MARIANA RETHEN
Desde la perspectiva del rector de la Universidad ORT, Jorge Grunberg, la Universidad de la República funciona de manera "ineficiente" en materia económica, ya que solo beneficia a la clase media y alta que realiza sus estudios en forma gratuita y deja afuera a los más pobres.
El rector de la ORT aseguró que debería implementarse, para los estudiantes de la Universidad estatal, un nuevo sistema de aportes similar al de Disse donde se repartan los fondos de acuerdo a las posibilidades de cada estudiante.
Advirtió además que la consolidación de las universidades privadas ha influido en la propia Universidad de la República, aunque aún existen "núcleos" dentro de ésta que quieren mantener el "monopolio de la educación universitaria".
—Luego de casi 20 años de instituciones privadas brindando cursos universitarios y tras el reconocimiento académico en los últimos años de cuatro universidades privadas, ¿considera usted que ha habido alguna influencia en el funcionamiento de la Universidad de la República?
—Ha habido un proceso de cambio en la Universidad de la República. Por ejemplo, la Facultad de Ingeniería pública, de la cual yo soy graduado, ha reducido el largo de las carreras dejando las ingenierías en cinco años, cosa que en mi época de estudiante era impensable. A los ingenieros que tuvieran menos de 6 o 7 años de carrera se los hubiera considerado unos ignorantes. Hoy en día vemos que la creación de las universidades privadas no sólo benefició a los que optaron por ellas, sino que produjo un efecto de modernización en el resto del sistema, a través de la diversidad intelectual: nuevas ideas, nuevos laboratorios de experimentación, nuevas posibilidades de cambio.
— ¿Cuál es el beneficio de reducir la duración de una carrera universitaria?
—Nosotros sostenemos que las personas se tienen que recibir a los 24 años porque esa es la edad en que se pueden tomar nuevos riesgos, pueden formarse empresas o pueden irse al exterior a hacer un posgrado. Si uno se recibe a los 30 años, como en general ocurría otrora -y a veces hoy en día en la Universidad de la República (UR)- ya no es momento para tomar riesgos, es una edad que uno tiene hijos, tiene una hipoteca con la casa, tiene compromisos propios de esa etapa de la vida. En defnitiva, a los 30, 32 años, es muy difícil que uno diga: "Voy a abandonar todo y me voy a arriesgar". Estos son los conceptos que hemos tratado de introducir.
—¿Cómo es el relacionamiento de las universidades provadas con la enseñanza universitaria publica? ¿Hay posibilidades de realizar investigaciones y emprendimientos en conjunto?
—Bueno, el sistema universitario público es muy multifacético. Hay facultades con las que hemos hecho muchos trabajos en conjunto, hemos invitado profesores del exterior, por ejemplo.
Pero hay algunos núcleos dentro de la UR que posiblemente todavía mantienen preocupaciones de base ideológica con respecto a la existencia de instituciones privadas. Aunque son una minoría. En general, el relacionamiento con la parte académica de la UR es productivo.
—¿Existía antes un monopolio de la educación universitaria?
—Sí. Existía y fue nefasto para Uruguay: esa es mi opinión. Yo creo que la rigidez frente a los cambios de nuestro país, la demora en adoptar reformas importantes de su economía, de su sociedad, del sistema político, de lo que fuera, es, en parte, el producto del resecamiento intelectual de 80 o 90 años de monopolio en la producción de conocimiento.
Uruguay era el único país de América que tenía una única universidad. Y Hoy en día tadavía hay áreas que siguen monopolizadas de hecho, como la formación médica. Los resultados se están viendo. Parte de la gravísima crisis en el sistema de salud uruguayo podría explicarse por el monopolio en la formación de médicos generales, especialistas y de gestores del sistema de prestación salud.
—¿Actualmente, ese monopolio cobró forma de interés de control e inspección de parte de la Universidad de la República hacia las instituciones privadas?
—Nosotros estamos a favor, absolutamente a favor, de la existencia de sistemas de acreditación y de mejora de la calidad. ORT fue la única universidad que ha hecho voluntariamente un proceso de autoevaluación con evaluadores externos. Eso demuestra que nosotros tenemos una preocupación genuina por la calidad. Igualmente, decimos que hay sistemas que no funcionan ni se aplican a las universidades. En ninguna parte del mundo se inspeccionan universidades, la inspección es un sistema para los liceos. Sucede que la larga tradición monopólica hizo que nadie conociera cómo funcionaba un sistema universitario, mucha gente miró cómo funcionaban los liceos y se le ocurrió poner inspectores universitarios, pero no es así.
