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23/03/03
La incomodidad de criticar a Bush
La declaración sostuvo que la "comunidad internacional" no fue capaz de "encontrar una solución pacífica"

SERGIO BERRUTTI

La precipitación del ataque de Estados Unidos y Gran Bretaña a Irak, colocó esta semana al gobierno uruguayo en una incómoda situación al tener que optar entre el principismo que el país ha tenido tradicionalmente en el terreno internacional, o el realismo de aceptar la existencia de un margen nulo de maniobra respecto a su postura sobre el gobierno de Estados Unidos.

Quizás para el presidente Jorge Batlle hubiera sido más cómodo ceder a la tentación de recibir elogios y aplausos de quienes a viva voz manifiestan en contra de la guerra, en el momento más crítico de su popularidad y eludir así los cuestionamientos que se unirán al largo rosario de críticas a su administración.

Sin embargo, el presidente optó por el camino más duro. Aprobó una declaración donde las omisiones dicen más que las palabras que allí se expresan. El pronunciamiento dado a conocer el jueves 20 por el vicecanciller Guillermo Valles no mencionó a Estados Unidos, y atribuyó a la "comunidad internacional" la falta de capacidad para, por intermedio del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, "encontrar una solución pacífica", situación que "lamenta".

Además de cuestionar al gobierno iraquí y a Hussein, Uruguay expresó su "consternación" por la muerte de personas como consecuencia de la guerra, y dijo que "aspira a que la resolución definitiva de este conflicto retorne a su ámbito natural de tratamiento, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas".

Este pronunciamiento oficial no puede ser leído fuera de la estrategia que se ha marcado en el terreno internacional, esto es, abrir la posibilidad de un acuerdo comercial con Estados Unidos, que a esta altura puede ser el gran logro que puede dejar para el futuro. Quizás pueda resultar repugnante para muchos tener en cuenta este elemento, cuando en Irak llueven los misiles y las vidas de miles de inocentes están en juego.

Sin embargo, "lamentablemente en política internacional, la moral no es el único elemento, a veces ni siquiera el principal. El derecho tampoco; son los intereses", reflexionó el martes 18 el ex canciller Héctor Gros Espiell al ser entrevistado en Setiembre FM.

Recordó que el ex primer ministro y canciller de Inglaterra en el siglo pasado, Lord Palmerston "decía que Gran Bretaña no tiene aliados, tiene intereses, lo que es una verdad entonces y ahora".

Ello quedó claro en alguna de las actitudes y declaraciones de marcada flexibilización, que han tenido varios de los países que incluso, antes del ataque, mantuvieron una fuerte oposición a la postura de Estados Unidos. Estos modificaron el lenguaje, trocando el término "condena" por "lamento".

Por ejemplo, los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea reunidos el jueves 20, eludieron condenar los bombarderos norteamericanos y británicos contra Irak y se centraron en buscar los puntos de encuentro para reunificar la maltrecha política exterior común europea de los últimos meses, según el diario El Mundo de Madrid.

El periódico reveló el viernes que el Departamento de Estado había hecho llegar al menos a Chile y México, un documento extraoficial donde establecía las pautas de lo que aspiraban que dijeran sus declaraciones. Más allá de la realidad o no de esto, el resultado concreto es que estos dos países bajaron notoriamente sus decibeles respecto a la postura crítica a Estados Unidos. También en Brasil, el presidente Lula Da Silva evitó condenar el ataque. "Me dirijo al pueblo brasileño para lamentar el inicio de la acción armada en Irak y, en particular, el recurso de la fuerza sin autorización expresa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas", dijo.

ANTECEDENTES. Cuando el domingo 20 de febrero de 2002, el presidente Batlle partió hacia Estados Unidos, contando con el respaldo y las expresiones de buenos deseos de todos los sectores políticos y económicos, se pudo percibir que aquel no era un viaje más. En aquella ocasión, hubo una consciencia generalizada de que a partir de esa visita del presidente a Washington, se podría comenzar a descubrir —al menos a mediano plazo— uno de los caminos más importantes, sino el principal, de salida para el país.

Esa perspectiva se fortaleció el 6 de mayo cuando en un hecho poco frecuente, nada menos que el secretario de Estado estadounidense Colin Powell, dijo al exponer en la reunión del Consejo de las Américas en Washington, que Uruguay es un ejemplo de "buen gobierno y reforma económica" que lo han transformado en "un isla de estabilidad en un mar de incertidumbre económica y política".

Aún más, en medio de la instancia más difícil de la crisis del sistema financiero del año pasado, se conoció que la intervención del propio presidente norteamericano George Bush, fue determinante para que Uruguay lograra el aval del FMI.

Fuentes del gobierno admitieron a El País que la polémica declaración de la Cancillería que además contradijo la línea que el ministro Didier Opertti venía teniendo de permanente valoración y respeto de las acciones de los organismos de las Naciones Unidas, está en sintonía con el acercamiento que en la presente administración se ha procurado acentuar hacia Estados Unidos.

En el Parlamento, en tanto, el martes 18, la Cámara de Diputados votó una moción de rechazo genérico a la guerra, hubo una sensación de ambigüedad en el recinto, ya que varios legisladores colorados y blancos no estaban dispuestos a condenar a Estados Unidos en caso de un ataque. El diputado Ronald Pais del Foro Batllista, lo manifestó abiertamente, mientras los también foristas Ruben Díaz y Nahum Bergstein ni siquiera votaron.

En el momento de la votación solamente Gustavo Borsari, en su carácter de coordinador estaba presente en la bancada blanca. El resto, aduciendo el incumplimiento de un acuerdo para que no hubiera discursos, se retiraron de sala, dejando la duda de si realmente estaban de acuerdo con la declaración que implícitamente cuestionaba a Estados Unidos en caso de un ataque.

El viernes 21, el Frente Amplio decidió impulsar una interpelación al ministro de Relaciones Exteriores por la declaración de la Cancillería.

Los nacionalistas en tanto, han reaccionado con cautela y con diferentes niveles de observación al gobierno, esperando lograr mañana en el Directorio una posición en común.

Varios de los expertos consultados respecto a si con esta declaración, comenzaba una nueva era de la política exterior uruguaya coincidieron en señalar que desde el retorno a la democracia en 1985, Uruguay había podido mantener una política de Estado en materia internacional con posturas monolíticas más allá de los partidos. Pero aquellas eran otras circunstancias menos dramáticas, donde el país podía darse el lujo de hacer primar los principios sobre la exigencia de la realidad.

En esta ocasión el gobierno uruguayo aunque no lo respaldó explícitamente, quedó en la incómoda situación de no cuestionar a quien concretó la guerra, para prevenir quizá, una profundización de su propia crisis en el futuro. La historia dirá si valió la pena apartarse del principismo.

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