Enrique Etchevarren Rosa Aguirre
Ningún trabajo denigra", asegura Vicente Ríos (45) mientras barre una vereda de la calle Pampa en plena zona de La Aguada. La tarde estaba muy fría, el miércoles pasado, pero el sol calentaba lo suficiente para hacer llevadera la tarea de la cuadrilla enrolada en el plan de jornales solidarios.
Ríos trabajó desde los 15 años como encuadernador, pero su oficio no le sirve hoy para ganarse la vida. "No me siento demasiado bien, pero hay que hacer algo" dice. "Hay gente que está peor, yo estoy trabajando porque salí sorteado, hay otros que quizás lo necesiten más que yo y no tuvieron esa suerte", reflexiona.
Ese mismo día, a muchos kilómetros de allí, más de mil personas abarrotaban la tribuna principal del estadio cerrado de la ciudad de Durazno. Ochocientos de ellos se habían inscripto para el plan de "trabajos comunitarios", el resto eran hijos, familiares o amigos.
Un escribano cantaba los números que iban saliendo de un bolillero, en medio de bromas, gritos de alegría y expresiones de resignación de aquellos a los que la suerte era esquiva. Al final 72 personas fueron elegidas por la suerte para ocupar un puesto. La mitad de todos del candidatos eran mujeres (ver nota aparte).
Las dos escenas forman parte de la nueva realidad de los "trabajos de emergencia" que se están poniendo en marcha en todo el país. El objetivo es dar una "bocanada de empleo" a una economía que no logra reducir por el momento un índice de desocupación histórico. (Ver infografía).
Cuatro programas diferentes —dos financiados por el gobierno nacional y los restantes a cargo de las intendencias de Montevideo y Maldonado— procuran crear algo más de 11 mil puestos de trabajo comunitario con salario mínimo y unos cinco meses de duración.
El sorteo de Durazno es uno de los primeros que se realizan en el marco del plan de "trabajo comunitario" que implementan los ministerios de Trabajo y de Vivienda con las intendencias del interior. Los responsables del plan estiman que en un mes el sistema estará funcionando en la mitad de los departamentos.
En Montevideo y Maldonado las intendencias lanzaron sus propios planes de jornales solidarios.
En todos los casos el pago que reciben los trabajadores temporarios es de 16 jornales mensuales que representan un ingreso de $ 1.108 más los aportes sociales. Aunque la duración de los empleos es variable en cada caso, los programas estarán vigentes por cinco meses.
En el caso del interior del país, éstas iniciativas están coincidiendo con la implementación de otro programa conocido como "plan veredas", obras públicas de pequeño porte que las intendencias licitan. Las empresas tienen como condición ocupar personas desempleadas.
La Intendencia de Colonia, por ejemplo, abrirá mañana lunes los sobres de ofertas de 18 licitaciones convocadas para desarrollar obras en doce ciudades del departamento.
El Intendente Carlos Moreira espera que ese plan genere más de cien puestos de trabajo. "Todo busca atender las urgentes necesidades de trabajo y queremos ayudar, por lo menos en atenuar (el desempleo) en lo que resta del año".
EVITAR LA EXCLUSION. Todos los funcionarios involucrados en los proyectos admiten que no se trata de planes de empleo, sino de un programa social destinado a disminuir el impacto social de la desocupación.
"La mayor virtud de este programa es que tratar de evitar la exclusión social, porque un desempleado de larga duración es, potencialmente, un excluido", dice Daniel Gutiérrez funcionario encargado de coordinar el programa de empleo de emergencia del Ministerio de Trabajo.
Gutiérrez rechaza las críticas que se realizan desde sectores sindicales. "Se habla de empleo chatarra; no hay duda que tiene que haber otras respuestas, pero esto le da, al menos temporalmente, una actividad a miles de personas".
Aunque el plan está pensado para emplear a siete mil personas durante cinco meses, Gutiérrez dice que su duración en el tiempo depende de los proyectos de obras que presenten las intendencias.
