos viviendo afuera del país y que "tiene que haber políticas de Estado para ellos, que se cuente con ellos". Sin embargo, un eventual regreso a Uruguay no forma parte del objetivo. "Si se logra, bienvenido sea. Pero no es el norte".

El vigésimo departamento del país

Un reciente estudio realizado por la demógrafa Adela Pellegrino y la economista Andrea Vigorito, del que informara el suplemento Economía & Mercado de El País, en su edición del pasado 19 de febrero, indica que la diáspora uruguaya asciende entre 430 y 450 mil personas en todo el mundo.

Uruguay tiene, según los últimos números del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), alrededor de 3.400.000 habitantes.

La población en el exterior representa un 13% de esa cifra. Desglosado en departamentos, sólo Montevideo la supera holgadamente. Canelones registró, en el censo de 1996, 443.053 residentes.

Esta perspectiva de la diáspora uruguaya como si se tratara de un vigésimo departamento también es compartido por Telmo Languiller. Y él puede hablar con propiedad de este tema. Hace treinta años se fue del país y hoy es diputado en el Estado de Victoria, Australia. La colonia uruguaya, dice, asciende a 25 mil personas en la isla-continente.

Otra de las conclusiones a las que llegó el mencionado estudio, denominado "Uruguay: la emigración reciente", es que aumentó el nivel educativo de los compatriotas que decidieron buscar otros horizontes. Pellegrino afirmó a Economía & Mercado que "la presencia de personas que terminaron los estudios universitarios aumentó de 15,7% a 26,4% en (quienes emigraron en) 2002".

Tomando en cuenta estas características, es de esperar que aumente el porcentaje de profesionales uruguayos en el extranjero, hoy representado por ejemplos sumamente notorios como los arquitectos Rafael Viñoly y Carlos Ott o los ingenieros Gadiel Seroussi, Marcelo Weinberg y Guillermo Sapiro (en la NASA), sólo por citar algunos casos.

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¿Qué condiciones tendría que haber para que considere viable un retorno a Uruguay?

"Obviamente debería haber una propuesta laboral atractiva, aunque no necesariamente en el área de la ingeniería nuclear sino en cualquier otra en la que pueda aportar la experiencia adquirida. Por otro lado, adoro el lugar donde vivo y la forma de vida que logré desarrollar. Por lo que la propuesta debería ser bastante tentadora" (Roberto Cervieri, 40 años, ingeniero nuclear en Bariloche, Argentina; se fue a principios de los ’90).

"Yo tendría que tener un trabajo similar al que hoy realizo; o por lo menos, que le dé a mi familia la posibilidad de vivir como lo hacemos acá. Hoy ya tengo mis cuatro hijos grandes y el sueño mío y el de mi esposa es poder volver algún día a Uruguay" (Carlos de Vera, 50 años, técnico electricista en Santa Fe, Argentina; se fue en 1980).

"El retorno para mí sería muy difícil porque no hay mucho trabajo en mi área. Para volver, precisaría un trabajo que me permita tener una estabilidad económica y eso es difícil en el campo científico" (Cecilia Castaño, 30 años, oceanóloga en Tokio, Japón; se fue en 1993).

"No considero un retorno. Una vez superado el período de adaptación, se adquieren nuevas costumbres y se aprecian las ventajas de vivir en una sociedad abierta y multicultural. El Uruguay y la sociedad que dejamos ya no existe, ni somos nosotros los mismos. Más allá de los ‘mitos urbanos’ no conozco a muchos que deseen volver" (Daniel Bastreri, 45 años, biólogo marino en Newcastle, Inglaterra; se fue en 1991).

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