Hay que mirar afuera, hay que leer los libros, los informes de la Unesco, de la asociación de universidades de América Latina. Es un tema sobre el cual se ha escrito muchísimo, hay un par de modelos internacionalmente aceptados de evaluación universitarias. Ambos sostienen que lo importante es que la evaluación de calidad sea universal. Nunca puede entenderse que desde una universidad se diga cómo debe funcionar el todo sistema.
—La creación de las universidades privadas le ha dado una nueva forma al sistema universitario uruguayo. ¿Cómo percibe usted el sistema actualmente?
—Hay una reforma por delante, hoy en día es un sistema tremendamente ineficiente, sobre todo desde el punto de vista económico. La realidad es que Uruguay gasta mucho dinero por año en la Universidad pública. Con la devaluación no se puede hablar tanto en dólares, pero el presupuesto del año pasado era de 140 millones de dólares dedicados a la enseñanza universitaria pública; es una cantidad de dinero muy importante si se compara con lo gastado en salud pública o en primaria. Uno puede estar a favor o en contra del sistema, pero lo que se esconde detrás es que los pobres no pueden estudiar. El dinero se gasta con el objetivo declarado de que los pobres uruguayos puedan asistir a los estudios universitarios, pero, en los hechos, no se cumple.
Obviamente, el objetivo todos lo compartimos, por muchas razones. La primera porque es un imperativo moral, pero además, porque en un país de 3.000.000 de habitantes no vamos a pensar que todas las buenas ideas las va a tener el 20% más rico de la población. Hay mucha gente inteligente que no tiene recursos económicos y yo quiero que toda esa gente pueda estudiar.
Ahora, la realidad es que las personas de los dos últimos quintiles, especialmente en el interior del país, no pueden estudiar, y eso es un escándalo moral, un desperdicio de recursos y además, es muy malo para el país, pues todos esos potenciales profesionales no lo van a poder ser. El Uruguay del siglo XXI todos los grandes aportes van a ser a través de altos niveles de preparación. Quien no tenga un posgrado, crecientemente va a quedar relegado de las oportunidades, lo mismo que quien hoy no tiene secundaria terminada.
Por eso, tenemos que ampliar mucho más las oportunidades de acceso a la universidad. Para eso, tenemos que cambiar la manera en la que financiamos la universidad.
—¿Usted propone una matrícula paga en la enseñanza pública?
—Es un hecho que no podemos seguir gastando el dinero como lo estamos haciendo, pues lo que se logra es transfirirle la plata a la clase media alta. Hoy en día se ayuda a la clase media alta a estudiar gratis. Pagan los liceos privados y después reciben la universidad gratuita. Hay una muy abundante investigación internacional que muestra cómo debe hacerse para gastar el mismo dinero, pero a la vez beneficiar a más gente. De hecho, en Uruguay existe un sistema de distrubición así: Disse. La cobertura médica de los asalariados uruguayos no se hace a través de Salud Pública, se hace a través de un sistema por el cual cada empleado elige a qué mutualista quiere ir y se paga a través de un reparto. Lo mismo podría existir en el sistema educativo. Disse ha conseguido un nivel de igualdad en el tratamiento médico que de ninguna manera existe en el sistema universitario.
Un sistema universitario unificado
La unificación del sistema universitario uruguayo debería ser un objetivo inmediato, juzgó el rector de la Universidad ORT, Jorge Grunberg. "No se puede seguir con este sistema bipolar, una universidad pública por un lado y cuatro privadas por otro, hay que converger a un sistema único, no desde el punto de vista legal, una va a seguir siendo privada y otra pública, pero sí desde el punto de vista de la calidad", señaló.
Explicó que la unificación del sistema universitario permitiría una evaluación de calidad realizada de forma integrada, "para que el estudiante obtenga números del Ministerio de Educación que muestre las variantes de calidad como por ejemplo inserción laboral. Yo pienso que la ley uruguaya tendría que obligar a que todas las universidades hicieran medición de inserción laboral y que luego fueran publicadas, que se publicaran las investigaciones que hace la universidad, el plantel de profesores, todos los datos que necesita alguien que va a elegir universidad, cosas que hoy en día son un misterio".
"Permitiría hacer posgrados en conjunto, cooperativamente, hoy en día es muy difícil que una universidad uruguaya tenga recursos para traer del exterior siete u ocho profesores de primer nivel. ¿Cuál tiene recursos para traer un super computador? ¿o un equipamiento de biotecnología de última generación? Esas cosas sólo se logran trabajando en consorcio entre varias universidades. Compartir profesores, tecnología, bibliotecas, información, en un paisito como el nuestro es una necesidad, además sería lógico que un estudiante pudiera tomar una materia electiva en otra universidad, para no dar cinco veces la misma materia en lugares distintos. Si en general son todas de nivel medio, cuando se podría tener una o dos cátedra de excelencia. Esto es parte de lo que tenemos adelante", subrayó.