Ese horizonte de cinco meses de duración de los trabajos temporales es una constante en los planes del gobierno y de las intendencias y parece destinada a coincidir con el fin del invierno y el comienzo de una temporada de verano que puede ayudar a paliar, por algún tiempo más, el alto desempleo mediante la generación de puestos en la industria turística
HORIZONTE DIFICIL. Pero el panorama de lo que ocurrirá de allí en más con el empleo es mucho más difícil de pronosticar y los analistas consultados por El País hacen estimaciones poco alentadoras.
Los especialistas sostienen que la creación de nuevos puestos de trabajo será más lenta que la reactivación de la economía y prevén que las empresas esperarán un buen tiempo antes de decidir aumentar sus plantillas de trabajadores.
El economista Jorge Caumont no avizora un abatimiento sustancial del desempleo a corto plazo. "No se crearán nuevos puestos de trabajo, debido a que las perspectivas no son de alto crecimiento económico", afirma.
Según Caumont, las empresas vienen ajustando sus plantillas para producir mucho menos que los que producían hasta el 2000 e intentarán primero tener la certeza de una fuerte reactivación para recién entonces volver a contratar.
En su opinión, el costo que implica despedir trabajadores hace que las empresas consideren la contratación de empleados como una inversión alta si no tienen certeza de que la actividad crecerá en forma sostenida.
Agregó que no cree que "una eventual reactivación se traduzca en breve lapso en una mejor situación de los desempleados menos calificados" que "deberán competir con otros de mayor calificación".
Cree sin embargo que puede haber un "repunte estacional" del empleo entre noviembre y marzo "debido a que tendremos una muy buena temporada estival con mayor afluencia de turistas que en la anterior".
"No creo que sectores altamente intensivos en empleo tengan buenas perspectivas por un tiempo. Salvo las industrias de exportación no tradicionales, la construcción y el comercio tienen por delante todavía un panorama sombrío", sostiene.
Según Caumont para recuperar los niveles de empleo que Uruguay tenía en el año 1998 "en los próximos cinco o siete años el PBI debería crecer a un ritmo no menor al 4,5 por ciento, lo que aparece como desalineado con la realidad".
BUSCAR EL CAMINO. El economista Juan Manuel Rodríguez, coordinador del Programa de Modernización de Relaciones Laborales de la Universidad Católica, afirma que los planes de empleos de emergencia "hacen una contribución social importante" si logran evitar que las personas desempleadas pasen a ser excluidos, pero coincide en que la recuperación del empleo estable necesita otros elementos.
Explica que un desocupado demora en promedio 35 semanas en conseguir otro trabajo y que hay quienes demoran mucho más tiempo. "Una familia con ocho o diez meses sin ingresos tiene que pasar a un asentamiento y va a aumentar el sector totalmente excluido de la sociedad". Si un empleo de este tipo corta el pasaje de las personas que hoy son pobres a ser excluidos hace una contribución social muy importante".
Para Rodríguez el verdadero desafío está en la búsqueda de políticas de largo plazo que generen ocupación y sostiene que "no hay un único camino para generar empleos".
"En Irlanda, por ejemplo, se hizo una transformación estructural de la economía y un muy amplio acuerdo social: se rebajaron los salarios, se crearon empleos, hubo un compromiso por parte de los empresarios. Cuando se retomó el crecimiento los salarios mejoraron", explica.
Gutiérrez afirma que en Europa y Estados Unidos se actúa de forma de mejorar las condiciones de crecimiento de ciertos sectores lo que redunda en un crecimiento de la ocupación.
. " Cuando uno discute estas cosas en Uruguay parece que viene el fantasma del proteccionismo, pero si uno mira lo que hacen los países mucho más ricos que el nuestro —Estados Unidos, Japón o los países europeos— en todos ellos hay medidas de este tipo".
"Si se adoptan estas medidas y se acierta en las decisiones, seguramente habrá crecimiento y generación de empleos genuinos", afirma.
NO A LAS RECETAS. El ex Ministro de Economía Ignacio de Posadas, en cambio, es contrario a las políticas estatales de incentivo que apoyen algunos sectores económicos como forma de generar puestos de trabajo.
"Que el gobierno, no sólo este sino cualquiera, se ponga a elegir ganadores no es bueno. Suponer que las personas que están en el gobierno son más inteligentes y tienen mejor información que las que están inmersas en la economía es algo que no se ha dado", sostiene.
En su opinión, las decisiones de actividad las deben tomar "los agentes económicos que saben lo que está pasando".
"Se ha dicho que tenemos que fomentar la industria del calzado, por ejemplo, pero esas cosas nunca han dado resultado y si uno hace memoria Uruguay tiene un cementerio de ideas brillantes, desde Bella Unión hasta Migranja. Los inventos de ganadores, en general, nos han costado mucha plata y no han dado resultados".
De Posadas descarta que "las recetas puntuales" para fomentar empleos y sostiene que a nivel macroeconómico sólo se pueden introducir "medidas de carácter estructural y permanente que traten de reducir o eliminar trabas de tipo jurídico o sindical" que desalientan la contratación de nuevos trabajadores.
El ex ministro coincide en que la recuperación económica no va a estar necesariamente alineada a la creación de puestos de trabajo. "El empleo es más resistente a recuperarse que la economía en su conjunto".
Frases
Saber a donde ir
"Por lo menos tenés la opción de levantarte de mañana y saber a donde tenés que ir. A las personas de mi edad el hecho de estar sin trabajo nos mata, porque eramos autómatas que estábamos acostumbrados a un ritmo, a levantarnos, ir a trabajar y eso no está pasando. Trabajar le hace bien a mi cabeza".
Quique, 49 años.
Ilusión municipal
"Me anoté porque quedé en seguro de paro y se me terminó. Gracias a Dios salí entre los suplentes y como no se presentaron algunos de los titulares, me llamaron a mí. Es lindo, hay buen compañerismo, y tengo la ilusión de ver si puedo quedar permanente en la intendencia. La esperanza, en realidad, la tenemos todos".
Luis, 36 años.
Horizonte
"Yo tengo el diploma de gastronomía y trabajo en la construcción por mi cuenta. Me apunté como una opción más, tuve la suerte de salir sorteado y acá estoy. Pero ahora estaba hablando con mis compañeros que a fin de mes voy a sacar el pasaporte. Pienso en mis hijas y no les veo futuro".
Alfredo, 30 años.
Adeom y el futuro
"Me voy a afiliar a Adeom porque inclusive está la posibilidad de que absorban gente. Eso está dentro de mis expectativas porque tengo 5 hijos que mantener. Cuando uno tiene 40 años es cuando tiene más experiencia y cuando menos trabajo hay. ¿Si no hay trabajo para los jóvenes qué podemos esperar para nosotros. Y si a los niños no les damos un buen presente, qué futuro van a tener?
Antonio Carrizo, 41 años.
La mitad de los anotados eran mujeres
DURAZNO | Victor Rodriguez
La mitad de los 800 duraznenses anotados para ocupar 72 puestos de trabajo zafral del plan de empleo de emergencia fueron mujeres.
La tribuna del estadio municipal fue desbordada por el público que llegó desde todos los barrios de la ciudad y que, durante tres horas, siguió con atención el sorteo que, escribano mediante, definió la suerte de los aspirantes.
Benjamín Irazabal, director de Obras de la intendencia de Durazno, dijo que en un plazo de 15 días se comenzaran los trabajos en tres zonas de la ciudad y adelantó que se piensa presentar un cuarto proyecto para la ciudad de Sarandí del Yi.
La cartelera con el registro total de inscriptos exhibida en el sorteo daba datos que marcaban el perfil de los anotados. Los mayores eran Ruben Pérez de 68 años y Alfredo Guñi de 64. Entre las mujeres, las madres con más hijos eran Cristina Arguello y Eugenia González con diez niños cada una.
Las mujeres duraznenses salieron decididas a enfrentar la crisis. Por lo menos ese es el caso de Julia Arévalo de 30 años y María Leticia de 18 que dicen que están dispuestas a trabajar "a pico y pala" para dar de comer a sus hijos.
Julia Arévalo vive en barrio El Puentecito y llegó presurosa sobre la hora de comienzo del sorteo acompañada de sus dos pequeños hijos, Candela Beatriz (3) y Ruben Darío de 5 meses. Dijo que el sorteo "al menos busca un beneficio para la gente y que no tenga que andar deambulando en la calle, pidiendo o incluso robando".
Julia no tuvo suerte, su nombre no figuró entre los sorteados y se retiró con el sabor amargo de postergar su sueño de empleo.